El gobierno de Ehud Olmert "ha perdido la razón"

La escalada militar israelí

UN DOCUMENTAL francés muestra la cruda realidad de Gaza. La central eléctrica y los puentes están destruidos, el ministerio de Interior incendiado. No hay electricidad ni agua corriente ni combustible. Un taxista dice que no puede trabajar y alimentar a su familia. Los pobladores se quedan en sus casas por temor. Las calles están desiertas.

 

Toda la población de Gaza como rehén

El gobierno israelí justifica estos actos de barbarie por el deseo de que devuelvan al joven secuestrado. Este se encuentra en buenas condiciones. El 58% de la población israelí es partidaria de que se efectúe el intercambio del soldado por los jóvenes y mujeres palestinos presos en cárceles israelíes (que, al igual que los restantes prisioneros, unos 600 en total, no han sido sometidos a juicio alguno y perviven en condiciones infrahumanas, en todo igual a Guantánamo). Al negarse a considerar esta propuesta, el gobierno de Olmert toma a toda la población de Gaza como rehén.

El índice de pobreza alcanza en Gaza al 78% de la población y según Unicef, en los hospitales la tercera parte de los niños que fallecen por enfermedades banales podrían curarse si tuvieran acceso a remedios, médicos e instrumental sanitario.

Por añadidura, Israel ha bloqueado de manera ilegal las transferencias fiscales que deben llegar al gobierno palestino, y por esa causa desde hace cuatro meses los funcionarios estatales no cobran. Es sobre esta situación que ha incidido la ofensiva militar desplegada por el Tsahal, que una crónica desde el lugar describe así: «La única central eléctrica ha sido el primer objetivo bombardeado, dejando la región a oscuras y abriendo las puertas, en un verano tórrido, a una crisis sanitaria.

Los helicópteros Apache han destruido tres puentes en la principal carretera. Decenas de tanques han ocupado el ex aeropuerto de Dahaniya. Otras dos columnas han entrado desde el sur de la Franja, que ha sido repetidamente bombardeada. Un avión Mirage mató a un dirigente de la brigada Mártires de Al Aqsa. Una acción contra un auto dejó tres palestinos heridos. Otros tanques cercan el norte de la Franja».

 

Terrorismo de Estado

En esta espiral de sangre, en la semana anterior al secuestro del cabo Shalit, que fue seguida por la muerte de otro colono israelí, bombardeos e incursiones israelíes habían provocado la muerte de 14 civiles palestinos, entre ellos niños y una mujer encinta, a los que se suma el exterminio de los nueve miembros de la familia Ghalia en la playa de Gaza. Dice un cable: «Las imágenes de la niña Hula Ghalia que llora abrazando el cadáver de su padre han dado la vuelta al mundo transformándose en un símbolo del terrorismo de Estado israelí». Según Amnistía Internacional este año el ejército israelí asesinó a por lo menos cien civiles, entre ellos 30 niños, sólo en la Franja de Gaza, donde en los últimos tres años han sido muertos 800 civiles, a lo que se agregan las ejecuciones extrajudiciales, de las cuales Israel se vanagloria.

Además están los palestinos detenidos en las cárceles israelíes sin ninguna acusación formal, en lo que se ha denominado el Guantánamo israelí. De paso sea dicho, la Corte Suprema de EEUU le dio un bofetón a Bush al dictaminar que los presos en Guantánamo no pueden ser juzgados por tribunales militares, por lo cual el presidente violó la Convención de Ginebra, afirmación sumamente importante. Pero los presos palestinos en Israel siguen en el limbo.

Por si fuera poco, el ministerio del Interior israelí anuló el estatuto de residentes en Jerusalén este (que es territorio palestino) a un ministro y a tres diputados palestinos, alegando que pertenecen a Hamas, lo que fue calificado como una «decisión sin precedentes».

 

El verdadero objetivo

El real objetivo de la escalada israelí es recolonizar la franja de Gaza y derribar el gobierno de Hamas. Sostiene el diario Yediot Aharonot: «Israel tiene una ocasión única de terminar con Hamas.

Es por eso que su objetivo no es solamente liberar a Shalit sino erradicar el gobierno de Hamas», mientras Haaretz acusa al gobierno israelí de «haber perdido la razón» al iniciar «una escalada militar carente de toda lógica».

La mejor prueba es que el secuestro masivo de gobernantes y dirigentes palestinos fue decidido hace semanas, obviamente antes del secuestro del cabo Shalit, y aprobado por el fiscal general Menahem Mazuz el 28 de junio. Inmediatamente se puso en marcha con detenciones en Ramalá, capital de Cisjordania, Kalkilia, Hebrón, Yenín y Jerusalén este. Todos los detenidos serán sometidos a la jurisdicción penal israelí.

El objetivo de Olmert, incluido en un Plan de Convergencia que procurará aplicar sin acuerdo con los palestinos y dejando de lado la Hoja de Ruta, consistiría además en anexar Jerusalén en su totalidad, así como grandes colonias ilegales en Cisjordania (dejando de lado algunas pequeñas), completando a la vez la construcción del «muro del apartheid» a pesar de que los organismos internacionales reclamaron su demolición.

Estas acciones despiertan una resistencia creciente de la comunidad mundial. Quizá la ONU se decida a hacer algo en la materia. *

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