Gobierno y Ejército libaneses no impidieron los ataques a Israel

«El gobierno libanés permitió a Hezbolá construir su cuartel general y sus búnkers subterráneos en los poblados vecindarios de Beirut. Permitió que Hezbolá importase 13.000 misiles para ser disparados contra las ciudades y pueblos de Israel. El Ejército libanés no ha sellado la frontera siria y, según las informaciones, ha permitido que Siria vuelva a abastecer a Hezbolá. El gobierno libanés ha permitido que Hezbolá construya fortalezas subterráneas en su frontera sur en posición de ataque. Ha permitido que Hezbolá lance misiles contra las ciudades del norte de Israel con el fin de sembrar el terror y matar civiles inocentes», sostiene el activista de los derechos civiles David Horowitz.

«No es ni lógico ni aceptable que el Hezbolá actúe ignorando totalmente la autoridad del Estado libanés», consideró Mohammad Barakat, editorialista del diario gubernamental egipcio Al Akhbar para el que el movimiento chiita es «un Estado dentro del Estado» libanés, que funciona en forma paralela al gobierno que preside el primer ministro Siniora.

Algunos de los países musulmanes más influyentes  Arabia Saudí, Egipto y Jordania, aunque lógicamente no Irán ni Siria  ya han condenado la actuación de Hezbolá en el inicio del conflicto.

Para el ex ministro de relaciones exteriores de Israel nacido en Marruecos, Shlomo Ben-Ami, un alto el fuego debe ir «acompañado del despliegue de una sólida fuerza internacional» al sur del Líbano.

«En el caso de Líbano la solución está ya inventada. Israel se retiró hace seis años del país hasta la frontera internacional, conforme a la resolución 425 del Consejo de Seguridad. Posteriormente se aprobó la resolución 1559, que exigía a Líbano que desmantelara a Hezbolá, desplegara su Ejército en el sur, y acabara con la absurda y peligrosa anomalía consistente en que una milicia al servicio de Irán y Siria controle la frontera con Israel, y prácticamente tenga en sus manos la llave de la estabilidad de todo Oriente Próximo», manifestó el ex canciller en el diario español El País.

El Líbano es una sociedad que «ha demostrado recientemente una capacidad admirable de movilización por la causa de la democracia y por su independencia de la tutela de Siria. Puede hacer lo mismo respecto a Hezbolá. Y si, incluso con la ayuda de la comunidad internacional, el Líbano llega a la conclusión de que el desmantelamiento de la estructura militar de Hezbolá -como exige de manera explícita la resolución 1559- está por encima de su capacidad, aun así contribuirían a la paz con el despliegue definitivo del Ejército libanés junto a la frontera israelí y el establecimiento de mecanismos que impidan que este Partido de Dios vuelva al sur, alegó el diplomático Ben-Ami.

«Un Estado soberano es el que se comporta como tal. Y el monopolio del Estado sobre el derecho a llevar armas es una barrera crucial contra la desarticulación de la soberanía. La debilidad del Gobierno libanés y la fragilidad de su equilibrio inter-étnico exige que el alto el fuego vaya acompañado del despliegue de una sólida fuerza internacional en el sur del país», precisó el ex ministro Ben-Ami, autor del libro Cicatrices de guerra, heridas de paz: la tragedia árabe-israelí.

Bernard Haykel, profesor en temas de Oriente Medio y Estudios Islámicos en la Universidad de Nueva York y autor del libro Revival and Reform in Islam, piensa que Hezbolá está consiguió importantes resultados políticos en su guerra contra Israel y afirma que se trata de «una victoria psicológica entre los musulmanes», y no tanto un triunfo militar.

Respecto a los avances políticos, «las milicias islámicas han conseguido un amplio respaldo dentro de la calle árabe, incluyendo sectores salafistas y suníes, como los Hermanos Musulmanes en Egipto o Palestina».

«La victoria simbólica de Hezbolá es muy negativa para los libaneses y hará que muchos moderados emigren hacia Occidente», sostiene el profesor Haykel.

«La comunidad internacional debería seguir presionando para que Hezbolá acate el mandato de la resolución 1559 dejando el control del sur y el este del país al Ejército libanés. Con el alto el fuego, y una vez que el asunto de las Granjas de Shebaa desaparezca, la presión interna para que  en cumplimiento de la resolución 1559  el movimiento se desarme irá sin duda en aumento. Nasralá puede además perder simpatías entre los chiies libaneses, lo que podría abrir una crisis en el liderazgo de la comunidad que modificara el equilibrio entre Hezbolá y el partido Amal», opina el experto en Medio Oriente Héctor Cebolla Boado, de la Universidad Autónoma de Madrid.

«El Líbano no se merece la guerra que Irán y Hezbolá le han impuesto; pero tampoco le convierte en inocente. Los fanáticos chiies de Hezbolá son libaneses. A lo largo de los últimos veinte años, Hezbolá se ha convertido en parte integral de la sociedad libanesa y del gobierno del Líbano. Todo al mismo tiempo que Hezbolá juraba eliminar a Israel de la faz de la tierra. Si la guerra ha llegado al Líbano, nadie puede simular que no la vio venir», afirmó el activista David Horowitz, uno de los referentes de la nueva izquierda estadounidense.

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