La Corte Suprema se independiza

La Suprema Corte de Justicia recupera crecientemente el papel que le asigna la Constitución Nacional como garante del cumplimento de la ley y de los derechos y garantías de los ciudadanos.

Lo que debió ser así, siempre, hoy parece una novedad tras el largo reinado de un alto tribunal dominado por el menemismo y sin la confianza que debería tener el Poder Judicial entre los ciudadanos.

Distintas decisiones de la Corte si bien no son un desafío, en algunas cuestiones, para las autoridades, han servido para demostrar que se trata de un poder independiente del Ejecutivo, en un momento tan particular, cuando las mayores reservas que acumula el gobierno de Néstor Kirchner, es su escaso apego a defender la calidad institucional.

Este sambenito, justo o no, es el que domina el discurso de la oposición y donde marcan mas fuerte su diferencia con el gobierno nacional. En cierto modo, decisiones recientes del más alto tribunal parecen querer decir que son la barrera para cualquier exceso, como el uso abusivo de los decretos de necesidad y urgencia o los poderes que le fueron cedidos al jefe de Gabinete para modificar el destino de los gastos aprobados por el Parlamento y que, de hecho, dejan al Legislativo con sus facultades aminoradas. En algún momento, los Supremos, ante un caso concreto, decidirán sobre esta controversia así como sobre la constitucionalidad o no de recientes leyes.

Días atrás, la Corte ordenó que el Parlamento se abocara a legislar a favor de incrementos de las jubilaciones, que a partir de un tope de mil pesos mensuales han quedado virtualmente en el mismo sitio en que fueron colocadas hace 14 años. Como siempre, el fallo surge de un caso puntual, el reclamo de amparo para un jubilado, pero al sentar doctrina, abre el camino para miles de otros casos en igual situación.

Es cierto que la Corte pudo haber ido más lejos y asignarle al reclamante un monto. De universalizarse el reclamo, el Estado debería oblar casi todo el superávit fiscal de un año. Los jueces, por eso, han pedido una ley que no coloque en un callejón sin salida al Ejecutivo, pero le reclama al Parlamento, la acción que se requiere.

Un año y pico atrás, la Corte falló a favor de otro damnificado por la aplicación de una ley sobre accidentes de trabajo, francamente humillante y obligó al cambio de la legislación. Hace poco, ordenó que los gobiernos de la Capital, la provincia de Buenos Aires y el Estado Nacional, pusieran en marcha un programa de saneamiento del Riachuelo, la cloaca a cielo abierto que infecta la vida de millones de argentinos. Al menos en el discurso, el Ejecutivo anunció que tomará cartas en el asunto, sobre todo ahora que el discurso oficial como consecuencia del diferendo con Uruguay por las pasteras de Fray Bentos, puso la defensa del medio ambiente entre sus prioridades, pero habrá que esperar.

Kirchner colocó lo suyo para desplazar la Corte de estilo y contenido menemista, cuando se dirigió, fue la única ocasión, por la cadena de radio y TV, para respaldar el juicio político contra la mayoría de sus integrantes. Dictó, además, normas para la elección de los cargos vacantes, que da un gran poder a la opinión de las organizaciones sociales o al ciudadano común. Así fueron designados cuatro de los siete que están en actividad actualmente, todos ellos de gran prestigio académico.

Pero hay dos vacantes más que Kirchner por razones que no explicó no cubre, o sea, no propone nombres cuya designación pasa por la consulta explicada y finalmente debe aprobar el Senado Nacional. Esto es de gran importancia porque la Corte debe decidir todavía varios asuntos pendientes de contenido económico y no logra una mayoría de votos. Para que quede mas claro: una mayoría para nueve integrantes de la Corte no es lo mismo que para siete, pero el actual número de jueces (7) debe actuar como si fueran 9.

De hecho, el Presidente, en algunos casos controvertibles, tiene maniatado al más alto tribunal que de muchas maneras le hizo saber que mejor sería dictar una ley fijando en 7 el número de integrantes del más alto tribunal. O en todo caso, que se designen las dos vacantes que pueden ser tres si Carlos Fayt de cerca de 90 años, decide jubilarse.

En materia de derechos humanos, la Corte no ha tenido problemas en coincidir con la política antiimpunidad del gobierno nacional. Solamente tiene en este asunto que decidir sobre la inconstitucionalidad, ya dispuesta por numerosos tribunales inferiores, de indultos dictados por Carlos Menem que favoreció a jerarcas de la dictadura militar.

No hay total empatía, pero no diferencias abismales, entre el criterio de la actual Corte (o la mayoría de sus integrantes) en temas sociales o legislativos. Por caso los supremos quieren impulsar una reforma avanzada del Código Penal, que choca con los criterios de los abanderados de la mano dura y del centro-derecha.

Kirchner que puede respaldar ese criterio, prefiere no menear el tema hasta después de las presidenciales de 2007. Pareciera que no quiere lidiar con los referentes de «tolerancia 0″, como Juan Carlos Blumberg. Este ingeniero creció como líder de masas después del cruel asesinato de su hijo Alex, que había sido secuestrado. Ahora advierte al Gobierno con colmar Plaza de Mayo, frente a las oficinas del Presidente, a favor de normas duras para combatir la inseguridad, justo en la melodía del empresario Mauricio Macri la figura más popular del centro-derecha. Macri le ofreció a Blumberg ser su candidato para gobernar la provincia de Buenos Aires.

Ejecutivo y Corte difieren al menos en un tema económico. Todavía hoy no hay un fallo sobre la pesificación, ese camino tomado en 2002 para sacar al país del corsé de la convertibilidad. No se consigue una mayoría para adoptar una decisión. Hay miles de recursos de amparos, ahorristas en dólares damnificados, que aguardan una decisión.

Algunos analistas piensan que Kirchner prefiere mantener en la congeladora el tema y por eso ni nombra los cargos vacantes ni apoya una ley que reduzca a siete el número de supremos.

Y esto ata a la Suprema Corte, le lija en parte la independencia de la que hace gala.

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