La líder de la ARI siente que hoy es "una molestia para la sociedad"

Carrió: "El de Kirchner es un régimen de fascismo mediático"

Carrió es candidata por su partido, a pesar que resignó a todos los cargos directivos y aseguró ayer ante un nutrido grupo de corresponsales extranjeros que bajo ningún punto de vista abandonará su postulación en aras de una concentración de voluntades opositoras, como se la presiona de distintos sitios del no oficialismo.

La líder del ARI insiste en que el gobierno de Kirchner es «fascista» aunque concede que la Suprema Corte de Justicia, a través de distintos fallos y acordadas, ha enviado fuertes señales de que es la barrera constitucional de respeto a la ley y de detener cualquier signo autoritario.

El mensaje que Carrió quiere hacer entender es que actualmente se construye un sistema de concentración de poder, con la cooptación de dirigentes de fuerzas de fuera del peronismo y que el ARI ha sido víctima de esa seducción para «apartarla de la política».

Lo que califica de «vaciamiento republicano» viene siendo un proceso que comenzó con la reforma constitucional de 1994, acordada entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín para facilitar la reelección del primero, pero que amplió la concentración de poderes para el Presidente. «Asistimos a la última fase de ese vaciamiento», afirma.

Aclara que a la calificación de «gobierno fascista» ella prefiere hablar de «fascismo mediático», por como se está ocultando la información sensible sobre actos de corrupción en los distintos medios, la «supresión» de asociaciones intermedias mediante la cooptación de sus dirigentes.

Al respecto el ejemplo lo ve con las organizaciones de Derechos Humanos que se alinean con Kirchner.

Pero dado el pasado de sus líderes prefiere no abundar en este delicado tema.

¿Inevitable camino para el futuro? No quiere ser terminante, porque podría ocurrir una conmoción por «excesiva concentración del poder», aunque con más certeza para después del 2007, sea porque continua el «rebote» de crecimiento de la economía «aunque no existe un programa estratégico de país» y porque «la sociedad, ahora, no quiere escuchar». En este sentido siente que hoy «mi mensaje molesta», así como durante la crisis de 2001, un gran sector de la ciudadanía lo oía con unción.

Cree que con coherencia, la sociedad la sabrá valorar a ella y al ARI.

Por eso, por tener metas de «largo aliento», no se alarmará si la votación que reciba el año próximo sea magra.

Se declara «intransigente» respecto a «la corporación política» que se trata de nuclear tras la candidatura del ex ministro de Economía, Roberto Lavagna (sostenida por el partido radical oficial y una veta del justicialismo minoritario) y, claro, menos se ve respaldado las pretensiones de Mauricio Macri, la expresión del centro derecha. A pesar que en ese espacio, el Pro, tiene buenas charlas con Ricardo López Murphy, acaso el ejemplo a mano para lo que la diputada llama «acuerdo de conductas».

Ella no se encasilla en los viejos paradigmas «liberales versus izquierda», que han fracasado y se proclama una adversaria de Hugo Chávez ya que «distorsiona» al Mercosur, por la decadencia del liderazgo de Lula. Aclara que atacar al venezolano «no significa compartir la política de (George) Bush respecto de Venezuela» sino su populismo, y no apego a las normas republicanas. *

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