El presidente Néstor Kirchner frena reforma del Código Penal
El proyecto pretendía incorporar asuntos calientes como el aborto, la eutanasia, tipificación de violación y abuso, imputabilidad de menores, prescripción derogación de la pena perpetua y nuevos enfoques respecto del delito, lejos de la línea «dura» que brota con los hechos de violencia frecuentes.
El sustento teórico de la reforma al Código Penal fue elaborado por una comisión de juristas que encabezó el secretario de Política Criminal, Alejandro Slokar, y tendía a acabar «con la imagen de que la única respuesta contra el delito sea el incremento de las penas».
El ministro de Justicia, Alberto Iribarne, aprovechó un encuentro entre ministros y los senadores nacionales del justicialismo para pedirles que congelen la iniciativa que redactaron lo más granado de los especialistas argentinos pero que generó de inmediato la oposición de sectores conservadores partidarios de endurecer las penas y de la Iglesia Católica porque permitiría el aborto durante los primeros tres meses de embarazo y en cualquier momento si es producto de una violación.
Además, el proyecto eliminaba el castigo a quien tenga o produzca drogas para uso personal o avanzaba además respecto de los menores, hoy en el cuadro de marginación y miseria que los tiene como activos en delitos de todo tipo. Prevé, la reforma, que entre los 16 y 18 años tendrán una pena máxima de 5 años. Y entre los 14 y los 16 años tendrían una pena máxima de 3 años.
El especialista en Derecho Penal y catedrático de la Universidad de Castilla, Manuel Terradillos, de paso por Buenos Aires hace poco, citó al jesuita español, Antonio Beristain, catedrático él también, pero en su caso emérito de San Sebastián, para reforzar a la denominada corriente garantista de la Justicia: «Un país más seguro no es el que tiene más presos, sino el que tiene menos delitos», sentenció durante una entrevista exclusiva a la agencia Télam. Lo único que se logra con el aumento de penas, «es tranquilizar la conciencia de aquellos que en nombre de pedir justicia, lo que en el fondo hacen es pedir venganza». afirmó.
«A las víctimas vamos a respetarlas, a asistirlas, a articular mecanismos de apoyo, de ayuda, de resarcimiento, y hay que ser proporcionalmente justos, pero de ninguna manera pueden ser ellas las que definan la política criminal, sino las autoridades competentes», aseguró el especialista.
Hace dos días se inició el proceso a los asesinos del joven Axel Blumberg, muerto por sus secuestrados, dos años atrás. Su padre, el ingeniero Juan Carlos Blumberg, encabeza desde entonces la línea de endurecer penas, construir más cárceles y otras medidas en esa dirección, como manera de frenar el delito que para otros sectores obedece a causas económico-sociales profundas. Blumberg amenazó con llevar una multitud frente a la Casa Rosada si las reformas penales avanzaban. Ãl logró cuando la sociedad impactada por el asesinato de Axel, reunir a multitudes y sintetizó, en cierto modo, el miedo en vastas capas sociales, frente a la delincuencia..
Otras incorporaciones al Código Penal actual, sancionado en 1921, y que sufrió más de 900 pequeñas modificaciones, que en cierta manera limaron su coherencia, son puniciones por genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los delitos que pervierten el aparato del Estado por encima de los ciudadanos, como por ejemplo la tortura, severas medidas para los delitos de «guante blanco» (corrupción).
Tanto por la necesidad de mayores consultas, pero sobre todo para no generar nuevas tormentas conflictivas, particularmente con la Iglesia, pero además con una opinión pública sensibilizada por la nueva escalada de delitos que hacer oír reclamos por más penas, nuevas cárceles y hasta pena de muerte sin fuera posible, mejor pareciera ser el criterio oficial, desensillar hasta que aclare.
O dejar que se llegue a las presidenciales de 2007, sin debates de tanta confrontación, como se puede observar. *
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