Fidel en la Cumbre del Milenio
por Niko Schvarz
astaron dos escuetas cuartillas, cuya lectura no insumió los 5 minutos destinados a cada uno de los 153 jefes de Estado y de gobierno presentes. Impactó el tono de sus palabras, pronunciadas en el centro neurálgico de la mayor potencia imperialista y cabeza visible del actual mundo unipolar. Sus proyecciones desbordan ampliamente el círculo de los correligionarios ideológicos del líder cubano. Este explicó en forma didáctica la crisis mundial, reponsabilizó a los culpables y llamó a una lucha sin fronteras para cambiar una situación insoportable para la mayoría de la humanidad.
La división del mundo
Una visión abarcadora del planeta revela que el 80% de sus más de 6 mil millones de habitantes vive en la pobreza y sufre la injusticia. «En nuestro mundo reina el caos dentro y fuera de fronteras. Leyes ciegas son presentadas como normas divinas que traerán la paz, el orden, el bienestar y la seguridad que tanto necesita nuestro planeta. Tres decenas de países desarrollados y ricos que monopolizan el poder económico, tecnológico y político, se reúnen aquí con nosotros para ofrecernos más de las mismas recetas que han servicio sólo para hacernos cada vez más pobres, más explotados y más dependientes».
Esta dramática situación tiene un origen histórico: «No puede olvidarse que el subdesarrollo y la pobreza actuales son la consecuencia de la conquista, la colonización, la esclavización y el saqueo de la mayor parte de la Tierra por las potencia coloniales, el surgimiento del imperialismo y las guerras sangrientas por nuevos repartos del mundo. Hoy tienen la obligación moral de indemnizar a nuestros pueblos por el daño que les hicieron durante siglos».
Aquí está abocetado el gran tema de la conquista y colonización de varios continentes, que en nuestra América fue vivamente recordado en su 500° aniversario; la culpabilidad del imperialismo en las guerras que ensangrentaron el planeta, el problema de la deuda externa, inmoral e impagable, que en estas latitudes vuelve a primer plano y motiva acciones de lucha como el plebiscito brasileño.
La soberanía frente al hegemonismo
En el cuadro mundial globalizado, concentró la atención el firme planteo de Fidel Castro en defensa de la soberanía nacional frente a la potencia hegemónica. El siguiente párrafo fue destacado a justo título: «El principio de la soberanía no puede ser sacrificado en aras de un orden explorador e injusto en el que, apoyada en el poder y la fuerza, una superpotencia hegemónica pretende decidirlo todo. Eso Cuba no lo aceptará jamás».
Cambios en el Consejo de Seguridad
Al reclamar cambios radicales en la integración del Consejo de Seguridad y la eliminación del poder de veto, así como en las funciones de la Asamblea General en casos de uso de la fuerza, el líder cubano se hizo eco de un clamor que se ha ido generalizando en los últimos años. El presidente Hugo Chávez informó que a ese respecto se alcanzó amplio consenso en la Comisión Nº 3 de la Cumbre. No es para menos. La ONU se creó hace 55 años, cuando pocos países eran independientes. La revolución anticolonialista, consecuencia de la II Guerra Mundial, hizo surgir a la vida soberana a naciones que ocupaban continentes enteros. Hoy han madurado las condiciones para poner en práctica los cambios en la organización internacional que Fidel Castro sintetizó así: «Convertirla (a la ONU) en un órgano que represente verdaderamente los intereses de todos los pueblos del mundo sin que exista para nadie el irritante y antidemocrático derecho de veto, e iniciar un sano proceso que implique la ampliación del número de miembros y la representatividad del Consejo de Seguridad como un órgano ejecutivo subordinado a la Asamblea General, la cual debería tomar las decisiones en temas tan vitales como la intervención y el uso de la fuerza».
El asesinato de miembros de la misión de paz de la ONU en Timor por parte de milicias (es decir, el propio ejército) de Indonesia simultáneamente al desarrollo de la Cumbre, puso un trágico subrayado a este tema. Claro está, no se trata sólo de las misiones de paz de la ONU, sino de su sustitución por las tropas de la OTAN, que perpetraron las masacres de la guerra del Golfo en 1991 y de Kosovo en 1999.
La lucha por lo imposible
La humanidad no merece este destino. Máxime cuando «nuestra especie ha adquirido conocimienots, valores éticos y recursos científicos suficientes para marchar hacia una nueva etapa histórica de verdadera justicia y humanismo».
No puede mantenerse un orden universal caracterizado por: a) la pervivencia de enfermedades milenarias en los países del Tercer Mundo como la malaria o la tubeculosis y nuevas epidemias tipo sida que amenazan de extinción a poblaciones enteras; b) la destrucción de la naturaleza y de recursos vitales no renovables, empezando por el agua; c) la acción de voraces especuladores que intercambian monedas, acciones y otros valores reales o ficticios por montos diarios exorbitantes; d) el crecimiento de los gastos militares y de sumas ingentes derrochadas en lujos mientras mucha gente sobrevive con menos de 1 dólar diario. En tal sentido, el papel de la ONU consiste en «salvar al mundo no sólo de la guerra sino también del subdesarrollo, el hambre, las enfermedades, la pobreza y la destrucción de los medios naturales indispensables para la existencia humana».
Resulta imperioso cambiar a fin de alcanzar normas justas para regir los destinos humanos. Y para quienes lo juzgan imposible, revive el viejo lema del 68: «Â¡Nuestra convicción es que la lucha por lo imposible debe ser el lema de esta institución que hoy nos reúne!».
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