Argumentos torcidos
BEIRUT está reducido en gran parte a escombros humeantes tras 7 días de bombardeos. Para los ataques a la región sur se esgrimía como torcido argumento que allí estaban las instalaciones de Hezbolá, pero los bombardeos se extendieron a toda la capital, incluso a las vecindades del Palacio presidencial. Del mismo modo que los bombardeos no se limitan a la zona sur del país, reducto del Hezbolá, sino a todo el territorio y hasta a la frontera siria. Ministros libaneses dicen que Israel busca retrotraer al país a la situación imperante décadas atrás, mientras el gobierno de Olmert rechaza el alto al fuego propuesto por la delegación de la ONU.
Invasiones de Israel al Líbano
Oímos esa declaración de parte de un integrante del gabinete libanés, mientras una señora que buscaba cómo escapar del infierno declaraba que ya había visto esa película. El Líbano, que se mantuvo al margen de la guerra árabe-israelí de 1973, dio refugio en su territorio a 300 mil palestinos. En 1981 Israel bombardeó, al igual que ahora, las históricas ciudades de Tiro y Sidón (que traen el recuerdo de la antigua Cartago) y las posiciones palestinas, a la vez que destruyó la región oeste de Beirut. En junio de 1982 el Tsahal invadió el Líbano por aire, mar y tierra, ocupó Tiro y Sidón, devastó Trípoli y Nabatié (Operación «Paz para Galilea») y dejó a Beirut en ruinas. Dice una crónica: «Hubo millares de bajas en la población civil; fueron destrozados puentes, oleoductos y aeropuertos, hospitales y escuelas, fábricas y museos. Otro saldo de la agresión fue la captura de 8 mil palestinos y libaneses, mantenidos en deplorables condiciones en campos de prisioneros. No menos doloroso fue el saqueo total del Centro de Estudios Palestinos.
El 24 de agosto (de 1982) Beirut fue ocupada totalmente por fuerzas militares de Israel. El 16 de setiembre se produjo la matanza en los campamentos palestinos de Sabra y Chatila, donde fueron asesinados centenares de civiles desarmados, sin exceptuar a ancianos, mujeres y niños.
Una investigación posterior determinó sin lugar a dudas la responsabilidad de los comandantes israelíes en la matanza».
Su superior jerárquico era Ariel Sharon. Fue en ese entorno que en 1982 se creó Hezbolá (el partido de Dios), que se instaló en la llanura de la Bekaa, al este del Líbano, controlado por Siria. En 1996, en la operación «Viñas de Ira», Israel volvió a ocupar el Líbano y se mantuvo en la zona sur, de donde debió retirarse en mayo 2000. La de ahora es la repetición de las invasiones de las últimas décadas del siglo pasado.
La boca sucia de Bush
Tampoco han variado sustancialmente los pretextos esgrimidos para justificar este largo rastro de sangre y destrucción. Dicen que bombardean una zona de Beirut porque allí están los reductos de Hezbolá, pero masacran a civiles en la zona (son los «daños colaterales» con que mencionan los yankis sus asesinatos colectivos en Irak y Afganistán) y además extienden sus agresiones por aire, mar y tierra a todos los confines del pequeño país. Provocan por doquier víctimas civiles, que ayer se cifraban en no menos de 210 muertos y 600 heridos. En los bombardeos a centros de aprovisionamiento de combustibles y armas de Hezbolá mataron a muchos civiles, pero los voceros israelíes dicen que la culpa la tiene la organización porque los ubica en lugares poblados. El mundo entero condena la enorme desproporción entre el secuestro de dos soldados israelíes y la agresividad sin límites de la respuesta en materia de muertes y destrucciones, las mayores en 20 años según analistas. Pero las autoridades israelíes consideran que ello forma parte de su derecho a defenderse. Todos ellos son a su juicio blancos legítimos. Amir Peretz, el ex líder laborista devenido ministro de Defensa, declara: «No dejaremos que nadie nos detenga» y rechaza toda propuesta de alto el fuego y negociación. Por el contrario, lo que sitúa al orden del día es la intensificación de la campaña militar.
El único que los apoya es Bush. Su exabrupto a micrófono abierto en San Petersburgo no sólo demuestra que es un émulo de Nixon en la materia, lo que es decir bastante, sino que está dispuesto a sostener contra el mundo la política de Israel tanto en El Líbano como en Gaza. Por eso vetó en solitario la resolución de la ONU que reclamaba el cese de las masacres de Israel en los territorios palestinos.
Matanzas en Gaza
Pero éstas prosiguen. El lunes mataron a dos jóvenes palestinos, de 18 y 19 años, y por segunda vez bombardearon hasta destruirla la cancillería. Aquí, ¿cuál es el pretexto? Importa consignar que el gobierno de Venezuela rechazó los ataques de Israel a Palestina y al Líbano en una fundada declaración. *
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