Líderes del mundo se comprometen a reducir la pobreza en 2015

Acuerdo de ricos y pobres

Naciones Unidas, ANSA

La Declaración del Milenio de la cumbre de la ONU es una suma de expresiones optimistas que concuerda con el espíritu de la reunión: una impactante cantidad de líderes mundiales que podían ponerse de acuerdo solamente en cuestiones muy básicas de la problemática de la humanidad.

La histórica cumbre se cerró con un documento en el cual los países miembro «reafirman» su «fe en la organización» de las Naciones Unidas, una institución que, sin embargo, viene recibiendo crecientes críticas, en especial alrededor de uno de sus brazos ejecutivos más complejos, el Consejo de Seguridad.

A pesar de ello, y como no podía ser de otra manera, los líderes mundiales dijeron que siguen creyendo en las Naciones Unidas y su Carta como «cimientos indispensables de un mundo más pacífico, próspero y justo».

En un terreno más concreto, los presidentes, primeros ministros, príncipes y otros mandatarios presentes en Nueva York para la agitada reunión de tres días acordaron ponerse como objetivo «reducir a la mitad, en el año 2015, el porcentaje de habitantes del planeta cuyos ingresos sean inferiores a un dólar por día y el de quienes padezcan hambre».

«Igualmente, para la misma fecha, reducir a la mitad –continúa el texto– el porcentaje de personas que carezcan de acceso a agua potable o que no puedan costearlo».

Otro de los temas que se habían planteado desde el principio como preocupación fundamental de la cumbre fue el de las enfermedades. En ese sentido, la Declaración del Milenio espera que para ese acariciado año 2015 «habremos detenido y comenzado a invertir la propagación del VIH/sida, el flagelo del paludismo» y otros graves males que afligen a la humanidad. En un terreno más delicado, el de la economía, el documento hace promesas más ambiguas, como corresponde a un texto acordado entre naciones ricas cada vez más ricas y países pobres cada vez más pobres. «Estamos decididos a abordar de manera global y eficaz los problemas de las deudas de los países de ingresos bajos y medios», dijeron los líderes mundiales, «adoptando diversas medidas a nivel nacional e internacional para que su deuda sea sostenible a largo plazo».

«Estamos empeñados en hacer realidad para todos el derecho al desarrollo y en liberar a toda la especie humana de la necesidad», agregaron en un párrafo más general.

El documento dedica un importante capítulo a «la paz, la seguridad y el desarme», proponiéndose «robustecer el imperio de la ley en los asuntos internacionales y nacionales».

Los dirigentes dejaron por escrito también su voluntad de «mejorar la eficacia de las Naciones Unidas en lo tocante al mantenimiento de la paz y de la seguridad», para lo cual se comprometieron a dotar a la ONU de «recursos e instrumentos» para la prevención de conflictos y la «resolución pacífica» de los diferendos entre naciones».

En menciones desprovistas de señalamientos más concretos, el documento expresa también la necesidad de «adoptar medidas concertadas contra el terrorismo internacional» y «redoblar esfuerzos» ante «el problema mundial de la droga».

Durante las tres jornadas de la cumbre, los países más desarrollados expresaron en general elogios al creciente fenómeno de la globalización, o «interdependencia» de las naciones, como prefiere llamarlo el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton.

Los menos favorecidos, en cambio, se refirieron a la acuciante pobreza o a las consecuencias de problemas como el tráfico de drogas.

Un diplomático cubano comentó hoy que el discurso del presidente Fidel Castro tuvo una «muy buena acogida» en las Naciones Unidas. Probablemente porque el tono de las palabras del líder cubano, casi «exculpado» aquí de sus pecados gracias a su estatura de estadista y al color legendario que lo rodea, reflejó lo que cada vez más dirigentes y funcionarios piensan de las Naciones Unidas.

El martes, en su aplaudido discurso, Castro describió la cumbre como un foro donde «tres decenas de países desarrollados y ricos que monopolizan el poder económico, tecnológico y político se reunen para ofrecernos más de las mismas recetas que han servido sólo para hacernos cada vez más pobres, más explotados y más dependientes».

Muchos de los presentes no suscriben la posición política e ideológica de Castro, pero también muchos asintieron cuando el presidente cubano se refirió a «las mismas recetas».

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