El presidente Fox tuvo que retirarse del Congreso sin poder leer su informe
Quince minutos antes de que el presidente Vicente Fox llegara este viernes en medio de un impresionante dispositivo militar a la sede del Palacio Legislativo para rendir su sexto y último informe al Congreso de la Unión, unos doscientos diputados y senadores del Partido de la Revolución Democrática y de la coalición por el Bien de Todos que integra con el Partido del Trabajo y el Partido Convergencia, abandonaron sus curules y portando todos ellos la bandera tricolor de México en la mano derecha y la Constitución en la otra y al grito de «sufragio efectivo, no imposición», procedieron a ocupar la tribuna de la Cámara de Diputados, preparada para que desde la denominada «la más alta tribuna de la nación», el primer mandatario del país azteca diera lectura durante unas tres horas al documento sobre el estado del país. Algunos de ellos portaban también carteles con la foto de Fox con la ominosa leyenda de «Traidor a la Democracia».
Inútiles resultaron las tres exhortaciones del presidente de la Cámara de Diputados para que hicieran abandono de la Tribuna y regresaran a sus asientos.
Fox llegó a la sede del Palacio de San Lázaro en una caravana de vehículos, en medio de un inusual dispositivo desplegado en forma al edificio sede del Congreso. No se permitió a nadie que no tuviera una autorización especial acercarse a los vehículos de la comitiva.
Fox subió la escalinata de acceso al Palacio e ingresó al vestíbulo, donde fue informado oficialmente de la situación imperante en el interior del recinto. Era la hora 19.11 minutos. Nueve minutos después, mediante un micrófono, Fox anuncia, siempre desde la antesala del Congreso, que «en vista de la actitud de un grupo de legisladores que hace imposible la lectura del informe, y en cumplimiento del artículo 79 Constitucional, entrega por escrito el informe y procede a retirarse de este recinto».
Mientras tanto, en el interior del Congreso, continuaba la ocupación de la tribuna por parte de los legisladores de la Coalición Por el Bien de Todos, que no habían cesado en su reiterado grito de «Sufragio efectivo; no imposición». Acto seguido, Jorge Zermeño, el panista presidente de la mesa directiva de la nueva Cámara de Diputados, informa de que Fox había dado cumplimiento a la disposición constitucional de entregar por escrito el informe. Anuncia que da por levantada la sesión, no sin antes exhortar a todos los presentes a entonar el himno nacional.
De modo que la jornada, que la mayoría de los medios había manifestado sería violenta, terminó de la manera más insólita, cantando todos a viva voz el Himno Patrio.
La de ayer era la sesión inaugural del nuevo Congreso elegido el 2 de julio conjuntamente con la contravertida elección presidencial.
Y todo esto, que ocurre por primera vez en la historia de México, de que un presidente de la República no pueda dar lectura en el Congreso a su informe anual, ocurrió ante la estupefacta mirada de casi 3 mil decepcionados invitados especiales, incluyendo a todo el cuerpo diplomático.
En el Zócalo, donde continúa el campamento de protesta que ya lleva 34 días, la multitud que se había concentrado allí para marchar hacia el Palacio de San Lázaro, festejó ruidosamente el hecho de que Vicente Fox no hubiera podido rendir su informe.
Dos horas antes Andrés Manuel López Obrador se había dirigido a sus simpatizantes pidiéndoles que permanecieran en el Zócalo y no marcharan al recinto legislativo de San Lázaro. Argumentó que se debe cuidar el movimiento y no exponerse a una provocación de los efectivos de la Policía Federal y de la Guardia Presidencial, que integran el cerco policíaco en torno al congreso. «¿Creen que vamos a seguirles el juego?». López Obrador expresó a continuación que ese cerco era la medida de un régimen autoritario y una provocación al movimiento poselectoral. Concluyó diciendo «que se queden con sus tanquetas…». *
Te recomendamos
¿inocentes?
Argentina: Adorni, Angeletti, Sturzenegger y Espert se acogen al régimen de “inocencia fiscal”
Lejos de dar explicaciones sobre los orígenes opacos de sus dineros, los funcionarios del gobierno de Milei se acogieron a una ley —diseñada y aprobada por el mismo gobierno— para quedar totalmente impunes.
Compartí tu opinión con toda la comunidad