Haider venció a Europa
La coalición de las derechas firmó una Declaración de principios europeos y presentó su programa de gobierno que elimina, principalmente, los impuestos previstos bajo el precedente gobierno socialdemócrata (que estaba aliado con los conservadores), aumenta a tres anos la duración de las subvenciones familiares y anuncia una ola de privatizaciones para dinamizar la economía y financiar el pesado déficit presupuestario.
Entre los principios de la Declaración de valores europeos fundamentales proclamados también ayer jueves para tranquilizar a las críticas de los gobiernos de la UE figuran la adhesión a la democracia pluralista, la integración europea y la ampliación de la UE.
También se repudia claramente la xenofobia, el racismo y la discriminación y se declara que Austria reconoce la gravedad de los crímenes del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. «Austria asume sus responsabilidades frente a la funesta historia del siglo XX y los crímenes del monstruoso régimen nacional-socialista», precisa el documento.
Asimismo, el gobierno adhiere firmemente al papel protector del Estado frente a los ciudadanos necesitados de ayuda.
Entretanto, la presión se mantiene fuerte en Europa contra la formación de este gobierno a causa de la personalidad de Joerg Haider, acusado de simpatías pro nazis y de populismo.
Una primera acción concreta fue dada ayer mismo en París por el ministro francés de Defensa, Alain Richard, quien decidió «postergar» una reunión entre Francia y Austria consagrada a la defensa en Europa que debía celebrarse el martes próximo en Viena con participación de altos funcionarios civiles de la Delegación para Asuntos Estratégicos de la cartera de Defensa.
Los 14 gobiernos interlocutores de Austria en el seno de la Unión Europea (UE) decidieron suspender toda relación bilateral con Viena si el partido de extrema derecha de Joerg Haider ingresa al gobierno austríaco.
En Viena, una alta personalidad judía, Jean Kahn, presidente del Observatorio europeo de fenómenos racistas, se congratuló por el reconocimiento de la responsabilidad austríaca frente a los crímenes nazis durante la guerra mundial y, en cuanto a la actitud de la UE, proclamó que ésta «tiene un derecho, e incluso un deber de injerencia en los asuntos austríacos».
La injerencia de los países de la UE en la política interior de uno de ellos, como es el caso de Austria, es una innovación que aparece por primera vez en la historia de la construcción europea.
El gobierno de Israel llamó desde Jerusalén a los europeos el jueves pasado a formar un «frente europeo» contra Austria si se concretaba la alianza gubernamental de la derecha conservadora y la extrema derecha en ese país.
El presidente del consejo italiano de gobierno, el ex comunista Massimo D’Alena, proclamó en Roma que en el caso de Austria hay un «deber de injerencia».
En París, el Ministerio de Relaciones Exteriores hizo saber que la amenaza de aislamiento lanzada contra el gobierno de Viena es un mensaje para «todos los que quieran participar en la aventura europea», lo que se interpretó como una advertencia para los candidatos de Europa del Este a incorporarse a la Unión Europea.
Pero «el derecho» o «el deber» de injerencia en los asuntos internos de un país –condenada, aplaudida o proclamada, según las posiciones de unos y otros– no parece todavía salir de las brumas y cada cual va con su interpretación.
La última interpretación fue hecha ayer jueves en París: intervenir en los asuntos internos de Austria decidiendo aislar a este país no sería «una injerencia» porque se trataría de un «asunto interno» de la Unión Europea.
Tal fue la opinión del ministro francés delegado para los asuntos europeos, Pierre Moscovici, quien declaró que «no hay injerencia, porque para nosotros se trata de un asunto interno».
«En Europa no hacemos un gran mercado, no somos una comunidad de intereses, somos una comunidad de valores, yo soy francés y europeo al mismo tiempo», dijo Moscovici.
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