Kirchner fuerza la polarización política y rebana apoyos a Lavagna

Un presidente condicionado por la asamblea de Gualeguaychú

Proclama por un lado que la Argentina acata el fallo del más alto tribunal mundial y por el otro afirma que hará todo lo posible para que las pasteras no encuentren en el mundo financiero ni un penique para seguir adelante con las obras.

Es en definitiva, lo que dice desde su primer día la nueva secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti. La antigua militante ecologista es el as presidencial para que la bronca no se desmadre: ¿por cuánto tiempo se podrá mantener el equívoco? Pero Picolotti además hizo saber que quiere que las pasteras se muden a otra parte, lejos de Fray Bentos, la consigna del sector más influyente de Gualeguaychú. ¿Es lo que piensa el Presidente?

Tanto palabrerío buscaría por una vía indirecta desconocer lo que claramente resolvió la Corte Internacional de Justicia, hacia donde recurrió el gobierno. En rigor, lo que abruma al gobierno es que el mensaje que llegó de La Haya endurezca, temprano o tarde y sobre todo después de los fríos, las medidas de protesta y que con la primavera regresen los cortes de caminos que unen a los dos países. ¿Qué hacer en este caso?

El fallo de La Haya costó un día de digestión presidencial. Todo lo dicho en el Tribunal máximo estaba en la naturaleza de las cosas, tanto la negativa a respaldar el amparo como la advertencia de que si el medio ambiente es trastocado, el tribunal podría ordenar desmantelar los emprendimientos. Si se pensaba en la intimidad así, ¿por qué se fue a Holanda? La respuesta hay que buscarla en la necesidad que tenía Kirchner de que se levantara el bloqueo al Uruguay muy cuestionado internacionalmente. Dicho de otra manera, el ambientalismo entonces, como ahora, condiciona la política externa, conclusión no tan difícil de comprender y que en privado acuerdan en el propio Palacio San Martín.

Ahora bien, este intento de bloquear los créditos internacionales para las pasteras ¿es también una manera de mantener bajo relativo control el enojo de los ciudadanos de Gualeguaychú que creen a pie juntillas que si se consuman los emprendimientos el futuro será cruel? ¿O es un curso de acción que, además, quiere lograr que no avancen las obras? Si esto es así, como lo cree la «línea dura» del Palacio San Martín y asesores del Presidente, será más difícil encontrar la manera de que los dos países regresen al diálogo. Hay algo que debería aclarar Kirchner, si no se desdijo de criterios anteriores: que él no toma como suya la consiga de «no a las papeleras» y sí defiende el derecho a la no-contaminación.

 

Para el diálogo se necesita no-agresión

Si el gobierno no le da garantías a Tabaré Vázquez de que en la importante cumbre del Mercosur con la presencia adicional de 10 mandatarios que integran la Aladi, no se permitirá que la perturbe manifestaciones de ciudadanos de Gualeguaychú, ¿participará el uruguayo del encuentro? En el Palacio San Martín aseguran que la Argentina no quiere mezclar las cosas, que importa mucho el éxito del encuentro, una verdadera bisagra entre el Mercosur que parecía languidecer y el que pinta ahora como un nuevo Ave Fénix. Y que además, quiere encapsular la diferencia con su vecino histórico, como lo demuestra que en pleno litigio, se mantienen (y se incrementan) los suministros de gas y electricidad, a pesar de presiones desgraciadas en sentido contrario. Siempre hay un buey corneta.

Si el gobierno uruguayo llegara al mismo criterio, es probable un encuentro cordobés, entre los dos mandatarios para destrabar, en la nueva situación, las suspendidas negociaciones perturbadas, se sabe, por la negativa de Botnia a aceptar un cese de faenas para hacer el estudio ambiental. Tiempo perdido, ya que para los frustrados encuentros en Anchorena se pensaba que con 45 días públicos y dos semanas sotto voce, alcanzaba para hacer el análisis de impacto. A la luz del fallo, es posible llevar a cabo la pesquisa sin tener que paralizar los trabajos, es lo que suponen entre quienes siguen con atención el caso. De todas maneras, lo aconsejable es no apresurar los tiempos. Para que un encuentro entre Kirchner y Tabaré sea algo más que el saludo civilizado como ocurrió recientemente en Caracas, se requiere de una preparación previa en otros niveles que hoy no existe.

Esto se verá en las próximas horas, pero hay más. Hay quienes esperan que en semanas el Banco Mundial bajo el paraguas de lo dicho en La Haya, dé vía libre a los créditos para Botnia. El gobierno argentino se ha expuesto innecesariamente a un nuevo revés, por no quitar los ojos a lo que pasa en Gualeguaychú. Es cierto: hay quienes aquí piensan, y no sólo en el oficialismo, que ahora la Argentina tiene con su crecimiento económico más peso para hacer sentir su reclamo. ¿Una ilusión?

En sectores de la oposición, sobre todo en la derecha, pero también en filas radicales, lo ocurrido en Holanda fue «una crónica de un fallo anunciado» . Los argumentos caminan desde el «oportunismo político» que le atribuyen al gobierno hasta que ha quedado al desnudo por eso del 14 a 1, «el aislamiento internacional del país», lo que no luce como un juicio sabio, sino de opositor sistemático.

 

Una polarización interesada

Pero en general como el Parlamento por unanimidad dio el aval al Presidente a que concurra en queja a La Haya, la mayoría prefiere hacer mutis por el foro, respecto al fallo, y no pocos a volver a levantar la bandera del diálogo.

En todo caso, lo que debió ser una política de Estado, es ahora otro de los campos de reyertas entre el oficialismo y la oposición, que se profundizaron estas semanas por la discusión parlamentaria no concluida tanto sobre los llamados «superpoderes» para que el jefe de gabinete pueda reordenar las partidas del presupuesto nacional así como la reglamentación del uso de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) una facultad constitucional que no estaba reglada.

Se pueden mirar los dos instrumentos como caras de una misma moneda. Los «superpoderes» pueden servirle al gobierno para modificar el destino de las partidas del Presupuesto, pero sin poder incrementar el gasto público total. Y los DNU, para lo que falta para elevar el gasto. Kirchner al reclamar instrumentos que le permitan gobernar sin palos en la rueda, de hecho sostiene ese mismo criterio.

Acá hay que subrayar dos cosas. Una, que con las mayorías legislativas que el Gobierno controla, no necesita pasar por alto al Parlamento en casos que no sean realmente de urgencia como puede ser dinero para atender secuelas de un desastre. Y dos, de la opinión que se tenga de Kirchner y de su política. Si se lo mira como «el Rey bueno», los poderes especiales estarían en buenas manos. ¿Qué pasa si su personalidad se transforma y si en lugar de gobernar  digamos con algún margen de duda–en favor de las mayorías, hace todo lo contrario?. En todas las hipótesis lo que importa es cuidar lo permanente, que son las instituciones y reforzar su calidad.

Dice el columnista de «Pagina 12″, José María Pasquín: «La convicción del Gobierno de que necesita esos instrumentos para cumplir con la gestión que le compete suena tan exagerada como la conclusión opositora que si los concedía estaba contribuyendo a consagrar un presidencialismo absolutista, autoritario, paternalista, populista y de vocación hegemónica. La diputada Elisa Carrió, por ejemplo, aseguró que el oficialismo usará esas atribuciones con fines de corrupción, pero resulta que su propia autoridad política está lastimada desde que tuvo que resignar la jefatura de su partido, ARI, que la llevaría en 2007 como candidata a la Presidencia de la Nación, porque corría el riesgo de múltiples fracturas o el trasvasamiento de algunos cofundadores a
posiciones coincidentes con el gobierno que ella llama «fascista», en descomedido uso de las ideas y de la lengua».

 

Acotar las posibilidades de Lavagna

Algunos analistas intuyen que Kirchner ha hecho una nueva demostración de fuerza y que no se detendrá porque en la polarización de los campos está el non plus ultra de su política. En la misma melodía están sus criticas y sobre todo las de su esposa, Cristina Fernández, a medios de prensa gráficos. Nadie aquí le niega al Presidente a que refute comentarios periodísticos y si hay quien teme por el futuro de la prensa, ella no proviene por estos dichos sino por las facilidades que Kirchner le otorgó a multimedios para que renueven sin concurso sus licencias y continúen el proceso de concentración o con el mantenimiento de normas punitivas para el periodismo en el Código Penal.

Así las cosas con estos debates forzados entre amigos  enemigos, y que en estos días se centra en la Unión Cívica Radical, le sirve para vaciar, aún más, a ese partido, y que no sirva como instrumento de respaldo a la (todavía eventual) candidatura del ex ministro Roberto Lavagna. Cinco de los seis gobernadores radicales y sus principales alcaldes, respaldan al oficialismo y previsiblemente serán parte de su coalición de «centro izquierda» que presentará para las presidenciales de 2007.

A Lavagna, que aspira ser «alternativa progresista de centro», ir a la pelea con una radicalismo devaluado y con el resto del peronismo bonaerense que no se pasó al kirchnerismo, resulta un mal negocio. Requeriría, al menos, de importantes apoyos en provincias y de sectores independientes y si es posible, de centro-izquierda críticos de Kirchner. El socialismo ha sido tentado para esa opción pero la respuesta fue no. Y el ARI ni a su numen, Elisa Carrió, lo atraen.

Acordar, Lavagna, con el centro-derecha que hoy virtualmente domina el empresario Mauricio Macri, no sugiere un próspero destino.

Por empezar, Macri reforzó su acuerdo en Pro con el líder de Recrear, Ricardo López Murphy lo que significó un mensaje para aquellos, como Carrió, que especulaba con concertar «acuerdos de conductas» con su viejo correligionario en el radicalismo. Quizá esa ratificación no sea un mensaje sin esperanzas para Lavagna, En todo caso, puede abrir un espacio para acuerdos de hecho para apoyarse unos a otros. Los conservadores a Lavagna para las presidenciales y lo que recoja el ex ministro de Economía Macri para ir por lo que busca y no puede: el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Es donde tiene chances, ninguna a nivel nacional. ¿Qué hará entonces Lavagna con estas «amistades»?. *

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