Un callejón sin salida tras romperse el statu quo

Medio Oriente: El Partido de Dios, un Estado dentro de un Estado

El movimiento Hezbolá, que Israel quiere «aniquilar», es un Estado dentro del Estado libanés con una organización paramilitar sólidamente equipada, además de ser un firme aliado de lrán y Siria en el conflictivo Medio Oriente.

El jefe del partido libanés Hezbolá, Hassan Nasralá, declaró una «guerra abierta» a Israel durante una alocución transmitida por la cadena de televisión Al-manar, propiedad del grupo terrorista.

«Esta es una guerra total. O nos sometemos a las condiciones israelíes, o resistimos y yo les prometo la victoria», afirmó Nasralá.

Chibli Mallat, profesor de Derecho en la Universidad de St. Joseph que ha sido candidato a presidente de Líbano, dice que Nasralá, su compatriota, ha hecho la peor elección posible al llevar a cabo una operación contra fuerzas israelíes. Se trata del escenario más difícil para Líbano y bloquea, con la escalada de la violencia, la Revolución de los Cedros. Mallat cree que los libaneses deben hablar con coraje al liderazgo de Hezbolá en Beirut y dejar claro que su estrategia es injustificable. Asimismo, el gobierno israelí debe comprender que su respuesta desproporcionada podría aumentar el ciclo de la violencia y que las consecuencias serían imprevisibles para toda la región, afirmó Mallat en The Daily Star de Beirut.

Para Rafael Bardají, director del Grupo de Estudios Estratégicos, la respuesta militar israelí es legítima aunque insuficiente, y esconde dos problemas de fondo. En primer lugar, la tolerancia mostrada por la comunidad internacional hacia Irán ha dado alas al islamismo radical que representan Hamás y Hezbolá. Segundo, la política de retiradas unilaterales israelíes no ha contribuido a la obtención de una mayor paz y seguridad en la región, como puede verse tras la salida del Líbano o de Gaza. Para afrontar estas cuestiones, Israel acierta en enviar un mensaje de dureza hacia los terroristas de Hezbolá -apunta-, aunque las autoridades israelíes deberían tener claro qué quieren hacer en el sur de Líbano cuando se acaben las hostilidades, afirma el experto independiente.

 

Herederos de los Guardianes de la Revolución

El grupo terrorista Hezbolá, el Partido de Dios o Movimiento de Resistencia Islámica, creado por iniciativa de los Guardianes de la Revolución iraníes en 1982 en Baalbeck (al este de Líbano), posee su propia radio y una cadena de televisión por satélite, Al-manar, muy seguida en el mundo árabe, particularmente en los territorios palestinos. Su influencia es notoria y creciente en la conflictiva región.

Catalogado como «organización terrorista» por Occidente, el Hezbolá, como una fusión de distintos grupos religiosos chiítas incentivados por Irán, cuenta con miles de seguidores entrenados en la lucha armada contra Israel iniciada en Líbano en 1985.

El objetivo del grupo era crear en el Líbano una República Islámica, de acuerdo al modelo de la República Islámica de Irán, surgida años antes, tras la revolución de Jomeini en 1979.

Entre sus fundadores se cuentan Abas al-Musawi, Subhi Tufeili y Muhamad Yazbek, todos clérigos chiítas educados en las ciudad santa de Najaf (en Irak), donde predicaba el Ayatola Jomeini antes de la revolución iraní.

Su líder espiritual fue el sheij Muhamad Husein Fadlallah, autoridad máxima del chiísmo en el Líbano. Desde 1992, Hassan Nasralá actúa como secretario general de la organización y Naim Kasem fue su segundo hombre.

El nuevo gobierno revolucionario de Irán vio por aquellos años a la numerosa comunidad chiíta del Líbano como la vanguardia para exportar la revolución islámica a todo el mundo árabe. Otro de los objetivos de Irán, al incentivar la creación de Hezbolá, fue tener un aliado en un país limítrofe con Israel, y de esta forma aumentar su influencia en el conflicto árabe- israelí y consolidarse como líder de los países que niegan la legitimidad de la existencia del Estado judío, sostienen los expertos.

El grupo terrorista logró su notoriedad cuando raptaba o mataba a rehenes occidentales. Este movimiento fundamentalista fue el primero que utilizó a terroristas suicidas para cometer sus ataques. Por ejemplo en los atentados contra la embajada norteamericana en Beirut, contra el puesto de comando de los marines en Beirut, contra la base de la fuerza multinacional francesa en Beirut y contra los cuarteles de Tzáhal en Tiro durante 1983. El resultado de estos atentados fue más de 400 muertos y otros tantos heridos.

El Movimiento de Resistencia Islámica actúa en los campos civil y militar. En el campo civil, al igual que otros movimientos islámicos en el mundo, ofrece una red de servicios sociales alternativos para la población chiíta necesitada, especialmente en el sur del Líbano, donde la mano del Estado no llega. Por medio de estas obras sociales el movimiento siempre contó con apoyo popular. Algo similar a lo que hace el grupo Hamás en los territorios palestinos.

El brazo militar está formado por una milicia que utiliza la guerra de guerrillas contra Israel, que se estima cuenta con unos 6.000 hombres. La guerrilla se sustenta con el apoyo popular. Se escuda y utiliza casas particulares y otros lugares civiles como base de las acciones militares.

Irán suministra un equipamiento cada vez más sofisticado a su brazo armado, la Resistencia Islámica, explican los especialistas.

El jefe de la Resistencia Islámica, el jeque Hassan Nasralá, señaló en mayo de 2005 que su movimiento tenía 12.000 misiles apuntados hacia Israel, una cifra tenida en cuenta por los expertos militares israelíes pero difícilmente verificable.

Según el semanario británico Jane’s Defence Weekly, el Hezbolá tendría unos cien misiles Zelsal-1 (capaces de provocar temblores de tierra), de un alcance de 150 km y susceptibles de alcanzar Jerusalén. En las últimas horas, atacaron un barco de guerra israelí y dieron en el blanco tras lanzar misiles desde los suburbios de Beirut.

Los expertos militares afirman que Siria ha sido durante años el país por el que han entrado en Líbano unos 10.000 misiles y cohetes de largo alcance, cientos de los cuales han sido lanzados al norte de Israel.

Los combatientes del Hezbolá se esconden en las montañas de la frontera israelo-libanesa y son difícilmente localizables.

Las líneas de aprovisionamiento de la organización chiíta parecen haber sido cortadas luego de que Israel destruyó varios puentes en el sur de Líbano, que unían Beirut con los suburbios del sur, donde se encuentra el cuartel político-militar del Hezbolá.

Las operaciones israelíes también han cortado la vía Beirut-Damasco y la conexión entre la región de Baalbeck (al este) y el sur de Líbano, lo que obliga a los combatientes del Hezbolá a echar mano de sus reservas de armas, que ya no pueden ser renovadas, al menos en un primer momento.

 

El eje Hamás-Hezbolá-Siria-Irán

Michael Eisenstadt, director del Programa Militar y de Seguridad del Washington Institute, opina que el secuestro de dos soldados israelíes por parte de Hezbolá ha abierto un segundo frente de confrontación en Oriente Medio, y afirma que esta nueva situación es una muestra del poderío y la coordinación del eje anti-americano y anti-israelí que forman Hamás, Hezbolá, Siria e Irán. En este sentido, Hezbolá ha aprovechado el enfrentamiento entre Israel y Hamás para subirse al carro de la popular causa palestina, en una operación de secuestro que contó con el beneplácito de los clérigos iraníes y del presidente sirio Assad. Ante esta situación de amenaza regional, Israel debe comprender que una respuesta quirÃ

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