Argentina y Brasil no van al Líbano
En la primera de cambio, los dos grandes regresan a las andadas. En la Cumbre de Córdoba Lula se comprometió a fijar políticas que vayan a limar las asimetrías entre los países más desarrollados de los menores y a estrechar los contactos diplomático. Más aún: se busca construir una institucionalidad más fuerte del Mercosur y hay un criterio compartido entre el presidente de la Comisión de Representantes, Carlos «Chacho» Ãlvarez y el canciller Celso Amorín, de convertir a Montevideo, que es la capital del bloque, en la sede de organismos que desarrollen políticas regionales. «Una especie de mini Bruselas del Mercosur», cree Amorín. Es el papel que cumple la ciudad belga como capital de la Unión Europea.
Era entonces una oportunidad para avanzar en construir esa institucionalidad aunque es real que por ahora el bloque no tiene establecido que aplicarán todos la misma política exterior.
Si así fuera la convivencia con Hugo Chávez, que impone un sesgo particular y diferente a su manera de mirar el mundo, sería difícil de compatibilizar. Pero los socios son Estados, no gobiernos. Política y gentileza no son incompatibles.
Alguna vez el Mercosur, o la Comunidad Sudamericana de Naciones, tendrá una institucionalidad semejante a la Comunidad Económica Europea y acaso entonces podría hablarse de un canciller para la región. Hoy no es así, las políticas externas son autónomas y por eso, las diatribas contra Chávez que van desde la derecha hasta al sector del llamado «progresismo prolijo», lo único que hacen es compañía a las arremetidas de Washington contra Caracas.
En el primer bloque se destaca la persistencia en su discurso anti Chávez de Ricardo López Murphy con su socio Mauricio Macri y en el otro, en la voz de Elisa Carrió que desprecia al coronel. Los tres usan al coronel para golpear a Néstor Kirchner.
. Como lo hace el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, uno de los nombres que se menean como candidato en las elecciones del año próximo apoyados por una coalición entre radicales depurados de kirchneristas dentro de sus filas y los restos que le quedan a Eduardo Duhalde en la provincia de Buenos Aires. Curioso: Duhalde tiene empatía con Caracas; Alfonsín es crítico, pero con sordina.
La semana pasada se concretó finalmente ese Centro Regional de Inteligencia (CRI) que conformarán los países de la Triple Frontera, la zona que para Washington es de apoyo logístico al fundamentalismo islámico. Tanto en el Palacio San Martín como en Itamaraty han hecho esfuerzos para explicar que el CRI no modifica mucho la actual situación de intercambio de inteligencia entre Brasil, Argentina y Paraguay y que no habrá ni policía especial ni intervendrá un delegado norteamericano en el futuro. «Nunca no han podido dar datos concretos de preparación de terroristas», dijo una voz vinculada a Itamaraty a este periodista. Solo concuerda de que hay dinero para palestinos y libaneses que viene especialmente de Ciudad del Este, pero que no son distinto al que envían, por caso, residentes mexicanos en EEUU a sus familias: «son gestos humanitarios, no de financiamiento a grupos militarizados», enfatizan.
Lo que domina esa zona estratégica para el futuro son las reservas de agua dulce y es visible el contrabando, narcotráfico y lavado de dinero, que no es una faena solo de creyentes de Mahoma. Con todo, la CRI es una concesión a Washington.
La misma fuente ligada a la cancillería del Brasil asegura que Tabaré Vázquez dio tranquilidad a Lula sobre las negociaciones uruguayas con los EEUU por mejorar sus posiciones comerciales. Seguridad quiere decir que no habrá TLC, que obligaría a Montevideo modificar sus estatus de miembro a socio en el Mercosur, pero en Brasilia están seguros que no se llegará a eso. En el Palacio San Martín son más cautelosos a tal punto que uno de los hombres clave en el manejo de la integración, Eduardo Sigal, cruzó con dureza esas negociaciones que, se sabe, tiene en vilo al propio Frente Amplio.
Ãlvarez cree que habría que eliminar la cláusula que impide a los socios firmar acuerdos especiales con otros países. Por caso, Lula aceptó en la reciente Cumbre de San Petersburgo que México avance en sus trámites como socio del Mercosur, lo que para los analistas significó un cambio de enfoque respecto a ese país y hasta un revés para las posturas del vicecanciller Samuel Guimaraes, el gran teórico del Anti ALCA. Pero en Itamaraty juran que México nunca podrá ser país miembro del Mercosur, dado sus compromisos en el Nafta.
Regresemos al Medio Oriente. La Argentina, que integra el Consejo de Seguridad, jugó muy cerca de Francia en las negociaciones para poder emitir el pedido del cese de fuego y el envío de Cascos Azules. Dicen que en París, la negativa argentino-brasileña a integrar esa fuerza armada resultó ser una sorpresa. «Fue un triunfo europeo», explican para salir al paso de que el pedido de mandar efectivos tiene la mano de los EEUU.
El gobierno maneja encuestas con una abrumadora mayoría contraria a que argentinos vayan al Líbano, un argumento que debe haber pesado mucho sobre Kirchner quien además explica que efectivos nacionales participan tanto en Haití, como en Chipre, Sudán o Timor.
Es un argumento discutible, ya que Argentina comercia por más de 80 mil millones de dólares aunque es cierto que en los grandes centros financieros o entre poderosos inversores, se mantiene cierta desconfianza por haber declarado en 2001 la cesación de pagos, ahora básicamente superada con la renegociación de la deuda en default.
Kirchner tiene algunos frente de tormenta con el exterior, pero no son dramáticos. Se han enfriado las relaciones con Uruguay, la más enredada, Chile, Perú y Colombia, por motivos diversos, y Washington mira de reojo al patagónico por sus vínculos tan estrechos con Chávez. Pero es una posición ideologizada.
Además no es solamente la Argentina la que tiene algunos roces externos. Los ha tenido Brasil hasta hace poco con Venezuela y Bolivia pero van encaminándose. A Chávez lo visitó un emisario de Lula quien trajo buenas nuevas para avanzar en el proceso de integración. Y con La Paz está más cerca que lejos el nuevo acuerdo para el gas. *
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