Murió Estévez Boero, líder socialista popular
Fernando de la Rúa, Carlos «Chacho» Alvarez, Raúl Alfonsín, el titular del PSP, Rubén Giustiniani, y el diputado socialista democrático, Alfredo Bravo, destacaron la personalidad del combativo dirigente que comenzó su carrera en el movimiento universitario donde jugó un relevante papel en la organización del movimiento afín a las ideas de la Reforma Universitaria.
Tras los discursos, el féretro fue llevado a Rosario, donde nació y militó esta figura cuya muerte conmovió a socialistas de diversas partes del mundo. El electo presidente de Chile, Ricardo Lagos Escobar, envió sus pésames.
Esta vez Boero, de 69 años, llevó las ideas de la Reforma Universitaria a su máxima concreción: la creación de un partido político basado en sus grandes preceptos sociales, como la alianza obrero-estudiantil, una de las consignas fundamentales del movimiento que estalló en Córdoba en julio de 1918.
Fue titular de la Federación Universitaria Argentina (FUA), donde conoció sus limitaciones para convertirla en un instrumento de cambio y decidió ir hilvanando la formación de lo que más tarde sería el Partido Socialista Popular.
Ya se sabe: desde 1918, cada intento parecido, o era descalificado desde la izquierda ortodoxa como «sueño pequeño burgués». A Guillermo no le escasearon esas descalificaciones y como un orfebre fue nucleando amigos de la Universidad para convertirlos en militantes de una formación política que recogía los ideales del socialismo, sin haber pasado por la casa matriz fundada por Juan Bautista Justo en 1890.
Es cierto: construyó con mano firme más con el movimiento estudiantil que en el ámbito sindical y social. Pero también es verdad que sacó del gueto al socialismo haciendo punta en las alianzas políticas con agrupaciones con otros objetivos estratégicos. Así el PSP después de vencer algunas trabas propias de los tiempos del menemismo, se convirtió en un puntal para la integración del Frepaso primero y luego de la Alianza.
Entendió que luego de la caída del muro de Berlín, que obviamente saludó, se presentaba el peligro de la hegemonía norteamericana. «Nos va a faltar el contrapeso de la URSS», le dijo a este periodista en una ocasión. El no era pro soviético, pero intuyó que el desequilibrio mundial abría un mundo nuevo al que las fuerzas progresistas debían dar respuesta.
Sus preocupaciones por la política internacional fueron relevantes. Vio su peso en el mundo contemporáneo y consiguió adherir al PSP a la Internacional Socialista, antes que sus amigos locales de esa tendencia pero de otro origen y facilitó el ingreso de la UCR a ese espacio.
Pensó hasta el final en la necesidad de una gran fuerza socialista aggiornada y bregó por la unidad siempre postergada entre quienes adherían al marxismo como un modo de interpretar la sociedad e intentar reformarla.
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