Operación "limpieza" en Irak
El sargento Frank Wuterich ordenó «limpiar» la casa. Así comenzó la matanza… Durante cinco horas, soldados estadounidenses asesinaron a 24 personas, entre ellos mujeres y niños, en la ciudad iraquí de Haditha.
Los hechos ocurrieron en noviembre pasado y el Pentágono intentó ocultarlos, pero poco a poco se conocen más detalles… Washington no ha podido evitar el escándalo.
A las 6.30 de la mañana de ese sábado 19 de noviembre de 2005, el sargento Frank Wuterich, oficial del Tercer Pelotón de la Compañía Kilo -perteneciente al Tercer Batallón del Primer regimiento de Marines- revisó cuidadosamente los cuatro vehículos militares tipo Humvee de convoy que en 30 minutos saldría de la base Sparta, ubicada en la ciudad de Haditha, en la región oeste de Irak. Como todos los días, este convoy debía transportar soldados iraquíes a los puntos de revisión de esa ciudad, considerada por las tropas estadounidenses como «territorio inhóspito».
«Â¡Vámonos!», gritó Wuterich cuando las manecillas del reloj marcaban las 7.00 horas. «Estén alertas por la posibilidad de encontrarnos con IED’s (artefactos explosivos de fabricación artesanal)», advirtió a sus compañeros que ya estaban arriba de los cuatro vehículos.
«Era un día cualquiera. Debíamos estar pendientes por la posible presencia de los IED’s y de cualquier otra actividad que pareciera sospechosa», relata James Crossan, uno de los soldados del convoy a cargo de Wuterich.
A esa hora, Haditha era todavía una ciudad dormida. Había poca actividad en sus calles. La mayoría de sus 90 mil habitantes permanecía en sus casas. La temperatura, sin embargo ya era de 45 grados centígrados. Los cuatro vehículos tomaron con dirección hacia el oeste. A las 7.15 horas, dieron vuelta en la calle Chestnut.
De pronto ocurrió una explosión: el neumático del último vehículo había pisado un IED. El conductor, Lance Miguel Terrazas, «murió instantáneamente», contó Grossman, quien viajaba a su lado.
«Â¡Paren!’, ordenó Wuterich, quien iba a bordo del tercer vehículo.
Sin poder hacer nada por Terrazas, el sargento y sus hombres evaluaban la situación. Entonces vieron que se acercaba un automóvil color blanco «sin placas».
Viajaban en él cinco hombres. Cuatro de ellos «con pinta de soldados viejos».
«Â¡Deténganse, deténganse!», ordenó uno de los marines a los tripulantes del auto, pero éstos se dieron a la fuga. Fue un error mortal: los estadounidenses dispararon sobre el automóvil, matando inmediatamente a los cinco tripulantes.
Desconcertados, los soldados estadounidenses se ponían de acuerdo para seguir en posición de defensa cuando escucharon disparos de rifle AK-47. Provenían de la zona residencial del lado sur de la calle Chestnut.
A las 7.15 horas, la vibración de los cristales de las ventanas de su cuarto despertó a la niña Eman Waleed, de apenas 9 años de edad. «Todos nos levantamos al escuchar el fuerte ruido. Luego hicimos lo que siempre hacemos cuando hay una explosión: mi padre se fue a su habitación con El Corán en la mano para rezar por todos nosotros y el resto de la familia nos escondimos en las otras habitaciones», contó Eman a la revista Time.
Eman describió que su madre, su abuelo, su abuela, dos de sus hermanos, dos tías y dos tíos se quedaron en la sala de su casa, ubicada a unos 80 metros del lugar de la explosión.
«Escuchamos muchos disparos y por eso ninguno de nosotros salimos de la casa. Era muy temprano y todavía teníamos puestas las pijamas», recordó Eman.
La puerta de la casa de la familia Waleed se vino abajo. Un soldado estadunidense la había derribado de una patada.
Entonces comenzó la confusión.
De acuerdo con el relato de Eman, varios soldados entraron a la casa. «Gritaban muchas cosas en inglés que yo no entendí (…). Primero fueron a la habitación donde estaba mi padre leyendo El Corán. Luego escuchamos unos disparos». Después, se dirigieron a la sala. «No podía ver muy bien sus caras. Solamente sus rifles que se asomaban por las puertas. Los miré cuando dispararon sobre mi abuelo, primero en el pecho y después en la cabeza. Luego mataron a mi abuelita».
Eman dice que los soldados dispararon varias veces al rincón donde se habían escondido ella y su hermano Abdul Rahman, de apenas ocho años de edad. Los demás adultos se dieron cuenta de ello y se lanzaron sobre los niños para protegerlos con sus cuerpos, acción valerosa que les costó la vida.
«Estábamos tirados ahí (ella herida en una pierna y su hermano en un hombro) sangrando, dolía mucho. Después de un rato, llegaron unos soldados iraquíes que nos sacaron cargando. Yo lloraba y gritaba: ‘¿Por qué le hicieron esto a mi familia?’. Uno de los soldados dijo: «No fuimos nosotros, fueron los estadounidenses», contó Eman.
El sargento Wuterich se dio cuenta de que los disparos venían del lado sur de la calle Chesnut. Por radio, se comunicó con la base Sparta. Pidió el apoyo de un grupo de las Fuerzas de Reacción Rápida. Cuando los vehículos de estos soldados de elite iban a auxiliar a sus compañeros, explotó una bomba enterrada en el camino. No les provocó daño alguno, pero aumentó la confusión de los marines. Pensaron que habían caído en una trampa tendida por los insurgentes iraquíes o por terroristas escondidos en Haditha.
Minutos después de haber arribado los refuerzos, uno de los soldados se acercó a Wuterich y le sañaló una vivienda de la que aseguró habían venido los disparos.
La casa pertenecía a la familia Waleed.
Después de una breve discusión, los soldados decidieron «limpiar la casa».
La versión de Wuterich fue contada por su abogado Neal A. Puckett al diario Washington Post y difiere de la relatada por la niña Eman a la revista Time. Según el sargento, cuatro de sus soldados entraron a la casa. Había varias habitaciones vacías, pero una más se encontraba con la puerta cerrada. Cuando abrieron ésta, notaron que había personas escondidas.
Uno de los soldados lanzó a dicha habitación una granada de fragmentación. En medio del humo y el polvo, disparó varias ráfagas de su rifle y mató a varias personas.
Relató Pucket: «Pese a que fue inmediatamente factible que en la habitación hubieran muerto hombres, mujeres y niños, posiblemente todos civiles, los soldados notaron una puerta entreabierta que daba a una casa adyacente. Los marines se dirigieron a la segunda casa. Derribaron a patadas la puerta. Mataron a un hombre y luego usaron otra granada de fragmentación y más balas para «limpiar» otra habitación que estaba llena de personas».
Después de «limpiar» la segunda casa, el sargento Wuterich se comunicó por radio a la base Sparta para reportar el incidente. «Hubo daño colateral», informó. Y estimó que entre 12 y 15 civiles iraquíes habían muerto.
Wuterich y varios marines subieron al techo de una de las casas para analizar la situación. Dos minutos después, notaron que un hombre vestido completamente de color negro salía corriendo de una de las casas que habían revisado. «Los marines lo mataron», señaló Puckett.
«Luego descubrieron que otro hombre, también vestido todo de color negro, se escurría entre dos casas de la calle de enfrente y fueron a investigar. El jardín de una de esas casas estaba lleno de mujeres y niños. Los soldados les preguntaron hacía dónde se había dirigido el hombre de negro. Señalaron una tercera casa. Los marines intentaron ingresar a ella, pero en su interior se encontraban cuatro hombres: uno de ellos tenía un AK-47. El primer marine que ingresó a la casa intentó disparar
su rifle, pero éste se atoró. De inmediato entraron sus compañeros y mataron a los cuatro hombres».
El Pentágono realizó una investigación sobre los sucesos de Haditha. El informe de dicha investigación -al cual tuvo acceso el diario The New York Times- subraya que en la casa de la familia Waleed murieron siete personas, entre ellas dos mujeres y un niño.
El informe también registra los testimonios de los soldados bajo las órdenes del sargento Wuterich. En él señalan que vieron salir corriendo de esa casa a un hombre y una mujer. Los persiguieron.
Cuando les dieron alcance, mataron al hombre. De acuerdo con el informe -que también recogió testimonios de los familiares de las víctimas-, la mujer se llama Hiba Habdullah, quien había escapado de la casa con su hijo en brazos.
El informe del Pentágono sostiene que, después de «limpiar» la primera casa, los marines se vieron bajo fuego proveniente de la segunda vivienda y que se dirigieron a ella. Al entrar lanzaron una granada en la cocina, lo que provocó la explosión de un tanque de gas propano. Los marines comenzaron a disparar. Mataron a ocho personas, incluido el dueño, su esposa, su hermana, su hijo de dos años de edad y a sus tres hijas.
La tercera casa pertenece a Ahmed Ayed. Uno de sus hijos. Yousif, recordó la tragedia, en entrevista con la revista Time:
«Luego de escuchar una serie de disparos en la casa de mi padre, me encaminé hacia ella, pero unos soldados iraquíes que estaban en el jardín me detuvieron. Me recomendaron: «no hay nada que puedas hacer, no te acerques, los estadounidenses no te dejarán entrar». Pude entrar hasta las 6.30 horas de la mañana del día siguiente. Ya no estaban los cuerpos. Los habían metido en bolsas de plástico y llevado a la morgue.
Por los rastros de sangre sobre el piso, podía imaginar lo que ocurrió: los estadounidenses encontraron a mis cuatro hermanos, los llevaron a la recámara de mi padre y, después de meterlos a un clóset, los mataron».
La versión oficial presentada por el sargento Wuterich -incluida en el informe del Pentágono- asegura que en la tercera casa los marines encontraron a un grupo de 10 o 15 mujeres y niños, quienes dejaron bajo la custodia de uno de los soldados estadounidenses. Sostiene que al ingresar a la casa adyacente, descubrieron a cuatro hombres: el del AK-47 y el que se acercó al armario. El informe no precisa cómo murieron los otros dos hombres. Rechaza que los soldados los hubieran matado entro de un clóset pues -asegura- los clósets de la casa eran muy pequeños para dar cabida a cuatro adultos.
Según el informe del Pentágono, la matanza de Haditha duró unas cinco horas. El saldo: 24 personas muertas. El informe califica a 15 de ellas como «personas no combatientes». Eran los habitantes de las dos primeras casas. A las restantes nueve las califica como «enemigos combatientes»: los cuatro hombres de la tercera casa y los cinco tripulantes del auto blanco, que resultó ser un taxi. Así, no iban en él «soldados viejos», sino el taxista y cuatro estudiantes.
El doctor Wahid, director del hospital de Haditha, declaró que en la noche del 19 de noviembre de 2005 los soldados estadounidenses le llevaron los cuerpos de 24 personas. Alegaron que habían muerto a consecuencia de la explosión de bombas. «Pero para nosotros fue obvio que eso no era cierto. Los cadáveres no presentaban los rastros comunes de quien muere a causa de una explosión de bomba. Las heridas de bala eran muy evidentes. La mayoría de las víctimas recibieron disparos hechos a corta distancia, en el pecho y en la cabeza», aseguró.
Un día después de la tragedia -10 de noviembre de 2005-, la Segunda Fuerza Expedicionaria de la Marina de Estados Unidos emitió un comunicado que ofreció una escueta versión que difiere de las anteriores. Dice que 15 civiles iraquíes murieron en Haditha como consecuencia de la explosión de una bomba y que ocho insurgentes perecieron al ser atacados por los soldados a cargo de Wuterich.
La investigación de la mascare de Haditha involucra a una docena de marines. Está a cargo del mayor general Eldon A. Bergewell, quien pretende establecer si el incidente fue una matanza deliberada para vengar la muerte del soldado Terrazas o un «daño colateral» provocado por la persecución de los autores de los disparos contra los marines. *
(*) Tomado de la revista mexicana Proceso en acuerdo con LA REPUBLICA
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