Testimonios de civiles denuncian el dolor por los ataques

«Enterré a mi hijo muerto en un ataque israelí y huí con mi hija hacia Siria sin llevarme nada», dice Samira al llegar al puesto fronterizo sirio de Jadaide, a unos 40 km de Damasco. Su hijo Hadi tenía 22 años. Murió el jueves, pero su familia no pudo enterrarlo hasta el sábado, cuando por fin se produjo una pausa en los bombardeos israelíes contra el pueblo de Taibé, en el sur de Líbano.

«Cuando el cuerpo de Hadi fue cubierto de polvo y leímos un versículo del Corán sobre su tumba, empujé a mi hija Amani dentro del vehículo de nuestros vecinos y nos lanzamos a la carretera, llevando tan sólo el dinero que teníamos en la casa», explica esta mujer de 42 años que lleva el rostro cubierto con el velo islámico.

«Si no fuera por mi hija, no me habría alejado de Hadi. Amani, de 18 años, es todo lo que me queda. Mi marido murió hace dos años y ahora, mi hijo», dice Samira antes de perder la calma. «¿Por qué, por qué? ¿Qué hemos hecho nosotros para que nos pase esto?», exclama, antes de que un vecino le ordene callar. «No damos un espectáculo. Los israelíes no deben regocijarse de nuestro dolor», le dice este hombre, que le cierra la puerta del vehículo.

Como ellos, miles de personas viajan a bordo de automóviles y autobuses para escapar de las bombas israelíes.

Un vehículo lleva un retrato del jefe de Hezbolá, Hassan Nasralá, blanco de los israelíes desde el secuestro de dos de sus soldados el 12 de julio.

«Los ataques prosiguieron sin tregua durante diez días. Llovían bombas. Cada vez que una callejuela era atacada, huíamos hacia otra. En cuanto se produjo el primer paréntesis, nos fuimos», cuenta Jaafar al Zein, de 27 años. En el puesto de Jadaide, las mujeres llevan a sus bebés en brazos, los ancianos arrastran con dificultad sus bártulos, mientras los jóvenes fuman visiblemente nerviosos. Centenares de refugiados se agolpan alrededor de las ventanillas de control de pasaportes.

«Trabajamos 24 horas diarias. No tenemos cifras precisas, pero tengo la impresión de que la afluencia aumentó un 1.OOO%» desde el inicio de la ofensiva israelí, estima el responsable de aduanas de Jadaide, Omar al Issa. *

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