EEUU contra Cuba: la agresión permanente
Si Jorge Luis Borges estuviera escribiendo ahora su Historia Universal de la Infamia debería agregarle un capítulo entero sobre las agresiones permanentes de Estados Unidos contra Cuba. Estas han llegado al grado del paroxismo desde que el 31 de julio Fidel Castro anunció la delegación temporaria de sus poderes. De Bush para abajo, el gobierno norteamericano y la mafia de Miami anunciaron toda suerte de medidas intervencionistas para derrocar al gobierno instalado a noventa millas de la Florida y liquidar a la revolución cubana, ese hueso que tienen atravesado en la garganta.
De inmediato salieron a escena miembros de la mafia anticubana que integran el propio gobierno de Estados Unidos. Apareció en pantalla el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, y el senador Mel Martínez, presencia constante en los programas en español.
Medidas secretas
El primero dijo que «llegó el momento de una verdadera transición, hacia una verdadera democracia en Cuba». El vocero de la Casa Blanca Tony Snow afirmó que el gobierno está «listo y ansioso para otorgar asistencia humanitaria, económica y de otra naturaleza al pueblo de Cuba», lo cual fue refrendado por el presidente Bush. Con anterioridad, la «Comisión para una Cuba libre», presidida por la secretaria de Estado Condoleezza Rice, había destacado en un informe «la urgencia de trabajar hoy para garantizar que la estrategia de sucesión del régimen de Castro no tenga éxito». El presidente Bush dobló la apuesta al señalar que ese documento «demuestra que estamos trabajando activamente por un cambio en Cuba, no simplemente esperando a que ocurra». El Departamento de Estado declaró que el plan incluye medidas que permanecerán secretas «por razones de seguridad nacional» y para asegurar «su efectiva realización».
Un manifiesto que a esta altura está firmado por cinco mil intelectuales de todo el mundo, encabezado por José Saramago e incluyendo varios Premios Nobel, comenta que «no es difícil imaginar el carácter de tales medidas y de la ‘asistencia’ anunciada si se tiene en cuenta la militarización de la política exterior de la actual administración estadounidense y su actuación en Irak». En consecuencia llama al gobierno de EEUU a respetar la soberanía de Cuba y convoca a «impedir a toda costa una nueva agresión».
Pero ahí no terminó el aquelarre. Desde órganos de gobierno de EEUU se propuso duplicar las entregas de dinero a la «contra» interna cubana e instar a la formación de un gobierno cívico-militar en la isla. Desde Miami la Fundación Nacional Cubano Americana (FCNA) le pidió al ejército cubano que diera un golpe de estado y formara un gobierno de transición junto con los disidentes. El martes 8 el gobierno de EEUU reconoció que elabora planes en caso de que se produzca «un cambio de situación política en la isla». Hasta el Wall Street Journal entró en la liza y especuló con que si Raúl Castro cambiaba de política, EEUU podría llegar a revocar la ley Helms-Burton.
Intervencionismo en cadena
Pero lo que hizo el gobierno de EEUU recientemente fue reforzar el carácter draconiano de esta ley norteamericana que se pretende imponer al mundo y que viola por los cuatro costados las normas internacionales.
El conjunto de las medidas adoptadas por el gobierno de EEUU y su apéndice de Miami revela qué límites extremos puede alcanzar la canallería y la esquizofrenia del imperio contra la isla. Por otra parte, la ley Helms-Burton es sólo una en la cadena sistemática de agresiones que vienen perpetrando sucesivos gobiernos norteamericanos contra la revolución cubana del 1º de enero de 1959.
Días pasados, en el 45º aniversario de la presencia del Ché Guevara entre nosotros y su participación en la conferencia del CIES en Punta del Este, se recordó que ella se producía a cuatro meses de la invasión de Playa Girón, a la que dio luz verde el gobierno de Kennedy. Y ésta a su vez fue precedida y seguida por una serie de intervenciones y atentados, más cientos de intentos de asesinato de Fidel Castro y otros líderes, más la permanencia del bloqueo por cuarenta años largos. La lista no cabe en la página.
Mucha salud y mucho amor
Aunque quienes conocen Cuba por dentro lo daban por descontado, no deja de ser notable la calma, la serenidad y el sentido de responsabilidad con que el pueblo cubano afronta la instancia actual. Ante todo, redoblando los compromisos por el trabajo y los objetivos trazados en la gran Batalla de Ideas, que el brasileño Theotonio dos Santos define así: «Abrir el país hacia el más profundo debate intelectual que un pueblo haya jamás realizado, garantizar la educación universitaria para toda la población, convertir a Cuba en el más culto y consciente pueblo del mundo, a pesar de estar cercado y atacado por el más grande poder económico y militar del planeta».
La TV recoge opiniones de la gente en las calles de La Habana. Una mujer de edad, negra, dice con una sonrisa: «Para Fidel, mucha salud y mucho amor». *
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