El presidente Kirchner consigue del Parlamento más poderes para gobernar

Argentina: gobierno y oposición, enfrentados como nunca

El ámbito de los choques verbales francamente violentos de uno y otro lado es estos días el Parlamento por el debate de una ley sobre reasignación de partidas que puede hacer el jefe de Gabinete y por la reglamentación de una norma constitucional referida a los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).

Desde la prensa y el espacio opositor el proyecto modificando un solo artículo de la de Administración Financiera del año 1992, y a la ley de Responsabilidad Fiscal, aprobada en 2004, es en rigor «superpoderes», porque ahora el jefe del gobierno podría reasignar recursos según necesidades políticas sobre todos en tiempos electorales como será el 2007 cuando termine el mandato actual de Néstor Kirchner.

No solamente la actual administración sino todas al menos desde 1992 en adelante han pedido al Parlamento que dentro de la ley del presupuesto nacional, se incluyera una norma con un año de duración, autorizando a redistribuir los fondos autorizados, según surgieran necesidades, sobre todo luego del segundo semestre de cada año. Casi tosas las provincias, excepto tres, tienen esa facultad.

Para el arco opositor extender sine die esa facilidad, sugiere propósitos arteros, de desconfianza si no será utilizado contra ellos, sobre todos en lo que se refiere a fondos que el Estado Nacional debe girar a las provincias o comunas en algunas situaciones. Argentina gasta a grandes rasgos unos 100 mil millones de pesos por año pero poco más del 80% están destinados a gastos corrientes u obligaciones especiales lo que dejaría, según la óptica opositora, unos 20 mil millones de pesos para el manejo discrecional.

No es lo que ha ocurrido en estos años, y no solo en tiempos del gobierno de Kirchner. Pero, y allí viene la cosa en el ánimo opositor, puede ocurrir ahora que esa facultad de reasignar fondos, rige para siempre, al menos que se cambie la norma.

La duda se convierte en obsesión visto que el oficialismo cuenta con mayorías suficientes en las dos cámaras legislativas, como para que las obvie tanto en esa facultad de reasignar partidas como con la utilización de los Decretos de Necesidad y Urgencia.

En la reforma constitucional de 1994, junto con la incorporación de la figura del Jefe de Gabinete, se permitió al Ejecutivo, en casos de excepción apelar a los DNU. Hasta ahora, ningún gobierno reglamentó ese uso, lo que sí hace el actual por la mano de la senadora nacional Cristina Fernández de Kirchner.

 

El papel activo de Cristina Fernández

Por este instrumento se crea una Comisión Bicameral, hacia donde el Ejecutivo debe remitir los DNU y con la aprobación (o no) de una de las cámaras, quedarán firmes. Lo que no se dice en la norma reglamentaria es que plazo tiene el Parlamento para decidir sobre cada DNU, de modo tal que le permitiría al Presidente gobernar sin el concurso de los legisladores.

Claro está que diputados y senadores pueden reclamar el tratamiento de los decretos-leyes, pero la oposición está segura, es lo que dijeron sus referentes en los debates de estos días, la mayoría oficialista solo dará curso a aquellos asuntos que le importen.

Con este clima, por caso la discusión sobre la reforma de la ley de Administración Financiera, se transformó en un torneo para ver quien descalificaba más a su adversario. El jefe del bloque radical de la cámara alta, Ernesto Sanz, lo dijo sin eufemismos que esta convencido «que este presidente no es democrático». Y la senadora Fernández de Kirchner no ahorró severidad para descalificar a radicales, socialistas u otros partidos por actitudes en el gobierno o en el Parlamento en el pasado. El senador socialista, Rubén Giustiniani, protestó por la utilización de «información no cierta» por parte de Cristina Fernández sobre como se maneja la comuna de Rosario, un baluarte del viejo partido de origen obrero.

Cristina Fernández aceptó que se debe excluir de la reasignación de fondos a los servicios secretos, una de las sospechas que tenían algunos opositores.

Además, en el debate, la esposa del Presidente la embistió nuevamente contra los dos grandes diarios nacionales, «La Nación» y «Clarín» y contra algunos de sus columnistas más conocidos. El papel destacado de Cristina, como se la conoce popularmente, en esos debates hace crecer la sospecha que comenzó la faena de instalarla ante la opinión pública ante su eventual candidatura al primer empleo del país ya que su marido desliza cada vez que puede, aquí y en el exterior, que él no será el pretendiente.

La política se ha polarizados sin espacios intermedios, pero no casualmente o por inercia de una serie de hechos. Todo indica que es un propósito deliberado de Kirchner para incrementar su poder político. Y no le va mal: está logrando que la mayoría de los gobernadores y alcaldes de la Unión Cívica Radical lo respalde. *

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