Naciones Unidas necesita una transformación democrática
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial en el mundo se han producido vertiginosos cambios geopolíticos y adelantos tecnológicos pasmosos, pero nuestro sistema internacional de gobierno fracasó en cuanto a ir al paso de los tiempos.
Ahora, 60 años después, cuando la humanidad enfrenta desafíos globales de solución cada vez más difícil en un mundo profundamente interdependiente, resulta obvia la necesidad de respuestas colectivas. Muy simplemente, los desafíos globales del siglo XXI requieren instituciones globales de gobierno capaces de hacerles frente de un modo democrático y efectivo.
En su actual forma la Organización de las Naciones Unidas (ONU) está mal dotada para promover los mejores intereses de la humanidad. Como la institución intergubernamental que es, la ONU proporciona un foro para tratar los asuntos globales, pero sólo para los estados miembro a través de sus gobiernos representativos. La ONU fue creada para unos tiempos en los que las crisis en una parte del mundo no afectaban necesariamente los intereses nacionales en otras partes del planeta, pero la globalización ha cambiado esto de una vez por todas. Actualmente, una crisis en cualquier parte es una crisis en todas partes.
El poder de veto de los miembros permanentes en el Consejo de Seguridad es el ejemplo más notorio de las bases nacionalistas sobre las que se construyó la ONU. Con este poder de veto, un solo miembro puede bloquear la iniciativa que fuere, por cualquier razón o sin razón alguna.
El privilegio del veto para los cinco miembros permanentes es anacrónico y, de no ser eliminado enteramente, por lo menos debería ser reservado sólo para circunstancias verdaderamente excepcionales. El poder de veto no debería, por cierto, ser extendido a potenciales nuevos miembros permanentes sino que, al contrario, su ejercicio debería ser fuertemente desalentado por todos los estados miembro y finalmente eliminado.
En relación con la selección del Secretario General se puede argumentar que el veto nunca se estableció con la finalidad de ser usado en este contexto. Además, el proceso de selección debería ser abierto a la Asamblea General y a la sociedad civil. Debería incluir pasos para asegurar la selección de la mujer o del hombre más calificado para ocupar ese cargo.
Algunos estados miembro ven a las organizaciones no gubernamentales (ONG) como antigubernamentales y no como socios necesarios capaces de proporcionar conocimientos y legitimidad a los procesos de la ONU. La tendencia es preocupante para la sociedad civil, pero también proporciona nuevas oportunidades para una participación más efectiva y mejor enfocada de las ONG a nivel de la Asamblea General. Por su parte, la sociedad civil debe reconocer su propio déficit en materia de transparencia y responsabilidad y adoptar nuevos códigos internacionales de conducta.
Los objetivos del Consejo Social y Económico de la ONU (Ecosoc) se ven regularmente frustrados por las políticas de facto independientes del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Mientras Ecosoc es impotente para hacer cumplir sus reglas, aquellas organizaciones no lo son, lo que permite a los siete países más poderosos que las controlan dictar modelos económicos reñidos con los objetivos de Ecosoc.
El sector privado necesita ser persuadido de entrar en una colaboración sincera con los gobiernos, las instituciones internacionales y la sociedad civil en el bien entendido de que tal colaboración beneficiará a todos. Algunas de las más urgentes cuestiones de interés común incluyen los derechos humanos, la erradicación de la pobreza, el cambio climático, la producción y el consumo responsables y las migraciones. No se puede permitir que el mercado siga dictando las políticas económicas y sociales. Hacen falta nuevas reglas para gobernar los flujos internacionales de capitales, el comercio, los mercados y las corporaciones internacionales.
La igualdad de géneros y la atribución a las mujeres de poderes similares a los de los hombres debe figurar de modo importante en todos los aspectos de la reforma de la ONU. La actualmente extendida exclusión de las mujeres de las listas de altos funcionarios de las instituciones internacionales es vergonzosa y contraproducente.
Ante todo, lo que hace falta es un cambio en la conciencia a escala internacional. Ello es esencial para que la ONU logre una transformación profunda y democrática que permitirá a la humanidad hacer frente con eficacia a los nuevos desafíos del siglo XXI. La sociedad civil ha ayudado tradicionalmente a producir grandes cambios sociales y continuará haciéndolo en los años venideros. *
(*) Kumi Naidoo, Secretario General de Civicus: Alianza Mundial para la Participación Ciudadana. Exclusivo de IPS.
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