La escalada israelí en Gaza y el Líbano corre el riesgo de propagarse

El incendio del Medio Oriente

EL INCENDIO de toda la región no es un peligro hipotético, ya se está consumando. La escalada del sábado, por cuarto día consecutivo, fue particularmente mortífera y extendida en su radio. Ya no se habla de los soldados israelíes capturados, que por otra parte están vivos. Tampoco se recuerda que el padre del cabo Gilad Shalit le pidió al primer ministro Ehud Olmert que abra curso al intercambio de prisioneros.

 

Bombas sobre todo Líbano y la frontera siria

Los raids de la aviación israelí retomaron desde el alba del sábado y siguieron a lo largo del día, extendiéndose al norte y al este y causando al menos veinte muertos más. Antes habían atacado principalmente el sur del país, en la región próxima a la frontera, y por cuatro veces el aeropuerto de Beirut, que quedó envuelto en llamas en sus depósitos de combustibles y con las pistas averiadas mientras una multitud de pasajeros buscaba la vía de escapar rumbo a Damasco o Aman. La aviación israelí bombardeó además el sábado con misiles aire-suelo puestos fronterizos entre El Líbano y Siria y la zona contigua, acercando más aun la guerra a ese país (Siria). Hezbolá anunció que lanzó rockets que impactaron en Tiberíades, en el noreste de Israel, a 35 kilómetros en su interior, uno de los sitios sagrados del cristianismo, así como el día anterior habían atacado Nahariya. Los aparatos israelíes alcanzaron además por primera el norte y nordeste del Líbano, la carretera a Siria, así como la ciudad de Trípoli, segunda del país, estaciones de servicio, depósitos de combustibles, puentes estratégicos, instalaciones de comunicaciones. Esas rutas eran utilizadas por los extranjeros que huían hacia Damasco, ya que los bombardeos tornaron impracticable la carretera de Beirut a la capital siria. (Escribimos estas líneas con el mapa de la región a la vista). Estos ataques se unen a los perpetrados antes en la zona vecina a la frontera israelo-libanesa, con decenas de muertos, y a los de los suburbios de Beirut, que prosiguieron ayer. Estos últimos tuvieron como blanco el domicilio y las oficinas del secretario general del Hezbolá, Hassan Nasrallah. Este escapó con vida y anunció el viernes que proyectiles disparados por su grupo habían impactado un navío de guerra israelí frente a Beirut. Cuatro marinos israelíes fueron dados por desaparecidos. El Tsahal afirmó después haber recuperado uno de los cuerpos y que el misil disparado era iraní.

La apertura de este segundo frente no fue óbice para que prosiguieran los ataques en Gaza. En la noche del sábado se registraron ataques a un puente en la franja de Gaza, a viviendas y al ministerio palestino de Economía en la ciudad, del mismo modo que fueron destruidos la cancillería, el ministerio del Interior, la Universidad islámica y las oficinas del primer ministro Ismail Haniyeh, y fue secuestrado cerca de un centenar de dirigentes de Hamas, entre ellos ocho ministros en funciones, 21 diputados y numerosos alcaldes (ver nuestra nota de ayer «Israel abre un 2º frente de guerra»). Sobre el atentado contra Haniyeh, se recuerda que el gobierno presidido por Ehud Olmert dirigió el 30 de junio una carta al presidente palestino Mamad Abbas anunciando su intención de atentar contra el primer ministro si el soldado Shalit no era liberado de inmediato. Poco después fueron bombardeadas y reducidas a polvo sus oficinas, y Olmert declaró en Consejo de Ministros: «Golpearemos a toda persona que perjudique a los ciudadanos de Israel. Nadie quedará impune». No improvisaba opinión, ni ésta era fruto de un desborde pasional. En setiembre 2003, siendo viceprimer ministro de Ariel Sharon, se pronunciaba por quitar a Yasser Arafat de la escena en estos términos: «La expulsión (de los territorios) es ciertamente una opción. Matarlo también es una opción».

 

Un Estado terrorista

Razón parece tener el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, que se caracteriza por opiniones mesuradas y razonables, de calificar a Israel como «un Estado terrorista». Escribe: «Los ataques a la población civil donde las víctimas son mujeres y niños, la destrucción y muerte en El Líbano y las amenazas permanentes a otros pueblos han llevado al Estado de Israel a transformarse en un Estado terrorista. ¿Hasta cuándo continuará esta política de terror?». Se refiere también a «la política de destrucción y muerte llevada adelante por el gobierno israelí apoyado por los Estados Unidos», y también aquí los hechos le dan la razón, porque EEUU es el único país que en el Consejo de Seguridad votó en contra (y vetó) la resolución de condena a Israel por su escalada en Gaza, que no se ha detenido. Prosigue en los dos frentes.

Estos hechos tienen su perversa dinámica propia. Se desenvuelven en territorios extremadamente reducidos: 21.056 kilómetros cuadrados Israel, y Líbano la mitad. La perspectiva del gobierno israelí y de su ejército es de acciones militares por un período prolongado.

Esta espiral de sangre solo podrá detenerse por un esfuerzo conjunto de la comunidad internacional, en que debe desempeñar su papel la ONU, y de las fuerzas amantes de la paz en su conjunto, para cesar todas las acciones terroristas, de uno y de otro lado, sin excepciones, y retornar el conflicto palestino-israelí a su cauce, es decir a la mesa de negociaciones, sobre la base de dos estados independientes y reconocidos, con fronteras estables y seguras. Todo esto antes de que se incendie la región entera. Se ha recordado la frase del Gandhi de que si se aplica la ley del Talión, el ojo por ojo, terminaremos todos ciegos. *

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