Pesca y petróleo actualizan el interés por el Atlántico Sur

Las Malvinas vuelven a tensar las relaciones con Gran Bretaña

Llamativamente, el Foreign Office remitió a la OEA y Naciones Unidas notas donde replica con severidad a los últimos movimientos diplomáticos de la Argentina en esas y otras instancias a favor de avanzar en la negociación bilateral con el objetivo final de que los territorios insulares del extremo sur, vuelvan a la esfera de la soberanía nacional.

El mensaje de Londres es claro: no negociará la soberanía de esos territorios insulares a menos y hasta que los isleños lo deseen.

Este paso diplomático británico fue confirmado por su canciller Geoff Hoon, al diario Scotland on Sunday, que en su última edición informó que «ministros» de ese país se contactaron con ONU y OEA para dejar asentado que Londres reafirmaba lo que considera su derecho de soberanía sobre Malvinas.

La esencia del mensaje inglés es subrayar que el principio de autodeterminación subyace a la posición del gobierno de Tony Blair. Pero es solo una argucia: el Reino Unido, tras la guerra desatada por Buenos Aires en abril de 1982, cuando intentó recuperar Malvinas, otorgó a los nacidos en esas islas la ciudadanía británica, por tanto, el principio de autodeterminación carece de sentido político.

El gobierno de Néstor Kirchner (y el Parlamento argentino) colocó la cuestión Malvinas entre sus prioridades de política externa con acento en llevar la cuestión a todos los foros internacionales. En el comité de Descolonización de la ONU, recientemente, el canciller Jorge Taiana volvió a realizar un fuerte reclamo para que se reanuden las relaciones bilaterales según una resolución que data de 1966.

De paso digamos que dicho Comité estuvo a punto de ser disuelto a petición de Rusia, como manera de aligerar los gastos de las Naciones Unidas y por no quedar ya prácticamente asuntos de colonialismo por resolver. Una gestión ante Moscú, frenó por ahora esa propuesta.

Se observa también al endurecimiento de la administración Kirchner contra la serie de medidas que desde fines de la guerra de 1982 el Reino Unido viene adoptando sobre todo en torno a dos recursos naturales clave en aguas de las islas: pesca y petróleo. Desde los años 70, la idea de un Kuwait en los fondos del Atlántico Sur, modificó el interés inglés por las islas. El British Geologicl Survey anunció la presencia de una zona de exploración de petróleo de 200 millas alrededor de las islas en 1993 y los primeros sondeos sísmicos sugieren la posibilidad de reservas sustanciales capaces de producir 500.000 barriles de petróleo por día; hasta la fecha no ha sido identificado ningún sitio explotable.

 

El futuro del petróleo

Se considera potencialmente muy rica en recursos minerales la extensa plataforma submarina de Namuncurá (o Woorwod) al sur del archipiélago en cuestión.

El alto costo de la explotación petrolera en la zona, no brindó las satisfacciones aguardadas. Modificaría la situación la tenencia alcista del barril de petróleo el nuevo interés de Londres y Buenos Aires por la posibilidad de reanudar la explotación marítima.

Ayudará a entender mejor la rispidez actual la nueva tónica que los isleños le otorgan a los permisos de pesca ya que se los prolongan hasta 25 años. La Argentina rechazó a la «disposición ilícita y unilateral del Reino Unido», como calificó la decisión de Londres de otorgar licencias pesqueras. Los «kelpers» gozan de un envidiable ingreso per cápita gracias a los impuestos que oblan las companías pesqueras, que incursionan con frecuencia en aguas de jurisdicción argentina y depredan especies como la del calamar ilex. El PBI per cápita llega a 42.447 dólares.

A la Argentina le importa que la explotación de los recursos pesqueros y eventualmente de los hidrocarburos la tenga como parte de los negocios, mientas sigue adelante con sus reclamos de soberanía.

Un mes atrás el canciller Jorge Taiana volvió a solicitar al secretario general de la ONU, Kofi Annan, que interceda para lograr que Londres se siente a negociar la soberanía del archipiélago. Entonces arremetió ante el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, contra el nuevo régimen de pesca que el gobierno de las islas ya ha puesto en vigencia.

Más firme que sus antecesores en la causa Malvinas, Taiana también denunció lo que llamó «actos unilaterales» en torno a la exploración de hidrocarburos, vuelos aéreos y presencia militar en las islas. La gran base militar construida después de la guerra de 1982, a pesar de la caída del Muro de Berlín, sigue firme, con algo menos de personal pero como vigía a toda Sudamérica. *

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