La "Media Luna Chií" crece con la escalada entre Hezbolá e Israel
La cumbre de ministros de asuntos exteriores estuvo precedida por una serie de mensajes de advertencia a Hezbolá desde Arabia Saudí, Egipto, Jordania y Kuwait. Un comunicado oficial saudí responsabilizaba a Hezbolá del rebrote de las hostilidades militares, y calificaba al grupo chií libanés de «irresponsable» por haber «puesto en peligro a toda la región».
Incluso, una reunión de emergencia entre el presidente egipcio Hosni Mubarak y el rey Abdullah II de Jordania concluía con un comunicado que pedía «evitar aventuras que puedan perjudicar los intereses árabes», en clara alusión al Partido de Dios que tiene su feudo en el sur del Líbano.
«Nosotros seremos aventureros y vosotros los dirigentes juiciosos, pero nunca confiaremos en vosotros», dijo en respuesta el secretario general de Hezbolá, el jeque Hasan Nasralá. Su milicia nunca ha esperado recibir ayuda de esos regímenes, tildados de antifundamentalistas y moderados por su buenos lazos con Occidente.
La estrecha relación entre el régimen de Teherán y Hezbolá explicaría el por qué de la débil respuesta de los países sunís a la ofensiva israelí. Critican la respuesta militar israelita, pero al mismo tiempo acusan a Hezbolá de haber provocado la crisis bélica en desarrollo. El ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí, Saud Al Faisal, fue aún más lejos al definir el conflicto como una «intervención no árabe en el mundo árabe», en clara referencia al régimen de Irán. En las últimas horas partieron desde Teherán decenas de suicidas dispuestos a atacar a Israel desde el Líbano.
La catalana Pilar Rahola opina que la escalada bélica desatada entre Israel y Hezbolá es la crónica de una guerra anunciada y largamente preparada por países como Siria e Irán. En este sentido, Rahola cree que la mayoría de los países árabes salvo Jordania y Egipto viven mejor contra Israel y llevan décadas desmontando toda opción de paz. Esta oposición al Estado israelí ayuda a camuflar los problemas internos, la falta de libertad, la locura integrista y la falta de esperanza de las sociedades en las que viven, opina. Pero quien mejor vive en esta postura es una izquierda caduca -agrega- que señala a Israel como culpable de agresión, cuando en realidad ha sido el agredido, escribió Pilar Rahola, una ex vicealcaldesa de Barcelona y ex diputada izquierdista en el Congreso de España.
«Agente americano y de la entidad sionista»
Los medios de comunicación chiíes, particularmente la televisión satelital Al Manar de Hezbolá, han recogido por su parte duras críticas al egipcio Mubarak, al rey Abdullah II de Jordania y al monarca saudí, este último tratado de «agente americano y de la entidad sionista».
El comunicado saudita emitido criticando la actuación de Hezbolá fue la más clara señal de que los regímenes suníes de la región han empezado a mostrar su malestar ante el crecimiento de la influencia del Irán chií en la región, estiman analistas árabes.
Mohamad Husein Fadlala, antiguo líder espiritual de Hezbolá y uno de los principales clérigos del chiísmo, ha considerado, en un discurso difundido por la televisión Al Manar, que «los ejércitos árabes han creado una cultura opresiva y han defendido a los gobernantes en lugar de defender la patria».
Por eso para Herb Keinon, del Jerusalem Post, la operación militar israelí en el Líbano cuenta con respaldo internacional y afirma que incluso regímenes árabes como Arabia Saudí, Egipto o Jordania comprenden los objetivos de este ataque.
Este nuevo consenso se basa en dos principios: Primero, el castigo a Hezbolá sirve como advertencia hacia países que alientan el terrorismo como Irán o Siria. Segundo, esta milicia chií es un miembro muy activo de la yihad global y como tal es vista como una amenaza para todos los países, explicó el analista.
Keinon cree que la legitimidad internacional de este ataque permitirá a Israel iniciar con mayor margen la vía diplomática, cuyo objetivo final debería ser el desarme total de Hezbolá. El ejecutivo israelí tiene tiempo -por primera vez- para que avancen en paralelo el proceso político y la operación militar, afirmó el experto en un análisis en el Jerusalem Post.
La utilización de la causa árabe y de ideologías sacrosantas por parte de los radicales es lo que provoca tragedias como las de Líbano, afirma Hazem Saghieh, editor del periódico árabe Dar Al-Hayat.
El politólogo francés Olivier Roy piensa que Irán es la pieza clave en las cuatro grandes crisis que vive Oriente Medio: el conflicto palestino-israelí, la nueva guerra en Líbano, Irak y el propio desarrollo nuclear iraní. Roy cree que el problema de los occidentales es que se enfrentan a cada conflicto de manera aislada, a la vez que defienden un discurso estéril sobre la guerra contra el terrorismo. Mientras tanto, Irán es el único actor que tiene una estrategia coherente, agitando los conflictos secundarios -Israel, Palestina, Hezbolá- para evitar todo choque frontal, y convertirse así en la gran potencia regional. La carta que juega aquí el régimen iraní además de su capacidad nuclear es la del arco chií, de Irak a Hezbolá, pasando por el régimen sirio. Más que nunca se debe imponer la vía política; es decir, no necesariamente la de la diplomacia, concluye, sino la del reajuste de la fuerza militar a unas finalidades políticas, explica Olivier Roy, director del Centro Nacional de Investigación Científica de París y autor del libro «El Islam mundializado».
Una historia de conflictos
La historia de las relaciones entre Arabia Saudí y la República Islámica de Irán ha estado caracterizada por continuos conflictos. En 1988, la policía saudí mató a más de 400 peregrinos iraníes durante una manifestación en la Meca contra Israel y Estados Unidos. Además, el rico reino saudí se convirtió en el primer apoyo financiero del régimen del ex presidente de Irak Saddam Hussein, durante la guerra entre Bagdad y Teherán en la década del ochenta.
La enemistad entre las dos corriente ha erosionado la imagen de Arabia Saudí, como la gran nación del Islam que custodia la sagrada Meca. Los grupos islámicos fundamentalistas se han ido distanciado del régimen saudí, al que acusan de responder a Washington. Para Rifaat Sayed Ahmed, director del centro Java para estudios políticos, «las críticas contra Hezbolá de Arabia Saudita, Jordania y Egipto fueron hechas para satisfacer a Estados Unidos, el mayor enemigo de Hezbolá e Irán».
El rey de Jordania, el año pasado, advirtió contra «la Media Luna Chií», que se extendería desde Irán hasta Líbano pasando por Irak y Siria, donde la minoría alauí en el gobierno tiene origen chií. En esta misma línea, el presidente egipcio Mubarak aseguró durante una entrevista televisada a principios de año, que los chiíes de Irak y de otros países árabes eran más leales a Irán que a sus propio estados.
Irán es el país con mayor número de chiíes. En el mundo árabe, a excepción de Irak, todos los países están gobernados por regímenes suníes, pero hay importantes comunidades chiíes en Kuwait, Bahrein, Emiratos Arabes Unidos, Arabia Saudí, Líbano y Siria. Las mayorías suníes, observan con desconfianza cómo los chiíes están comenzando a levantar la voz, animados por el creciente protagonismo que cobran sus pares en Irak tras la caída de Saddam, en este caso en detrimento de los suníes.
Así, en ese Irak mayoritariamente chiíta donde, además, están los grandes lugares sagrados del chiísmo, com
o Nadjaf y Karbala ahora son mayoría en el Parlamento y también lideran el gobierno, con un primer ministro chiíta.
La violencia sectaria que vive ese país ha incrementado las cada vez más frágiles relaciones entre chiís y sunís en el mundo musulmán. A ojos de los suníes, los chiíes no sólo dominan las áreas ricas en petróleo de Irán, Irak, entre otras naciones, sino que a través de las acciones de Hezbolá están intentando usurpar el papel de protectores del sueño central de todos los árabes, la causa palestina, opinan analistas.
Irónicamente, Estados Unidos, el tradicional defensor del reino saudita, es quien ha hecho posible el fortalecimiento de los chiíes, al derrocar a Hussein y llevar indirectamente a los partidos chiíes al poder en Irak. Washington intenta fortalecer ahora su protección del arco suní integrado por Egipto, Jordania y Arabia Saudita. Israel, otrora el implacable enemigo de la causa árabe, ahora parece haber quedado integrado a esta estructura defensiva, al igual que el presidente palestino Mahmud Abas en detrimento del primer ministro que responde a Hamas, explicó un experto en Medio Oriente.
«La situación actual en el Líbano es una reacción más del error que supuso la invasión de Irak y la caída de Saddam», dice el experto español Javier Martín, autor del libro «Hezbolá, el brazo armado de Dios».
«El dictador iraquí fue durante mucho tiempo la pared que bloqueó las aspiraciones de Irán en Oriente Medio. Lo fue en los años ochenta con la guerra que libró contra el Irán de Jomeini», explica este periodista residente en El Cairo.
En su opinión, la caída en desgracia de Saddam ha contribuido a que Irán asuma un papel mucho más relevante en la región. «Irán, afirma, es ahora una potencia con mucha fuerza dentro de Irak, ha conseguido una porción de terreno estratégico que siempre había ambicionado. El régimen iraní tiene ahora mucho más espacio para maniobrar en Oriente Medio, con un Irak débil, un Líbano en manos de Hezbolá y el desafío a la comunidad internacional por el programa nuclear».
«No quiero ni vuestras espadas ni vuestros corazones, sólo que permanezcáis neutrales», dijo uno de los principales jefes chií del Líbano a los líderes árabes suníes, temerosos que sus regímenes puedan caer por la presión de los fundamentalistas que los acusan por reconocer a Israel y ser aliados de Estados Unidos en Medio Oriente. *
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