Castró habló en la Iglesia
Nueva York, ANSA, PL
Permanentemente vivado e interrumpido por los aplausos, Fidel –cuyo acto comenzó una hora más tarde y finalizó a la madrugada– responsabilizó a las naciones ricas y poderosas de la tierra, porque «estamos entrando en el siglo XXI, y lo haremos en condiciones extremadamente más duras para el mundo».
En una de sus denuncias de abuso de los países ricos, con estadísticas a la vista, dijo que en los últimos 18 años los países pobres habían pagado unos US$ 2,4 billones de intereses, por una deuda en el mismo período de US$ 3,4 billones de dólares.
Castro, vistiendo su traje de combate color verde oliva, afirmó a la multitud que «me siento satisfecho de mi comportamiento respetuoso y civilizado con el presidente del país que ha sido anfitrión de la Cumbre», sobre su ocasional saludo con Clinton.
Fue la primera vez que Castro habló públicamente del debatido encuentro entre los dos líderes al final del almuerzo de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, en el marco del histórico encuentro que reunió a más de 160 reyes, presidentes y premiers del mundo.
Como los millares de admiradores de Cuba y Castro que anoche estuvieron dentro y fuera de la Iglesia de Harlem, el apretón de manos con Clinton, el primero que el líder cubano tiene desde el triunfo de la revolución, hace 41 años, y alguno de los anfitriones de la Casa Blanca: Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan y Bush.
Dijo que «terminado el almuerzo que ofreció el secretario general de la ONU, una vez que concluyó la sesión inaugural de la Cumbre del Milenio, se nos indicó a todos marchar hacia un local para la foto oficial (…), por cortesía el presidente iba dándole la mano a cada uno (de los jefes de Estado).
«… yo no podía salir corriendo para evitar pasar por aquel punto; él tampoco podía hacerlo.
Habría sido vergonzosa cobardía de ambos (…) en cuestión de dos minutos llegué al punto por donde debía pasar delante de él. Igual que los demás me detuve unos segundos, y con toda dignidad y cortesía lo saludé; él hizo lo mismo, y seguí adelante. Habría sido extravagante y grosero hacer otra cosa. Todo duró menos de 20 segundos», afirmó Castro.
El agasajo a Castro y a su comitiva, que la Iglesia Riverside, un impresionante templo gótico francés, con capacidad para casi 3.000 personas que anoche se llenó exclusivamente por invitación, reveló la intensa labor que este grupo de la Iglesia negra de Estados Unidos cumple contra el embargo.
Castro sostuvo que «vine a Harlem porque sabía que aquí iba a encontrar a mis mejores amigos» y la multitud estalló al grito de «Fidel, Fidel, Fidel» y el líder cubano se estrechó en un abrazo con los congresistas y ministros religiosos.
La multitud también saludó a Castro por sus 74 años, cumplidos en agosto, y la Iglesia cantó un emotivo «Happy Birthday, Fidel». Al aludir a los numerosos intentos por asesinarlo, el líder cubano agradeció y dijo que «es sólo por un milagro que yo haya sobrevivido todos estos años».
El acto también contó con las ardientes intervenciones de dos congresistas estadounidenses, José Serrano (hispano de El Bronx) y Maxine Waters (del caucus demócrata negro de la Cámara de Representantes), con el actor Danny Glover y relevantes dirigentes comunitarios.
También la reverenda Joan Brown Campbell, ex presidenta del Consejo Nacional de Iglesias y activa en la devolución del menor náufrago cubano Elián González a Cuba, y el reverendo Lucius Walker, de Pastores para la Paz, firmes oponentes del embargo económico y financiero de 38 años de Estados Unidos contra Cuba.
La Iglesia de Riverside es una institución que jugó un papel primordial en los movimientos a favor de los derechos civiles en los 60.
Al frente de su púlpito, el reverendo Martin Luther King habló contra la guerra de Vietnam, y fue el primer punto de visita cuando el líder sudafricano Nelson Mandela fue liberado de una década de cárcel.
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