Los fondos del soborno
«No habrá crisis institucional», volvió a decir, a propósito de las derivaciones de los supuestos sobornos con que habrían sido convencidos los senadores nacionales, sobre todo los peronistas, para que votaran la hoy, más famosa que eficiente, Ley Laboral.
Además, para el Presidente, el hecho de que la Cámara alta, después de haberse ventilado algo modificando la composición de las conducciones de sus dos bloques más importantes, haya aprobado leyes clave para la actual administración aliancista, subraya aquella afirmación de que las instituciones funcionan.
De la Rúa no quiere opinar sobre algunas propuestas para que todos los senadores renuncien y se convoquen a elecciones anticipadas. El domingo propuso esa salida el senador nacional peronista Antonio Cafiero, que es quien llevó a su ámbito la necesidad de investigar los supuestos sobornos de los que hablaba la prensa, especialmente el columnista del diario La Nación, Joaquín Morales Solá.
«Es otro poder, yo no me meto», aclaró el primer mandatario, algo molesto por la reiteración de esta pregunta y otra que tampoco le agrada: la posibilidad de relevos, a guisa de oxigenación del gobierno, cuando regrese el 14 próximo de su viaje.
Es que si hubo sobornos, como políticamente todo el mundo sospecha, alguien pagó.
Un hombre llamado Lombardo
Morales Solá abrió un nuevo flanco en su investigación. Ahora sostiene la sospecha de que los fondos para la corrupción pudieron haber salido de un organismo de obras sociales de los sindicatos que están bajo la férula del ministro de Salud, Héctor Lombardo, un amigo del presidente.
Con esta suposición que ayer recogieron varios medios, Morales Solá abrió una rendija que puede colocar al mismo Presidente en la mira de la investigación del juez Carlos Liporaci.
Pero la mayoría de los analistas no ven posibilidad alguna de un Watergate criollo.
En tanto, el ex presidente Carlos Menem ayer lanzó una nueva andanada contra el gobierno mediante un artículo que publica La Nación. Una versión del diario Clarín dio cuenta de una secreta reunión entre Menem y el Presidente en Olivos, a la 7 de la mañana de hace dos domingos, antes de emprender su gira, y, claro, alguna prensa más amarilla que clara, ha creído que allí se pergeñó una suerte de «pacto para la impunidad». La reunión ha sido desmentida, pero quién sabe.
De hecho, el escrito de Menem va enderezado a castigar al vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez, que es el verdadero fogonero por transparentar las costumbres políticas. Su fuerza radica en el creciente respaldo que su cruzada recibe de la opinión pública, como lo exhiben las encuestas en forma unánime.
Un hombre llamado Genoud
Alvarez no está conforme con los pasos de aireación que se dieron en la Cámara alta y va por más. No está muy convencido con una renuncia masiva de los legisladores, porque –dice–sería penar a los justos al lado de los pecadores. En rigor cuando exige otros gestos está mirando fijamente al senador radical José Genoud, que es el vicepresidente primero del Senado Nacional y tercero en la sucesión presidencial, justo detrás de «Chacho» Alvarez.
Genoud no ha sido citado por el juez y sólo ha sido nombrado como participando de la infamia en un libelo que contó con pelos y detalles la historia. El juez incorporó el panfleto al expediente.
La Unión Cívica Radical emitió un documento días atrás donde brinda el respaldo partidario a los senadores. Es decir, está con Genoud, no con el vicepresidente. Además, es un hecho, el radicalismo está molesto con el vicepresidente porque les exige, como lo hizo con su propio partido, el Frepaso, más transparencia.
Pruebas al canto: después de una andanada de Alvarez sobre el manejo de fondos en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, cuya conducción comparten el Frepaso y la Alianza, allí se derogó una ley que autorizaba desde 1985 la utilización arbitraria de fondos especiales, una verdadera «caja negra».
Hasta ahora se parte del supuesto de que De la Rúa, Alvarez y Raúl Alfonsín, con sus más y sus menos, empujan en una misma dirección. Que así ocurra, depende el futuro de la Alianza, más allá de lo que cada uno de estos líderes piense en su intimidad.
Pero cada vez hay más hechos que exhiben que los tres líderes en realidad no siempre empujan para la misma dirección. La crisis sigue abierta.
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