La guerra rústica, pero eficaz, del Hezbolá
Los combatientes del Hezbolá, un ejército rústico que se alimenta de latas de atún y esconde sus joyas para evitar que un reflejo del sol señale su ubicación a los pilotos israelíes, aprovechan su conocimiento del terreno para combatir con eficacia a sus adversarios, más numerosos y mejor armados.
Entre esos combatientes que se deslizan por las ruinas de Srifa, un pueblo del sur de Líbano bombardeado por el ejército israelí, dos profesores de historia han cambiado sus manuales escolares por kalachnikovs y talkies-walkies.
«Este es el combate para el que nos habíamos preparado desde hace tiempo. Sé cual es mi misión: hacer todo para que mis cohetes golpeen a Israel», afirma Haj Rabiah Abu Hussein, conocido por su hombres bajo la matrícula «103», mientras se escucha la radio del Hezbolá que informa acerca de la evolución de los combates.
De unos 40 años de edad, este comandante a cargo de tres pueblos afirma haber disparado muchos proyectiles en las últimas tres semanas. Mientras habla sigue moviendo los botones de su radio, comunicándose con sus hombres en el terreno.
Está sentado al lado de su compadre, Abu Mohammad, de 44 años, «código 121″. Por la manera como se visten y la forma de sus muy cuidadas barbas tienen toda la pinta de ser del Hezbolá. *
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