Los placeres carnales en la mítica mansión Playboy de Beverly Hills

La rutina hedonista y tres mujeres mantienen al playboy Hugh Hefner

En el palacete gótico del todopoderoso editor de Playboy hay cámaras en cada rincón que siguen los pasos de las tres mujeres que acompañan la vida de fiestas, juegos, viajes y «sexo» de Hugh Hefner, quien afirma sentirse muy cómodo como protagonista de un popular «reality show» que entra en su segunda temporada en setiembre por el canal E Entertainment!.

Sus huéspedes no pueden estar mejor y juran que no sienten celos: «Todos empezamos este proyecto (el reality) sabiendo de qué se trataba y Hugh ha estado encantador, es de verdad una relación de familia real. Aunque no planeo estar así siempre (…) con el show siguiéndonos de esta forma», contó Holly Madison, de 26 años, poco después de que Hefner la presentara como «su mejor chica».

Holly dejó hace unos años su casita en un pueblo remoto de la ya remota Alaska y empezó a inscribirse en concursos como el Hawaiian Tropic, donde empezó su camino hacia el universo Playboy, donde se convirtió en una conejita con todas las de la ley. Hoy comparte la vida junto al octogenario de oro junto a Bridget Marquardt, 32 años, y la rebelde, Kendra Wilkinson, de 21.

Las pupilas de las tres brillan de admiración por Hefner, «el inteligente», y el nivel de vida que llevan: pasan de la piscina a un jacuzzi soñado entre grutas artificiales, alimentan a los monos exóticos de su zoológico, compiten lanzándose en un jardín de desniveles, viajan con Hefner en el avión privado a cualquier lugar y se agotan en días de compras.

«Es increíble», «realmente ni en el mejor de mis sueños imaginé algo así», repiten con una voz aguda, sensual, infantil, seguidas de unas risas de niñas en las que es obvio que no gesticulan mucho por miedo a las arrugas.

Cual amas de casa y muy atentas pasearon a un pequeño grupo de periodistas franceses, invitados por el propio Hefner, que por primera vez se escuchará hablando francés en pocos días cuando lancen este programa en ese país.

«Es muy excitante para nosotras, porque hace poco visitamos con Hugh París, y de verdad que fue, uao, uf, demasiado», cuenta Bridget, sin dejar de enumerar todos sus sitios preferidos: «La torre Eiffel, las catacumbas, pero creía que tenía calles más estrechas y había muchos más cafés», dice frunciendo el ceño como una niña sin su golosina.

Ellas se lucían con su ropa de casa. Bridget de shorts de jean muy cortos, botas vaqueras hasta la rodilla y una camisa rosa también estilo lejano oeste que le quedaba muy bien con dos trenzas rubias de muñeca.

Kendra, más deportiva, con jeans anchos pero ajustados a las cintura diminuta y una camiseta de playa para que no queden dudas de sus atributos en el pecho.

Holly, al ser la preferida de Hugh, la que en realidad duerme todos las noches con él, es algo más «recatada», pero sin salirse de los cánones estéticos de las conejitas popularizadas por Hefner desde que lanzó su primer número de «Playboy» en 1953, con Marilyn Monroe desnuda, buscando atacar lo que percibía como un hipócrita puritanismo de la posguerra.

Estas tres conejitas sostienen sin complejos ni grandes cuestionamientos existenciales que están muy bien allí, con una rutina de «Mujer Bonita» y Kendra, por ejemplo, la más joven, no entiende que le pregunten qué siente al estar en pareja con un señor de la edad de su abuelo.

Ella responde con mirada de desprecio adolescente, y lanza: «¿Pero a quién le importa eso?, ¡son otros tiempos!».

A Hefner, un editor agudo y un empresario voraz, vestido como siempre con su saco de gamuza vino tinto y camisa de puños de raso de seda negro, se le ve muy a gusto, aunque cuando las mire parezca más un abuelito enternecido con las gracias de las rubias que un hombre arrebatado de deseo.

«Yo estaba con ellas tres todo el tiempo y tenía citas con una el martes y con otra el jueves, así que esto (de vivir todos juntos) resolvió muy bien las cosas», contó el patriarca del imperio comercial y una de las marcas más conocidas en el mundo en los últimos 53 años.

«Hace como dos años y medio tenía siete novias (a quienes llamaba por el nombre de algún día de la semana).

Empezaron a tener problemas entre ellas así que decidí reducir el tamaño y terminé con tres damas muy especiales», contó Hefner, confesando que nunca pensó que el arreglo lo haría sentirse «mejor que nunca» y menos que lo convertiría en la estrella de un «reality». *

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