"Hola, habla el ejército israelí, tienen una hora para abandonar la casa"

«¿Es usted Omar al Mamluk? Le habla el ejército israelí, sólo tiene unos minutos para abandonar su casa», explica por teléfono en plena noche un oficial israelí a un habitante de Gaza, una llamada que sirve para alertar a los lugareños de que su casa va a ser bombardeada de forma inminente.

Del edificio donde vivía este responsable de la seguridad nacional palestina con sus dos esposas y sus 19 hijos, en el este de Gaza, sólo quedan escombros.

«El lunes, sobre las 23H30, recibí una llamada sin identificar en mi móvil: ‘Le habla el ejército israelí, sólo tiene unos minutos para abandonar su casa», explica este hombre de aspecto deportivo, ya que también es entrenador de equitación.

«Creí que uno de mis amigos me estaba gastando una broma. Entonces le pregunté si iba en serio, y me contestó ‘el ejército israelí no bromea’, antes de colgar», prosigue.

«Con mi hijo mayor fuimos a buscar a los niños más jóvenes a sus camas y los llevamos a casa de mi hermano», agrega. «Salimos en cinco minutos y después vimos que los vecinos habían bloqueado la calle para impedir que se acercaran los transeúntes y los coches».

«Atacaron 25 minutos después», recuerda Omar al Mamluk. «Esperaba un ataque con helicópteros Apache, pero no cazas bombarderos F-16″, subraya este hombre, que confiesa que sólo tiene «su arma de servicio».

El ejército israelí lanzó miles de octavillas en la franja de Gaza para prevenir a los habitante de que destruiría «los lugares y los edificios en los que hay munición y material militar».

El gobierno palestino denunció el miércoles «la guerra psicológica» emprendida por el ejército israelí y lo acusó de «crear un clima de miedo».

En el norte de la franja de Gaza, ante lo que en otro tiempo fue su edificio, Mohammad al Cheij Dib explica que también él creyó que la llamada era una broma.

«Eran las 23H15 del domingo. Hubo cuatro llamadas anónimas a mi móvil. Dejé que sonara. A la quinta, descolgué y activé el altavoz porque estaba con mis cuatro hijos», explica este policía.

«Una voz masculina me preguntó en árabe si yo era Mohammad al Cheij Dib. Respondí que sí. Entonces me dijo: ‘Soy el oficial Danny, de los servicios de información israelíes, vamos a bombardear su casa, tiene una hora para abandonarla’. Sorprendido, le pregunté ‘pero de qué habla’. El agregó: ‘Repito, tiene una hora’, y colgó». *

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