Un Mercosur más fuerte
Además, este futuro necesita de nuevas formas de financiamiento y es lo que da motivo de crear el Banco del Sur, para despegar a países y obras tanto del Banco Mundial como del Interamericano de Desarrollo. O presionar en conjunto sobre el FMI, ahora que de una u otra manera los países integrantes del Mercosur, se van alejando de su ingerencia.
La mentada «crisis del Mercosur» que abonó miles de páginas de medios e informes de especialistas en rigor reflejaban las debilidades de los que la integran y si se habla que ahora el agrupamiento avanzó hacia una nueva oportunidad, en rigor lo que surge como novedosos son sus cambios de paradigmas y objetivos a largo plazo, que no es otro que de crear en la región una zona de autonomía que ayuda a la conformación de una nueva multipolaridad en desarrollo con necesidad objetiva de supervivencia frente al coloso económico-militar del Norte, hoy sumido en guerras inmorales que, paradójicamente, le restan poder para poder controlar lo que creía que era su patio trasero.
Va de suyo que el ingreso de Venezuela empina al 76% el PBI del Cono Sur y si bien no alcanza para definirlo todo marca el peso del agrupamiento en el mundo. Surge antes que nada una pregunta: si es que el nuevo sesgo del Mercosur, puede tener continuidad si, por caso, Lula no gana las elecciones de octubre o si Chávez sufre un no probable ahora traspié electoral. Quiérase o no, aunque lo que marca los cambios es la búsqueda de la inserción mundial de una manera diferente a la que se proponía en los 90 y que llevaba al ALCA, lo ideológico tiene su peso. Conclusión 1; este proceso requiere de consolidarse con políticas de Estado en cada país, no sencillo dado que las fuerzas conservadoras son enemigas de los cambios y actuarán cada vez más con más vigor. Conclusión 2: que en cada país deben fortalecerse las coaliciones de centro-izquierda.
Los problemas de integración no siguen siendo los mismos como opinan algunos sectores aunque las asimetrías asumidas por primera vez institucionalmente por el Mercosur, deben ser superadas para que, por caso Uruguay no se tiente por cantos de sirena que vienen desde Washington pese a la legitimidad de su derecho a acuerdos bilaterales por fuera del Mercosur mientras no lo dañe.
Fidel, la mayor atracción
Vayamos al acontecimiento de la semana pasada. La presencia de Fidel Castro lo volvió a colocar en el centro del encuentro aún si ser integrante del Mercosur y de interés sobresaliente en todos los medios de información. Nadie convoca en horas a casi 40 mil personas en el predio de la Universidad de Córdoba si no es el Comandante.
Pero ahora se sabe que el acuerdo entre la subregión con Cuba, que es económicamente importante pero lo es más políticamente por lo que supone como revés para la acción agresiva de la administración norteamericana con la Isla, estaba pensado por Argentina para ser firmado por los cancilleres. Fue Hugo Chávez quien insistió que decisión de esa envergadura requería la rúbrica de los primeros mandatarios, lo que estuvo destinado a facilitar la invitación a Fidel.
Pero no es cierto que Brasil tenía sus reservas con el convenio, porque acerca demasiado al Bloque con La Habana y son amagues que en Washington no digieren y que Lula es siempre prudente en cuando a cuidar la relación con la Casa Blanca sobre todo ahora que va en octubre por su reelección. Usina de este malestar proviene de voces del kirchnerismo y que tanto en el Palacio San Martín como en Itamaraty sostienen que carece de todo fundamento.
Si el Comandante no anunció con tiempo su arribo, y como él confiesa, despistó a sus anfitriones, se debe tanto a las necesidades de su seguridad, habida cuenta del récord de atentados que narra la saga de su vida como al conocimiento que Kirchner le iba a volver a pedir por la doctora Hilda Molina, con familiares en Argentina y que no puede salir de Cuba. Por ello, la llegada de Fidel estuvo en riesgo y obligó a una ardua negociación entre el canciller Jorge Taiana y el embajador cubano, Aramis Fuente Hernández, hasta que se convino que la solicitud se haría en una carta reservada y nunca en el marco del plenario. De esas recoletas gestiones intervino Chávez.
Curiosidad de curiosidades: Taiana fue un crítico enérgico de su ex superior, Rafael Bielsa porque politizó el caso; ahora es un «halcón» a disgusto. Mentora de este sesgo, se sostiene, es Cristina Fernández de Kirchner. La senadora nacional en su momento, se negó a viajar a La Habana porque a los cubanos le cayó mal su deseo de entrevistarse con las «Damas de Blanco», esposas o madres de presos políticos en la Isla. De suyo es que el viaje de Kirchner a La Habana, ya no será al menos durante este mandato.
En el gobierno explican que Kirchner que tiene por Castro simpatías compartidas por los de su generación, no podía dejar de plantearle el problema, dado que el presidente cubano no le respondió a otra misiva secreta con el mismo pedido, hace casi un año atrás. Un Presidente que hace de los derechos humanos una de sus banderas, explican en el poder, no puede dejar de tomar en cuenta el caso. Ya había provocado un roce cuando Bielsa era canciller porque se intentó que Hilda Molina se refugiara en la embajada en La Habana pero que el Presidente frenó.
Las razones de Kirchner en el caso de la médica cubana
El mundo sabe que Castro nunca ha cedido a presiones extranjeras como lo exhibe su historial. Lo conoce el gobierno argentino entonces, ¿por qué no haber insistido mediante la diplomacia discreta o mediaciones de amigos de las dos partes, por caso la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini para conseguir un objetivo a todas luces justo y humanitario? ¿Por qué convertirlo en un incidente que hizo que Kirchner recibiera fríamente al invitado al punto que le dijo «señor Presidente», no «Comandante» como lo había abrazado en mayo de 2003, cuando llegó a la Rosada? ¿Por qué, en fin, hacer público por la agencia oficial Telam, el texto de una carta personal? De este modo, se aleja una solución para la médica.
Hay otra lectura para este caso y dice que Kirchner con esa decisión buscó atenuar las críticas de la derecha y enviar mensajes sobre la inexistencia de una alianza con Caracas (el más fiel aliado de Cuba) como temen en Washington y en Europa. Y rebanar el impacto de la presencia de Castro, la figura de la Cumbre.
Como bien subraya el observador de «Clarín», Oscar Raúl Cardoso, ¿quién se acordó, al ver las imágenes que venían de Córdoba, de que Cuba está expulsada de la OEA desde enero de 1962 por imposición de Washington? Más aún ¿quién se acuerda de la OEA? Además, recibió con este encuentro, el implícito aval de más de media docena de líderes latinoamericanos en un momento sensible. Y un aval popular reiterado ayer cuando visitó, con Chávez, la casa-museo de Alta Gracia, donde Ernesto Che Guevara, pasó un trozo de su juventud.
La reunión cordobesa mostró que si hay un eje, es entre Buenos Aires y Brasilia y que de hecho, hay otro entre Caracas y La Paz, acaso con una extensión hasta La Habana. Será un forcejeo objetivo, no por liderazgo, es imposible disputárselo a Brasil, y más al Brasil de Lula, sino por políticas concretas. Los matices señalados o las diferencias existentes no deben nublar los objetivos estratégicos que se pueden resumir en pocos puntos: Mercosur productivo e integrado físicamente, un espacio capaz de ampliarse y que se convertirá en polo de poder para negociar su papel en el mundo globalizado.
La creación del Observatorio Democrático, a petición de Carlos «Chacho» Alvarez, secretario político del Mercosur, debe ser valorizado. De hecho, se
rá quien deberá monitorear las elecciones, sin necesidad de recurrir a la desprestigiada (y manipulada) OEA y en el caso concreto de las elecciones venezolanas, llegar a una conclusión propia sobre la legitimidad del proceso impugnado desde los EEUU.
¿Se saldrá de La Haya?
Que existan avances no quita la existencia de diferencias importantes como las asimetrías. En 90 días Uruguay y Paraguay, deben presentar propuestas para superar esa situación objetiva. Tanto en Brasil como en Argentina dudan que se lleguen a elaborar y que esa contradicción subsistirá ya que ninguno de los dos países se ven como Alemania y Francia que llevaron una política superadora de las diferencias en la Europa del éxito. Además, están las contradicciones coyunturales como la planteada por Argentina con Cuba, o con Uruguay por las pasteras. Tabaré habló en Córdoba primero con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández y luego con Kirchner. Cuenta en el gobierno que el uruguayo pidió darle un nuevo sesgo a la negociación bilateral, y abandonar la demanda ante La Haya, instancia que, a futuro, dañaría al Estado uruguayo y no a las empresas si las pasteras contaminan. Vale la pena que esto se aclare.
En su discurso tomando la posta del Mercosur, Lula pareció querer marcar el ritmo que puede no ser el mismo que quiere Chávez, a quien medio en serio medio en broma le dijo que lo controlará. Esto hizo aflorar versiones de un Lula supuestamente molesto con el caraqueño.
En todo caso, han sido Lula y Kirchner quienes más hicieron por incorporar a Venezuela al bloque y buscan que Bolivia siga el camino y toda otra molestia, por ahora, es menor. Al fortalecimiento del Mercosur lo acompañará la guerra sicológica. *
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