Desencuentros y renuncias abonaron la decisión de la diputada nacional

Elisa Carrió se aleja de la conducción de su partido, la ARI

Carrió fue preparando el terreno para esta nueva situación que no se sabe si es una manera de aplicar ese estilo con que Mao Tse-Tung desató su Revolución Cultural o si por el contrario, va en busca de tener manos más libres para promover acuerdos con personalidades de centro-derecha para avanzar con su candidatura presidencial. A ese objetivo, declaró ayer, no abandona.

Casi al mismo tiempo, presentó su renuncia al ARI y a la conducción de la bancada de diputados porteños, Fernando Melillo, luego de un largo proceso de diferencias con Carrió, sobre todo frente al rumbo general del gobierno de Néstor Kirchner.

La diputada nacional bajó la línea de oposición sistemática y elevó el tono muy severo frente al Presidente, al que calificó de «fascista». Para algunos distritos del ARI, esa definición no se compadece con la realidad y el mencionado Melillo en cierto modo lo dice en su carta-renuncia al Partido. Más aún, él quiere trabajar para ampliar coincidencias con sectores del progresismo, entre ellos, el socialismo y varios alcaldes que se sienten identificados en ese espacio. Todavía más, no cree que no se pueda apoyar algunas de las políticas del oficialismo. Por lo pronto formará un bloque unipersonal en la Legislatura porteña. Al poco de asumir Kirchner, algunas figuras muy allegadas a Carrió, decidieron aceptar integrar el gobierno nacional, entre ellas, Graciela Ocaña, que lleva adelante una feliz gestión al frente del PAMI, la gran obra social de los jubilados, o Rafael Romá, que es actual embajador argentino en Paraguay.

Carrió los descalificó y acusó a Kirchner de cooptar a sus dirigentes o de querer vaciar al ARI. Ocaña, por caso, justificó su pase al oficialismo por las coincidencias programáticas existentes entre el kirchnerismo y ARI. «Fui al PAMI ha hacer lo que pensábamos si llegábamos al gobierno», manifestó Ocaña en esa oportunidad.

 

La más dura enemiga de Kirchner

Con todo, el mayor choque lo acaba de tener Carrió con una de sus preferidas, la diputada nacional Marcela Rodríguez. Fue durante el reciente debate en la cámara baja que aprobó autorizar a los hospitales a practicar, a quien lo solicita y gratuitamente, la vasectomía o anudar las trompas de Falopio, como método anticonceptivo.

Mientras Rodríguez batalló por aprobar la idea, Carrió se le enfrentó en el debate y, además, no se quedó en el recinto al momento de votar el proyecto que fue aprobado con la excepción de algunos grupos conservadores o clericales.

Carrió no ocultó nunca su oposición al aborto, aún para casos de violaciones, y hace gala de su religiosidad.

Una cruz de proporciones, que cae sobre su pecho la acompaña casi siempre cuando se presenta en TV o en los debates parlamentarios.

¿Qué es lo que hizo crisis, en definitiva? ¿Siente Carrió que su pregón no cala hondo? Ningún dirigente político argentino hace tanto como la diputada nacional para mejorar la formación de los cuadros de su partido y aliados. Para ese menester creó la Fundación Anna Arendt, donde la formación política y filosófica es fundamental y además, promovió el Instituto de Formación para la Gestión Pública, una verdadera Escuela de Gobierno. Pero, ya se ve, eso no conduce al alineamiento incondicional.

Carrió no quiere convenios con los partidos tradicionales, pero tampoco es proclive a acordar con el socialismo. Por caso, en la provincia de Santa Fe, el ARI local está a punto de romper con Carrió por su oposición a respaldar para gobernador al socialista Hermes Binner, hoy al frente de cualquier encuesta.

Acaso la pista de esa negativa la da su propensión a convertir a Enrique Olivera, un ex radical ladeado hacia el centro-derecha, como pretendiente, el año próximo, a la jefatura de gobierno porteño. Melillo se fue, entre otras cosas, por esa persistencia.

Como se van desplegando los acontecimientos, Carrió se desliza a acordar con figuras del centro o centro-derecha para implementar un Polo Republicano, basado en las debilidades de calidad institucional que la oposición en general y ella en particular acusa a la actual administración.

La base política del ARI tiene trayectoria en la lucha social y dentro del progresismo. Esta contradicción ha comenzado a estallar y sobre ella trabaja el kirchnerismo con su persistente llamado a la «concertación plural». Veremos. *

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