Días difíciles para la oficialista Alianza argentina

Siempre a mitad de camino

por Isidro Gilbert – corresponsal en Argentina

La tarea será titánica, porque ninguna fuerza escapa al estilo de financiamiento de sus maquinarias políticas utilizando rendijas del Estado. En definitiva las sospechas de soborno en la Cámara alta han recibido una confirmación política, más allá que pueda avalárselas judicialmente.

El Frepaso, que nació con la pretensión de romper con los dos vicios, fue subsumido por esos métodos, al menos en el distrito bonaerense. Hace más de medio año, uno de sus referentes, el titular del bloque de la Alianza en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Mosquera, recibió un toque de atención de su jefe partidario. Ahora ya sabe que Alvarez no lo avala como pretendiente a ser el primer candidato a diputados nacionales: «El que avisa no es traidor», le hizo decir.

En medio de la crisis con epicentro en el Senado se han movido otros frentes. Al fin, el ahora fortalecido ministro de Economía, José Luis Machinea, anunció un nuevo conjunto de medidas que tienden a modificar parcialmente el rumbo cuasi monetarista de su gestión.

El llamado «compre nacional» y medidas complementarias para fortalecer a las pequeñas y medianas empresas buscan fortalecer el peso de la industria, actuando las más concentradas del sector como fogoneros, dentro de un proceso de acomodamiento de las bases de sustentación del gobierno de la Alianza para una nueva etapa que tiene el visto bueno del FMI que hace caso omiso, por eso, al incumplimiento de las metas fiscales.

«Chacho» Alvarez le da al nuevo rumbo –que cuenta con la bendición de De la Rúa y el corazón de Alfonsín– cierto aire de épica porque sería el puntapié inicial para una propuesta de fortalecimiento de la Nación y de su Estado para abordar el fenómeno de la globalización.

Rectificaciones económicas hay que suponer rigor analítico, grandes jugadas estratégicas para enfrentar la corrupción o las novedades en economía. Como muchas cosas de la actual administración siguen a Antonio Machado, por aquello de «caminante no hay camino, se hace camino el andar», con un sentido menos poético y más pragmático.

En la crisis política se actuó con el día a día. En economía, no tanto. Sin abandonar la disciplina fiscal, que ya no es un objetivo heroico como hace nueve meses atrás, se acepta que la solvencia fiscal requiere de crecimiento para consolidarse y para ello se necesita de una industria competitiva, dentro del chaleco de la convertibilidad, lo que no es una tarea sencilla.

Una cosa lleva a la otra y la más importante sigue siendo la tasa de interés. Mientras el Banco Central se niegue a bajar los encajes para aumentar la liquidez, no parece que se logren éxitos en este sentido. La pésima relación entre Pedro Pou, su titular, con Machinea acaso requiera en algún momento de una decisión política por parte de De la Rúa. Pou está protegido por su estabilidad pero su destino depende de los dos tercios del Senado, como piensa Carlos Ruckauf.

El primer sedimento positivo del huracán político es la sanción de la ley que define los fueros de legisladores y funcionarios. Ahora ningún legislador o ministro podrá rehuir a la convocatoria de cualquier juzgado.

Pero es cierto que el apuro en aprobar un antiguo proyecto de la inconfundible diputada radical Elisa Carrió, permite a los senadores cuyo desafuero fue solicitado por el juez Carlos Liporaci hacerle una verónica.

Queda una duda: si el juzgado los procesa por la nueva ley, ¿podrán votar los legisladores, o en este caso puntual, los senadores, las leyes que se debatan mientras no se les pida el arresto?

En caso de cohecho (coimas), por ejemplo, el procesamiento implica de hecho la prisión preventiva, lo cual sí exige la aprobación del desafuero del legislador afectado. La ley fija un plazo máximo de 180 días para que la Cámara fije su posición, a diferencia de la actual, que no tenía límite.

Si en lugar de cohecho fuera dádiva, un delito de menor dimensión punitiva, el legislador podría retener su condición de tal y votar una ley. Hay un resguardo: la facultad de cada cámara para votar exclusiones de miembros de su seno por razones de conducta o inhabilidad moral. «Habrá que tomar una decisión política en cada caso», reconoce el senador peronista, Jorge Yoma.

¿Rendición?

Un mal antecedente fue la participación de los senadores cuyo desafuero requirió el juzgado cuando la Cámara alta reanudó sus funciones específicas. Fue un traspié para Alvarez, quien había pedido que se abstuvieran de hacerlo. No fue el único revés del vicepresidente en los últimos días, donde algunas iniciativas justicialistas que lo involucran tuvieron el respaldo de casi todo el bloque de la Alianza.

De todos modos «el bloque peronista izó la bandera blanca», piensan en el gobierno cuando no solamente aceptó el reclamo de De la Rúa para que cambie a su liderazgo, sino que se sentaron en sus bancas para aprobar leyes claves para el gobierno. Y esto aventa aquello de que la crisis política pudiera incidir en la aún débil economía.

Por ahora, al menos. La investigación del supuesto soborno recién tiene sus primeros pimpollos. El juez presume que hubo cohecho, pero debe probarlo. Ahora podrá interrogar a los senadores y si consigue quebrar lealtades, sabrá mas de lo que conoce hasta ahora.

La calidad del expediente judicial recoge opiniones contrapuestas. El senador del Frepaso Pedro del Piero estima que el juez, y sobre todos los fiscales, hacen un buen trabajo. La mayoría de los senadores cree lo contrario y los analistas independientes tienen mas dudas que certezas sobre cómo se está haciendo la pesquisa.

Pero los testimonios de la periodista de La Nación, María Fernanda Villosio, revelando que el senador peronista Emilio Cantarero le confesó haber recibido dinero; lo dicho por el justicialista Antonio Cafiero al juez sobre que le contó su colega de bancada el correntino Angel Pardo con datos sobre cohechos, y otras puntas, comienzan a dar cuerpo a la causa. ¿Está dispuesto un juez tan cuestionado como Liporaci a avanzar? ¿ O todo acabara en nada?

Más allá o más acá de la verdad total, hay una opinión política instalada en la sociedad de la que nadie puede ya escabullirse.

El Senado, o mejor dicho, el peso del peronismo sobre el cuerpo, ha quedado dañado. Hombres cercanos al gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, piensan, sin caer en teorías conspirativas, que Ruckauf y Duhalde, «la bonaerense», como los califican sin cariño, son los motores, vía Antonio Cafiero, de la actual situación dentro de un plan para convertirlos en únicos interlocutores del gobierno nacional.

De la Rúa oxigenará al gobierno

Antes –dicen– Ruckauf intentó, apartar a Carlos Menem del espacio donde se tomas las grandes decisiones y en parte lo ha conseguido. Pero no tiene el respaldo de sus colegas de Santa Fe y Córdoba, por decir los más importantes y repite la estrategia de Eduardo Duhalde para consagrarse candidato partidario, como si no tuviera tiempo, piensan.

Pero sin delitos, no hay conspiraciones y, mirado el proceso con otros ojos, lo que surge es el estallido de la corrupción y el fortalecimiento político del vicepresidente, con gran respaldo de grandes empresarios vernáculos y que ha tenido como aliado a los bonaerenses. Pero no hay que caer en el error: estos, si pueden, le limarán el prestigio que consiguió.

Ruckauf motorizó sin éxito anticipar las elecciones de los senadores nacionales, sobre todo porque no lo acompañó ni Reutemann ni el cordobés De la Sota. Ha vuelto a las buenas migas con Domingo Cavallo para su proyecto para
el 2003, como para ocupar un espacio en un eventual gobierno de coalición con De la Rúa, si Alvarez llega a deteriorarse por errores o por la prédica de Menem para poner en riesgo el binomio del poder. El ex mandatario ha convocado a «eliminar la figura vicepresidencial» que hoy tiene un nombre y apellido claro.

La plana mayor de la UCR ratificó la Alianza como su proyecto, pero en la reunión donde se aprobó el documento se deslizaron críticas contra «Chacho» Alvarez que Alfonsín amortiguó.

Una prueba de fuego es la renovación del gabinete nacional como parte de esa tenue oxigenación que viene del Parlamento.

Nadie sabe qué pieza moverá el Presidente. Ni Alvarez, con quien se confió en su momento como se conformaría el primer equipo, conoce qué consultas se hacen si realmente las hay.

No parece evitable la salida del ministro de Trabajo, Alberto Flamarique: Alvarez no lo defenderá, salvo que a él no lo acompañe el titular de la SIDE, Fernando de Santibañes. Pero habrá más que dos idos. El titular de Educación, Juan Llach, ya anticipó su retiro, tras su fracasada idea de un nuevo pacto federal para la educación.

De la Rúa ha querido detener desde el exterior las especulaciones, negando que habría relevos.

En medio de la conmoción, la Iglesia Católica en su gran ceremonia por el Jubileo, dio mensajes hacia dentro y hacia fuera de ella.

Para los fieles, la reivindicación del Concilio que piloteó Juan XIII, avala las posturas del ala progresista.

Y para la sociedad aunque avanzó con su autocrítica por la lamentable actividad de muchos de sus obispos bajo la dictadura militar y dice más cosas que en el pasado, sobre complicidades, ubica en un mismo plano a los milicianos que al terrorismo de Estado, y no menciona la palabra «desaparecidos».

Así luce el país: progresos democráticos, pero no tanto.

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