El ejército argentino también pide perdón

por Isidro Gilbert – corresponsal en Argentina

Un nuevo y saludable debate se ha abierto en la Argentina, sacudida por el desempleo y la corrupción, que tiene epicentro en el Senado Nacional y cuyas repercusiones en la vida política e institucional del país aún no están totalmente nítidas.

Al pedido de «perdón» por su actitud en los años del terror que la Iglesia volvió a formular con virtudes y flaquezas en el marco del Jubileo 2000, le siguió el jefe del Ejército, teniente general Ricardo Brinzoni, quien lo hizo por las responsabilidades de esa fuerza «en los hechos dramáticos y crueles» ocurridos durante la última dictadura militar.

La movilización de más de cien mil fieles a Córdoba, donde se concretó la celebración religiosa, refleja la recuperación por parte de la Iglesia de sus nexos con la sociedad, cuestionada por razones dogmáticas en sectores muy humildes donde avanzan los evangelistas, o por un pasado bochornoso en los años del terror, aunque con destacadas excepciones de obispos y sacerdotes asesinados.

Como repitiendo el mismo método con simbología religiosa, el soldado dijo: «Nos acordamos ante el Padre de aquellos hechos dramáticos y crueles del pasado con espíritu de reconciliación y una vez más, pedimos perdón por nuestras responsabilidades».

En esta ocasión el militar aprovechó el escenario en el acto de celebración del Día de la Infantería, en el Liceo Militar General San Martín, allí donde dan sus primeros pasos los jóvenes que abrazarán la milicia.

Brinzoni formuló su discurso un día después de que la autoridad máxima de la Iglesia en la Argentina, el presidente del Episcopado, Estanislao Karlic, realizó un histórico pedido de perdón por la violencia guerrillera y la represión ilegítima. Además Brinzoni señaló que: «tal vez sea una coincidencia que durante este fin de semana se realice el Encuentro Eucarístico Nacional Jubileo del Año 2000. Como institución integrada en su mayoría por católicos, que seguimos el camino por el que nos guían nuestros pastores, nos acordamos ante el Padre de aquellos hechos dramáticos y crueles del pasado con espíritu de reconciliación».

Balza, precursor

El pedido de perdón de Brinzoni se suma al de su antecesor, general Martín Balza, que había realizado un arrepentimiento en nombre de la institución por las violaciones a los derechos humanos durante el último gobierno militar.

Asimismo, el alto jefe expresó: «Una vez más pedimos perdón por nuestras responsabilidades. Ofrecemos con humildad cristiana nuestro perdón a todos quienes alentaron, toleraron, desataron y profundizaron el mal de la violencia que luego –aseguró– con esa disposición de corazón extendemos nuestras manos para unirlas a las de tantos argentinos que como nosotros quieren caminar juntos».

«Para demostrarlo aquí están formados los Infantes con sus banderas que guardan los lauros de cien batallas. Aquí están también para dar testimonio de este espíritu del arma, sus jefes, oficiales y suboficiales retirados, que guardan en su experiencia y en sus memorias las vivencias de cada época, ciñéndose en fraternidad y camaradería a quienes, con vocación de servicio, siguen las huellas que ellos marcaron en su entrega a la institución».

Para ilustrar: Jorge Videla fue un infante. ¿Está entre los que «marcaron en su entrega a la institución»?

En estos momentos el Ejército tiene a uno de sus miembros detenido en Roma por orden de un juez francés. Se trata del mayor Jorge Olivera, acusado de la desaparición de la joven francoargentina Marie Anne Erize, secuestrada en octubre de 1976 en San Juan.

La posición oficial fue la de considerarlo un «preso más», requerido por los jueces de Europa, al que únicamente se le presta «apoyo consular».

Los organismos cuestionan

El gesto del jefe militar se produjo un día después de que el presidente del Episcopado, monseñor Estanislao Karlic, expresó en Córdoba el arrepentimiento de la Iglesia por la participación de algunos de sus miembros en «la violencia guerrillera y la represión ilegítima».

Pero los organismos de derechos humanos pidieron sin éxito que la conducción eclesiástica abra todos los archivos que posee sobre desaparecidos. Aunque valoraron el último documento episcopal sobre los errores del pasado, opinan que la Iglesia no se hizo cargo del negativo papel institucional en el golpe de marzo de 1976, que concretó el terrorismo de Estado.

El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, subrayó la omisión más flagrante de la autocrítica eclesial (y que bien puede extenderse al perdón del general Brinzoni): «Los desaparecidos también están desaparecidos en la declaración de la Iglesia; en ningún momento los mencionan» y cuestionó que no hubiera en el texto «un diálogo con las víctimas» como fondo del problema.

Ocurre lo inevitable. Al no encararse, ni por parte de las FFAA, la Iglesia o el Gobierno, una búsqueda sin condicionamientos de la verdad, o van y vienen los reclamos del seno de la sociedad, o como ahora, se reiteran las autocríticas y los pedidos de perdón para no despegarse de ella.

Hay pasos, pero no alcanzan. Un nuevo debate sobre los desaparecidos y la búsqueda de la verdad se abre paso.

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