Para despedirse, Koizumi va a Yasukuni, desafiando a los chinos y coreanos
A seis semanas de dejar el poder, el primer ministro japonés Junichiro Kaoizumi provocó una vez más la ira de los chinos y coreanos al visitar el controvertido santuario Yasukuni en Tokio, el día del aniversario de la rendición del Japón imperial en 1945.
Koizumi, liberal populista que deja el poder el mes próximo, fue al santuario Yasukuni poco antes de las 07H45 locales (22H45 GMT del lunes), donde había una multitud que lo saludó agitando banderas japonesas. El primer ministro nipón oró unos diez minutos al interior del santuario shintoista en honor de los 2,5 millones de japoneses muertos en combate desde la guerra civil de 1853, entre los cuales 14 criminales de guerra condenados por los aliados después de la derrota en 1945.
Al despertar los fantasmas del pasado, Koizumi se arriesgó a agravar la profunda crisis diplomática que desde hace meses enturbia las relaciones entre el Japón y sus vecinos.
China y Corea inmediatamente convocaron a los respectivos embajadores de Japón y condenaron vivamente el peregrinaje del Primer Ministro.
En Pekín, donde unos treinta manifestantes se congregaron brevemente ante la embajada de Japón, las autoridades criticaron esta visita que «desafía la justicia internacional y pisotea la conciencia de la humanidad», mientras Seúl denunciaba un gesto «nacionalista». *
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