Nuevo giro en el caso Elián tras las declaraciones de sus abuelas
La abuela paterna, Mariela Quintana, en declaraciones a la televisión estatal cubana, dijo, entre otras cosas, que mordió la lengua del nino y también le desabrochó la portanuela. Los parientes de Miami indicaron en un comunicado sentirse «profundamente molestos y perturbados… muy disgustados» de que las abuelas usaran ese precioso momento con Elián «para tratarlo de esta manera».
Este es el incidente más reciente en una guerra de palabras en relación con el nino, que ya lleva dos meses.
El hecho ocurrió durante la reunión celebrada la semana pasada en Miami entre el nino de seis anos y sus abuelas, quienes visitaron Estados Unidos, procedentes de Cuba, para ejercer presión con el fin de que sea devuelto a su padre en la isla.
Las diferentes interpretaciones del incidente, vistas en Cuba como muestras de afecto y no un abuso, subrayaron la agria división de una familia a ambos lados del estrecho de la Florida en torno a la custodia del nino que quedó huérfano de madre.
Quintana, al describir en la televisión cubana la reunión con Elián, dijo que el nino estaba triste y tímido al comienzo del encuentro, que se efectuó en casa de una monja de Miami.
La abuela paterna contó que en un intento por lograr que Elián entrara en confianza con ellas, le mordió la lengua y le abrió la portanuela para «ver si te han crecido tus partecitas».
Encuentro
Durante el lapso que estuvieron en Miami, las abuelas pudieron ver al nino, así como dialogar con la prensa y con alrededor de 70 congresistas para exponerles las razones que les asisten para pedir la devolución de su nieto y oponerse al proyecto de concesión de la ciudadanía norteamericana para él.
Las abuelas relataron que el nino las recibe de forma fría, aunque luego de mucho conversar y darle carino, lo sintieron más cercano a ellas, en particular en la despedida, por los fuertes abrazos y besitos que les dio a cada una dedicados a los demás miembros de la familia.
En los primeros momentos se mantuvo sentado sobre las piernas de Mariela, con los brazos hacia adelante y la carita triste. Hablaba muy poco y cuando lo hacía era en voz muy baja. Raquel indicó que ella sintió como si Elián tuviera miedo de que lo oyeran y de decir algo que no fuera conveniente, lo cual era perfectamente posible porque la prima Marisleysis se mantuvo en el segundo piso de la residencia de la monja, cerca de la habitación donde estaban.
Ellas contaron también que la esperada reunión familiar ocurrió en una habitación amplia, pero sin puertas, y que fueron constante e injustificadamente interrumpidas por una monja que hablaba espanol.
Cuando todo estaba más tranquilo, ella entraba y les decía que le pidieran lo que fuera, pues estaba allí para servirles, o llevaba refrescos y dulces que nadie solicitó ni necesitó.
También precisaron que en el local fueron colocados muchos juguetes, unos de peluche y otros electrónicos, que exigen concentración.
Cuando el nino los vio comenzó a jugar con ellos, según Raquel apretando los botones en una forma nerviosa.
Elián observó las fotos recogidas en un álbum que ellas le mostraron, donde aparecía, en primer lugar, la imagen de su papá y su hermanito Gianni.
Raquel comenta que el pequeno miró largamente esa foto, pero no habló. Luego observó el resto, donde aparecían sus cuartos y sus pertenencias en las casas de las abuelas.
Fue entonces cuando dijo «mira mi bicicleta», o llamó la atención sobre la mochilita que usaba cuando era menor.
Mariela y Raquel narraron paso a paso los sucesos y las reacciones del nino, quien retornaba a su recogimiento inicial luego de cada interrupción.
Consideraron como especialmente impactante para Elián el momento en que un policía exigió a Mariela que cortara la comunicación del nino con el padre por el teléfono celular, a pesar de que la posibilidad de hablar había sido pactada como una de las condiciones para el encuentro.
Ellas calculan que el nino y su padre, Juan Miguel González, no pudieron hablar más allá de un minuto.
Elián les explicó lo que hacía en la escuela en Miami y habló sobre «la mochila grande que le regaló un hombre que visita mucho la casa».
Cuando las abuelas le mostraron las fotos y los dibujos que le enviaban sus companerítos de aula en Cardenas, él dijo que iría a su escuela cuando regresara a Cuba, pero que tenía que ir a esta ahora «para no quedarse burro».
Elián les preguntó si era verdad que en Cuba había unos munequitos que llevaban su nombre y les aseguró que allí en Miami iban a hacer una película con él.
Entre los objetos que las abuelas llevaron al nino, secuestrado por parientes lejanos desde el 25 de noviembre pasado, figuran crayolas, lápices de colores, un payaso y tres libros, objetos que dudan el nino haya podido retener consigo.
Además, le entregaron los dibujos hechos por sus amiguitos, y por otros ninos, en que escribieron sus deseos de que Elián regresara pronto a su casa en la isla.
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