La vida en el norte de Israel
Por espacio de ocho años, antes de llegar a Uruguay en el marco de nuestro trabajo como profesores de hebreo, vivimos en la zona norte de Israel, mas precisamente en la ciudad de Metula, la más al norte de Israel. Es una pequeña ciudad que se encuentra realmente sobre el límite entre Israel y el Líbano. Decidimos construir nuestra casa en el norte ya que es la zona más linda y tranquila de Israel. Uno no se siente comprimido ya que la densidad de población es baja, no hay contaminación ni tráfico pesado de autos. Durante el invierno las cumbres de las montañas están nevadas y se ve todo el verde alrededor, en el verano se puede nadar en los pequeños riachos que fluyen desde las montañas hasta desembocar directamente sobre el legendario Río Jordán.
Desde nuestra casa podíamos ver los montes de la Galilea, las alturas del Golan e incluso las montañas del Líbano. El paisaje del sur de este país, el Libano, es la continuación del paisaje del norte de Israel y sólo el estrecho cerco electrónico que atraviesa la montaña, el cuál está situado muy cerca nuestro, nos recuerda que estamos frente a dos países muy lejanos el uno del otro en estos momentos.
Del otro lado del cerco viven personas comunes, como nosotros, que quieren tranquilidad, trabajo, salud y amor. Pero entre ellos ha crecido una organización terrorista musulmana extremista, Hizbolla. Una organización que se propuso la exterminación del Estado de Israel y el surgimiento de un Estado Islámico religioso sobre toda el área del Medio Oriente. De vez en cuando, el Hizbolla se ha ocupado de interrumpir la tranquilidad de la región, ya sea por intermedio de lanzamiento de cohetes Katiusha, intentó de infiltración a aldeas israelíes y disparos a civiles israelíes que se encuentran cercanos a la frontera. Cada uno de estos intentos, siempre con una excusa distinta, solían obstaculizar e interferir la rutina diaria y a veces también solían cobrar víctimas fatales. El interrumpir la rutina sucede en forma sorpresiva y sin planificación ni preaviso: es vivir durante horas y días en un refugio chico y apretado con tus vecinos, entre ellos niños pequeños, enfermos, ancianos y otras personas con las que seguramente no hubiese elegido pasar el tiempo libre.
La interrupción de la rutina trae consigo la suspensión de la actividad económica y comercial así como la de distintos eventos. Consiste en correr, en el medio de la noche, hacia un refugio con un bebé de dos semanas entre tus brazos exactamente en el momento en que un cohete Katiusha cae a 50 metros de donde uno está, sobre la casa de los vecinos, y eso también significa viajar raudamente a recoger a ese mismo niño que se encuentra ya en la escuela porque se ha infiltrado un terrorista en la zona. Eso significa tensión, temores y angustias. A veces hasta te lleva dos semanas el no exaltarse ante el ruido de cada puerta que se cierra y no correr a un refugio por cada avión que sobrevuela la velocidad del sonido. Cuando el terror domina tu espacio es imposible planificar. Algunos días de tranquilidad te otorgan una dulce ilusión, pero no se puede saber cuando la rutina volverá a interrumpirse.
Seis años han pasado desde que el ejército de defensa de Israel se retiró de Líbano. (como se recordará el ejército de Israel ingresó en el Líbano en 1982 para alejar el terror de las aldeas del norte y vimos como Hizbolla contrariamente a la decisión de las Naciones Unidas se situaba sobre el límite en lugar del ejército libanés.) Seis años han pasado y hemos visto frente a nuestro ojos como Hizbolla se fortifica, y se solidifica, y sentimos como ellos son capaces cada tanto de arruinarnos nuestra rutina de vida por lo tanto nos pusimos felices de saber que el nuestro ejercito no haya contestado los ataques porque teníamos temor de sumir a nuestra región en una crisis más grande.
Ahora nosotros comprendemos que debemos frenar todo esto. Del otro lado, el Hizbolla, interpretó nuestra fuerza moral en la falta de reacción como una debilidad y a medida que pasa el tiempo se atreve más y lastima más. Ãramos como rehenes en las manos de Hizbolla.
Hoy estamos en contacto diario con nuestras familias y amigos que viven en el norte de Israel, y ellos están sufriendo mucho y tienen temores. Una gran parte ya abandonó sus casas y están errando entre familias amigas en el centro del país, otra gran parte perdió sus casas y otro grupo se quedó en el norte a pesar del miedo. Ellos se encuentran bajo los efectos de un ataque sin igual, como no se había visto en veintitantos años pero todos coinciden en que no hay alternativa, si no sucediera hoy sólo seria una cuestión de tiempo ya que el Hizbolla no reconoce nuestra existencia en Israel.
Desde el punto de vista del Hizbolla, esta es una guerra por Jerusalem y Tel Aviv y no una guerra por establecer por donde pasará la linea divisoria del límite. Desde nuestro punto de vista es una guerra por la paz y la seguridad en torno a la única tierra que tenemos. *
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