Dos novelas de espionaje
Con el pretexto de la lucha contra el terrorismo el gobierno de EEUU se apropió en secreto y desde hace 5 años de los datos bancarios de miles de personas en todo el mundo. El tarro se destapó por revelaciones de The New York Times del viernes 23, y fue reconocido (y justificado) por el secretario y el subsecretario del Tesoro. En otro plano, quedaron confirmados hasta el hartazgo las detenciones secretas y los traslados ilegales de prisioneros por parte de la CIA en 14 países de Europa, con la particularidad de que esos operativos se efectuaron con la complicidad de los servicios de inteligencia de dichos países.
Espionaje financiero, telefónico y electrónico
Ya ha sido establecido que el gobierno de Washington practica en vasta escala las escuchas telefónicas y la intervención de los correos electrónicos. Todo en nombre de la lucha antiterrorista y bajo el paraguas de la Patriotic Act. Lo nuevo es que el gobierno de Bush se ha procurado el acceso a una base de datos de transacciones financieras privadas de gente que no tiene la menor relación con el terrorismo. El programa se puso en marcha después de los atentados del 11 de setiembre. Se hizo en secreto y sin orden judicial. Es lo que reveló el New York Times, y también el Washington Post, agregando que marchaba en paralelo con la intervención de llamadas telefónicas, correos electrónicos y otras comunicaciones, a cargo de la agencia secreta NSA.
Entonces apareció en pantalla el subsecretario del Tesoro para asuntos de inteligencia financiera y terrorismo, Stuart Levey, para defender ese mecanismo. El gobierno de Washington logró que la Sociedad Internacional para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias (SWIFT por sus siglas en inglés), con sede en Bruselas, le abriera a la CIA y al FBI sus archivos confidenciales. La empresa encauza anualmente miles de millones de transacciones bancarias entre unas 7.800 entidades de todo el mundo, y reconoció oficialmente que recibió la indicación del gobierno de EEUU de suministrarle información sobre sus actividades y clientes. Después del 11 de setiembre, Bush ordenó «investigar, regular o prohibir» cualquier transacción financiera extranjera relacionada con «una amenaza inusual o extraordinaria» y sobre esa base se intervino la citada base de datos, en la que constan los datos, número de cuenta y movimientos bancarios de los usuarios. Washington sostiene que el Banco Central Europeo estaba al corriente de los hechos.
Vimos por TV al propio secretario del Tesoro John Snow defender a ultranza este programa secreto, objetado fuertemente por quienes sostienen que es una invasión a la privacidad y puede hacer víctima a cualquier ciudadano de decisiones arbitrarias. El presidente Bush, el secretario John Snow y los legisladores republicanos se desataron en improperios contra el New York Times, quien defendió editorialmente su derecho a revelar la existencia del programa gubernamental de espionaje bancario.
La segunda novela de espionaje se relaciona con las detenciones secretas y los traslados ilegales de detenidos sospechados de terrorismo, a través de vuelos clandestinos de aviones de la CIA en 14 países europeos, llegando también a Africa y Asia. El completo informe del diputado suizo Dick Marty, integrante del Parlamento Europeo, traza un mapa señalizado de las escalas de los aparatos, las plataformas, los puntos de embarque y los traslados de los detenidos, involucrando a España, Italia, Alemania, República Checa, Polonia, Grecia, Turquía, Rumania, Suecia, Gran Bretaña, Irlanda, Chipre, Bosnia y Macedonia en Europa, y también a Egipto, Jordania e Irak. El informe presentado al respecto y debatido en el Consejo de Europa en Estrasburgo, señala que está demostrado que «agentes de servicios nacionales colaboraron en la entrega (a la CIA) y en el transporte de sospechosos de terrorismo».
El documento comprueba que EEUU «ha tejido una telaraña en la que cientos de personas, muchas de ella simples sospechosos, se ven atrapadas»: Agrega que «algunos países ayudaron conscientemente a EEUU a llevar a cabo esas operaciones ilegales y otros las toleraron o cerraron los ojos.
Se desplegaron muchos esfuerzos para que se mantuvieran en secreto», señala en conclusión, instando a los países a reexaminar sus relaciones con EEUU, sobre todo en relación a las fuerzas USA dislocadas en Europa y al uso de instalaciones militares.
Piénsese al extremo a que habrán llegado las cosas cuando el máximo órgano de justicia de EEUU desautoriza la conducta del gobierno de Bush respecto a los presos de Guantánamo. Cosas veredes… *
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