El Estado y sus secuaces
La vida en Londres y el resto de Inglaterra se congeló el martes 13 de junio exactamente a las 11:45 a.m. y no despertó sino hasta 60 minutos más tarde.
El hecho en cuestión no tuvo nada que ver con esa fecha de carácter supersticiosa, ni con el campeonato de fútbol que acapara la atención del país y del mundo. Lo que aconteció y llenó de estupor a la sociedad británica hasta la médula, fue la conferencia de prensa de los dos muchachos islámicos que fueron arrestados en Londres hace poco más de una semana con motivo de una sospecha terrorista.
Inmediatamente existen similitudes con el asombro que causó en la vida londinense y británica los hechos que rodearon la muerte del brasilero de Menezes hace casi un año. El polvo de ese acontecimiento ya parecía haberse asentado definitivamente. La policía parecía haber aprendido su lección.
Ayer en Londres la paz civil inglesa acaba de explotar otra vez. A diferencia de lo que pasó con el brasilero, los hermanos islámicos han hablando a la prensa.
«Lo primero que escuché fueron los gritos aterrados de mi hermano menor», arrancó Mohammed Kahar, 23, describiendo los eventos de la noche que terminaron con el arresto de toda su familia «salí en calzoncillos de mi cuarto y no veía nada. Después reconocí bultos que se movían y pensé que estábamos siendo asaltados».
La descripción de Kahar y de su hermano Abul Koyair, 20, parecen sacadas de las páginas de algún operativo antiterrorista en alguna república bananera de Latinoamérica. O, peor aun, recuerdan el golpeado de una puerta durante los años negros de la Gestapo europea.
«No escuché ningún llamado de atención o aviso de que era la policía quien había entrado en mi casa», continúa Kahar, «de pronto escuché un disparo y un enorme dolor en mi pecho.»
El allanamiento de la casa familiar de Kahar y Koyair ocurrió bajo sospecha policial y de inteligencia, que los hermanos eran integrantes de una célula terrorista islámica en posesión de una bomba biológica o química de producción casera.
«Somos gente de paz, una familia que sigue las reglas de la comunidad donde vivimos. Nos sentimos parte del East End de Londres y de Forrest Gate (zona de inmigrantes de origen islámicos y otras nacionalidades)», expresó el hermano menor Koyair «incluso yo estaba planeando unirme al servicio policial de mi barrio para ayudar a mantener la paz. Islam es paz. Somos gente normal.»
A medida de que se destapaban detalles del asalto a la casa y del arresto de todos los integrantes familiares, el mundo británico permanecía atornillado a sus asientos. Los órganos de prensa y comentaristas de televisión jamás habían pensado que iban a presenciar una conferencia de esta naturaleza en su propio país».
Un comentarista de la BBC expresó «esto es una denuncia asombrosa en contra de la forma en que la policía inglesa ha decidido hacer frente al reto terrorista. Las alegaciones son tremendamente impactantes y duras. La policía de Scotland Yard y Sir Ian Bair van a tener que dar muchas explicaciones. He quedado helado».
Entre los puntos que trataron los damnificados del asalto policial armado existen acusaciones de tremenda envergadura para el civilismo inglés. Las alegaciones de los hermanos y su familia incluyen:
– La existencia de una aparente campaña de desinformación a los medios por parte de individuos allegados a la policía o desde adentro de la policía mismo.
– En particular, la total falsedad de que uno de los hermanos había estado en una manifestación islamista unas semanas antes.
– La falsedad de que el disparo había ocurrido durante un altercado entre los hermanos.
– La realidad de que nadie dio aviso de que se trataba de un fuerte operativo policial.
– La madre, el padre, los dos muchachos y una familia vecina fueron arrancados de sus hogares en medio de la noche, maniatados de pies y manos, lanzados al piso y arrestados sin una sola palabra, aparte de un constante «Calla tu mierda boca» (Shut the fuck up) y los gritos de ¡Controlen la casa! ¡Controlen la casa!»
– Mohammed Kahar, además de ser disparado sin mediar palabra, fue tirado de un pie hacia abajo de las escaleras mientras su cabeza golpeaba contra los escalones. Una vez en la calle fue golpeado con una bota varias veces en la cara.
– El disparo no fue «en el hombro» como indicaron inicialmente sino en el medio del pecho. Por la posición del cuerpo, la bala salió por el hombro. Kahar tiene suerte de estar vivo.
– Médicos en el hospital fueron aparentemente presionados para permitir que Kahar fuese llevado a una sala de interrogatorio policial más temprano que necesario.
– Médicos en la comisaría donde eran interrogados fueron presionados para no darles medicamentos necesarios.
– Agentes policiales trataron de convencer a los hermanos de colaborar con el interrogatorio para escapar cargos severos que incluían más de 15 años de prisión.
– Incesantes preguntas si conocían a miembros de células terroristas internacionales como Al Qaeda y Jemaiah Islamiah.
– La pregunta, aparentemente ridícula, de que si eran miembros de la secta Ku Klux Klan.
Una semana más tarde y ante la incapacidad de aparecer con un mínimo de evidencia en su contra , Kahar y Koyair fueron liberados. «Todavía estamos esperando que alguien nos llame o venga a pedirnos disculpas».
«Nos metieron una bala a cada uno de los miembros de mi familia», terminó diciendo Kahar, «nuestra vida familiar ha sido destruida. No puedo dormir por las noches sin ayuda de medicamentos. Somos una familia de paz. Mi padre nos crió respetuosos de las normas británicas. Estamos en contra del terrorismo. Violaron mi hogar».
Se ha visto más de una vez en la historia de represiones urbanas. Es la incapacidad del estado de pensar con cabeza fría. Justamente, cuando las papas queman, los de cabeza más caliente, los más nerviosos y los más brutos, parecen tomar las riendas de la sociedad.
Horas después del operativo el premier britántico Tony Blair dijo que estaba «101% detrás de la policía». Kahar dijo, «me pregunto si hubiese estado 101% si hubiese sido su hijo el que recibió el disparo».
Es indudable que la policía inglesa se enfrenta a un peligro civil de indudable envergadura. Los hechos de Julio 7 del años pasado, cuando cuatro muchachos islámicos se explotaron en el subterráneo londinense con 52 víctimas y miles de heridos, así lo atestiguan.
Pero el civilismo inglés ha quedado atónito otra vez, como después de Julio 21, cuando un inocente fue acribillado a balazos. «¿Quién controla a la policía y a los servicios de inteligencia británicos?» es la pregunta que se hace más de un opinólogo profesional. *
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