Países emergentes se reúnen hoy en una cita crucial con los líderes del Grupo de los 8
La cita puede ser crucial. «Es posiblemente una de las últimas oportunidades para reactivar esas negociaciones, y lograr un buen acuerdo entre Brasil, India y los países en desarrollo, de un lado, y Estados Unidos, Europa y Japón, del otro», afirmó esta semana el Primer ministro británico Tony Blair. Junto a mandatarios de China, India y Sudáfrica, los presidentes brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y mexicano Vicente Fox están invitados a esta cumbre del G8 en San Petersburgo.
Ayer, en víspera de la reunión G8-emergentes, el propio G8 fijó como plazo límite mediados de agosto para que se logre un consenso sobre las grandes líneas de un acuerdo -actualmente al borde del fracaso- para liberalizar el comercio mundial.
«No es posible que los presidentes de los países más importantes del mundo se reúnan y no debatan sobre uno de los objetivos primordiales» del planeta, declaró Lula antes de llegar el sábado a esta ciudad, en una entrevista al Financial Times, refiriéndose al proceso en la Organización Mundial del Comercio (OMC). No se esperan resultados concretos de la reunión de los emergentes con el G8, pero sí un «impulso político» de los líderes del G8, que podría dar oxígeno a las negociaciones.
«Estamos bloqueados. Ya es hora de que los jefes de Estado intervengan», opinó recientemente un diplomático brasileño, cuyo país exige desde hace varios meses una cumbre mundial para salir del callejón sin salida, tras cinco años de negociaciones que corren el riesgo de no servir para nada.
«Sería interesante que los jefes de Estado mandasen una señal positiva que permita desbloquear la situación», esperó este diplomático, que requirió el anonimato.
Ese es un deseo reiteradamente expresado por el presidente Lula desde fines de 2005, cuando ya se adivinaban las dificultades para sacar adelante la Ronda de Doha. La reunión de hoy congregará a jefes de Estado o de gobierno de Estados Unidos, Rusia (que no forma parte de la OMC pero preside el G8), Japón, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Canadá e Italia, por el club de los Ocho; y a los dirigentes de Brasil, México, China, India y Sudáfrica, por parte de los países emergentes.
También estará presente el Director general de la OMC, el francés Pascal Lamy.
«No tendrán que hablar de cifras, sino simplemente decir que el coste de un fracaso es demasiado elevado para la economía mundial», explicó el diplomático brasileño, reconociendo que las negociaciones comerciales son muy técnicas. Pero un acuerdo cifrado sobre los puntos más delicados de la Ronda de Doha, lanzada en 2001 en la capital de Qatar, debe ser obtenido en las próximas semanas si se quiere cerrar el conjunto del proceso -como está previsto- a fines de 2006.
El tiempo apremia porque George W. Bush perderá en junio de 2007 la autoridad en materia de promoción comercial (Trade Promotion Authority), que impide al Congreso enmendar cualquier acuerdo global negociado por el presidente estadounidense.
Sin embargo, los antecedentes no invitan al optimismo. Hace dos semanas, una reunión de los principales ministros de comercio de la OMC en Ginebra se saldó con un nuevo fracaso. Los países en desarrollo piden acceso para sus productos agrícolas a los mercados del Norte. A cambio, las naciones industrializadas quieren que el Sur abra sus mercados a los bienes industriales y a servicios. Cinco años de negociaciones han dado muy escasos resultados. *
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