Simpatizantes de López Obrador mantienen apoyo a campamentos

Aunque las concentraciones convocadas por el izquierdista Andrés Manuel López Obrador van perdiendo fuerza en cuanto a asistencia, sigue firme el ánimo en los campamentos que desde hace nueve días bloquean en su apoyo el corazón turístico y financiero de la Ciudad de México.

«Ahorita se presenta el cansancio físico, pero el ánimo es bueno, está encendido», afirma Isaac Hernández, un estudiante universitario de 26 años acampado en la céntrica Avenida Juárez desde el 30 de julio pasado.

Ese día, López Obrador, que denunció un fraude electoral después de quedar segundo tras el oficialista Felipe Calderón, reunió a 1,2 millones de personas en una marcha por el centro de la capital para exigir un recuento de los 41,7 millones de votos emitidos en los comicios del 2 de julio.

Desde entonces, todos los días convoca a una asamblea informativa por la tarde en la plaza principal (Zócalo) de la urbe, excepto el pasado lunes, cuando la trasladó a la sede del Tribunal Electoral, la instancia que de momento sólo ha aceptado la revisión del 9% de las urnas. El lunes apenas acompañaron a López Obrador unas 3.000 personas y el día anterior, por primera vez desde el 2 de julio, no logró llenar el Zócalo, como lo hizo en las tres convocatorias anteriores. Sin embargo, en los campamentos no parece apagarse el entusiasmo. Ni siquiera la lluvia que cae un día sí y otro también ha disuadido a los varios miles de campamentistas.

«Todo movimiento requiere un desgaste físico. Muchos no estaban acostumbrados a quedarse en el suelo, a domir sobre unos cartones. Se sufre, es cierto (…), pero vale la pena luchar cuando es por algo justo», defiende Luis Ernesto Gutiérrez mientras se lava los dientes en un depósito de agua instalada junto a su campamento en el Zócalo.

Hasta ahora, la protesta sólo ha afectado de forma contundente a la Ciudad de México, cuyo saturado tráfico vehicular se ha visto más complicado aún por los campamentos, que ocupan 8 kilómetros del centro de México, provocando el enfado de los automovilistas. «Para mí está muy mal esto. Dicen: ‘nosotros ganamos’. Y entonces ¿quiénes perdieron? Yo creo que estamos perdiendo los ciudadanos», se queja un taxista que no quiere dar su nombre. *

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