Los enemigos del coronel Kadafi se convirtieron en enemigos de EEUU

Adiós al Libro Verde

El polémico coronel, que tenía 27 años cuando derrocó al viejo rey Idriss el 1 de setiembre de 1969, cambió el calendario luego de llegar al poder y dio a los meses nombres diferentes para mostrar el inicio de una nueva era donde todo el poder era para las masas.

Una década después, el gobierno del presidente Jimmy Carter colocaba a Libia en la lista de Estados que auspiciaban el terrorismo.

El dirigente libio proclamó en 1977 la «Jamahiriya», que se define como un «Estado de masas» que éstas gobiernan por medio de comités populares elegidos. Teóricamente, el coronel Kadafi no desempeña ningún cargo oficial, salvo el título de «guía de la revolución».

El excéntrico coronel no se cansaba de proclamar que el Libro Verde que publicó en 1977 constituía la única solución para la humanidad. «Estamos orgullosos de presentar al mundo una vía para la salvación, que es el Libro Verde, y la tercera teoría mundial», entre el capitalismo y el socialismo, afirmaba.

En abril de 1986, aviones de guerra norteamericanos atacaron a Libia en venganza por el atentado en una discoteca de Berlín que mató a tres personas, incluyendo a dos soldados norteamericanos. El ataque norteamericano mató a docenas de personas, incluyendo a una hija adoptiva de Kadafi, de 15 meses. El coronel salió gravemente herido. Hoy Kadafi,que ya no apoya a grupos terroristas, afirma que Libia quiere abrir «una nueva era en las relaciones con Occidente».

 

Trípoli se acerca a Washington

El coronel empezó a buscar un acercamiento con EEUU hacia mediados de los años noventa, cortando lazos con grupos radicales y expulsando a sus militantes del país. La ONU le levantó las sanciones en esa década, luego de que Libia aceptó pagar compensaciones a las familias de las víctimas estadounidenses y británicas del atentado de Lockerbie en 1988 (270 muertos) y las víctimas del DC-10 francés de UTA (170 muertos en 1989).

En abril de 1999 entregó a dos libios sospechosos del atentado del Pan Am. El gobierno de Bill Clinton respondió lanzando conversaciones secretas con Trípoli.

El deshielo se aceleró en enero de 2001 con la instalación del presidente George Bush y la condena de Abdel Basset Ali Megrahi por homicidio en el caso de Lockerbie. Un tribunal escocés dijo que Megrahi había actuado «para llevar a cabo los propósitos del Servicio de Inteligencia libio», y absolvió al otro acusado.

En 2003, Libia accedió a pagar una indemnización de 2.7 billones de dólares a los familiares de las víctimas de Lockerbie. Compañías petroleras americanas, ansiosas de invertir en Libia, presionaron al gobierno de Bush para mejorar las relaciones.

Las relaciones mejoraron marcadamente después de los atentados del 11 de setiembre de 2001, que Kadafi condenó inmediatamente. En 1998, dos años antes que Washington, Libia se había convertido en el primer país en transmitir una orden de detención de Interpol contra Osama bin Laden, acusando a Al-Qaeda de haber colaborado con radicales libios en el asesinato en 1994 de dos agentes antiterroristas alemanes.

 

EEUU tiene derecho a vengarse, dijo el coronel

El presidente libio dijo que EEUU tenía el derecho de vengarse e instó a los libios a donar sangre para las víctimas americanas tras los ataques contra Nueva York y Washington. Después dijo que Libia y EEUU tenían intereses comunes en la lucha contra el extremismo.

El coronel Kadafi, que fue acusado de apoyar con dinero y armas a varios movimientos de liberación, en especial africanos, y organizaciones extremistas en el mundo, cambiaba de rumbo.

Las decisiones del líder libio de resolver los contenciosos pendientes con los grandes países occidentales y desmantelar sus programas de armas no convencionales se produjeron a los pocos meses del cambio de régimen en Irak, tras la invasión del país liderada por EEUU.

Los pasos dados por Kadafi fueron interpretados como una medida preventiva para que su régimen no corriera la misma suerte que el de Saddam Hussein. En esos momentos, a la administración estadounidense le interesaba presentar la transformación de Libia como un ejemplo de la validez de su doctrina de guerra preventiva.

 

Libia no era Irak

Sin embargo, a pesar de la influencia que la política de Washington pudiera tener, Trípoli ya venía mostrando una actitud conciliadora hacia Occidente y había realizado con anterioridad intentos de normalizar sus relaciones con EEUU y la UE, varios años antes de la llegada de George W. Bush al poder, sostuvo Ronald Bruce St John, en el Middle East Journal, al afirmar que Libia no era Irak.

En un informe de 1998, el Departamento de Estado estadounidense reconocía que «Libia no ha estado implicada en ningún acto de terrorismo internacional durante varios años».

Los servicios de inteligencia libios han facilitado a los estadounidenses y británicos abundante información sobre Al-Qaeda y otros grupos integristas del mundo islámico.

La colaboración de Libia con EEUU ha producido un giro radical en sus relaciones. La administración Bush anunció que retiraba a Libia de la lista de Estados que patrocinan el terrorismo y restablecía relaciones diplomáticas plenas con Trípoli, con el intercambio de embajadores. Cabe señalar que éste es el primer caso de un Estado que es retirado de la lista estadounidense de patrocinadores del terrorismo sin que se haya producido un cambio de régimen o dicho Estado haya dejado de existir.

Libia ha dado un giro a su política exterior durante los últimos años, apostando por estrechar lazos con Africa, en detrimento de las relaciones con el resto de países árabes, y desvinculándose en buena medida del conflicto árabe-israelí.

Trípoli se ha presentado como uno de los mayores impulsores de la Unión Africana (UA) desde su creación en julio de 2002 como heredera de la Organización para la Unidad Africana (OUA), y ha prestado su mediación en conflictos como el de Darfur, en Sudán. Asimismo, aunque Kadafi condenó la ocupación militar de Irak, su postura fue bastante más tibia de lo que se hubiese esperado de él en otros tiempos. De esta forma, el coronel pretende adquirir mayor protagonismo y mejorar su imagen exterior, presentándose como un elemento conciliador en el convulso escenario internacional, sostuvo Haizam Amirah Fernández, Investigador Principal de Mediterráneo y Mundo Árabe, Real Instituto Elcano

 

Agentes libios interrogan en Guantánamo

El gobierno de Bush ha construido discretamente una alianza de inteligencia con el presidente libio Kadafi. Trípoli ha ayudado a EEUU a perseguir a la red de Al Qaeda en África del Norte entregando a extremistas a gobiernos vecinos pro-occidentales. También ha entregado información a la CIA sobre nacionales libios con supuestos vínculos con terroristas internacionales.

A su vez, EEUU ha entregado a Trípoli a algunos opositores del coronel capturados en su campaña antiterrorista. Y los agentes de Kadafi han sido autorizados a entrar al campo de detención de Bahía Guantánamo para interrogar a libios presos en esas instalaciones.

Este acercamiento es parcialmente el resultado de una década de esfuerzos. Pero también refleja el hecho de que Libia y EEUU consideran al extremismo musulmán como un enemigo común. Incluso aunque apoyó causas radicales durante largo tiempo, Kadafi considera a los fanáticos religiosos como una amenaza para su régimen laico.

«Su colaboración ha sido genuina, aunque motivada en gran medida por la auto-preservación», dijo sobre los libios Bruce Hoffman, director de estudios de antiterrorismo y contrainsurgencia de la Rand Corp. «Hay que dar mérito a Ka
dafi por reconocer la amenaza existencial que plantea para su gobierno Bin Laden y Al-Qaeda».

 

La privatización del sector petrolero

Pero el coronel hizo otros cambios paralelos a su nueva política exterior. La privatización de la economía, en especial el sector petrolero, que constituye la base de la economía libia. Además, reformas en el sector público tras su fracaso.

«Lo primero es aumentar la productividad. Segundo, ampliar la propiedad, y tercero, introducir la competitividad, para que los libios sean competitivos dentro y fuera de su país», sostuvo el doctor Mahamud Al-Ftise, director de la Agencia de Privatización del gobierno.

Hay señales de que el gobierno tomó en serio el tema de la competitividad, y la Fundación Kadafi contrató al eminente economista de la escuela de negocios de Harvard, profesor Michael Porter, para fijar las prioridades de la reestructuración.

Kadafi recibió en 2004 la visita de varios líderes europeos -Tony Blair, Silvio Berlusconi, Gerhard Schröder y Jacques Chirac- con el propósito de intensificar las relaciones diplomáticas y, sobre todo, económicas. El propio coronel visitó Bruselas en abril de ese mismo año, en lo que supuso su reconocimiento definitivo como líder creíble, al que se le perdonaban los excesos y políticas erráticas del pasado.

Las oportunidades económicas y comerciales que hoy ofrece Libia, tras años de sanciones y con abundantes ingresos de hidrocarburos, son amplias y poseen un gran potencial lucrativo.

La economía libia depende casi exclusivamente de los hidrocarburos. La mejora de las rentas petroleras de los últimos años debido al aumento de los precios hace que Libia tenga la liquidez suficiente (según el Fondo Monetario Internacional, las reservas en divisas superarán los 56.000 millones de dólares a finales de 2006), lo que le permite aplicar una amplia gama de políticas económicas a fin de incentivar la llegada de empresas extranjeras.

La Compañía Nacional de Petróleo (NOC, en sus siglas en inglés) ingresa cerca del 95% del total de divisas que recibe el país. Libia es el segundo mayor productor de crudo de Africa, con una producción actual estimada en 1,65 millones de barriles diarios (cantidad muy por debajo de los 3,2 millones de barriles diarios que producía a principios de la década de 1970). Además, posee unas reservas comprobadas de crudo superiores a 39.000 millones de barriles, lo que equivale al 40% del total de las reservas comprobadas de África.

En la actualidad, Libia necesita atraer grandes inversiones en dicho sector, que resulta vital en una economía que por el momento no logra diversificar sus fuentes de ingresos.

De hecho, la propia supervivencia del régimen podría depender de su capacidad de producir más crudo y gas. El Gobierno espera aumentar su producción de petróleo hasta los 3 millones de barriles diarios de aquí a 2015. Para que eso ocurra, se estima que Libia debe atraer más de 30.000 millones de dólares en inversiones y tecnología moderna, con el fin de superar los efectos negativos de más de dos décadas de embargos y sanciones, sostiene el informe Economist Intelligence Unit, «Libya: Country Report», de enero de 2006.

El ritmo de concesión de licencias de exploración y producción se ha acelerado en los dos últimos años, al mismo tiempo que crecía la competencia entre las empresas petroleras internacionales para obtener las concesiones ofrecidas por la NOC.

Las últimas subastas de licencias se han realizado de forma transparente y en ellas se han otorgado derechos de exploración y producción a petroleras estadounidenses (ExxonMobil, ChevronTexaco y las empresas del Oasis Group) y de otras nacionalidades, principalmente europeas y asiáticas, revelan los reportes económicos de organismos internacionales.

Con anterioridad, las autoridades libias ya habían mostrado su interés en el retorno de las petroleras estadounidenses, que tuvieron una presencia importante en el país hasta que la administración de Ronald Reagan les ordenó abandonarlo en 1986, y que aún así conservaban sus concesiones en territorio del país magrebí.

Podría parecer que Libia está viviendo una nueva revolución. La pregunta es si hay suficientes revolucionarios para llevarla a cabo hasta el final. Falta por ver si, además de desarrollar su infraestructura, Libia es capaz de adaptar la superestructura para desempeñar el nuevo papel internacional al que aspira, opinó Haizam Amirah Fernández, Investigador Principal de Mediterráneo y Mundo Árabe, Real Instituto Elcano

«Libia no es un modelo de democracia, pero lo sacamos del negocio de las armas de destrucción masiva y ya no juega ningún papel en el financiamiento del terrorismo», dijo Mark R. Parris, ex diplomático americano que ha trabajado para mejorar las relaciones con Libia a través del Corporate Council on Africa. «Están tratando de ser ciudadanos del mundo, y vale la pena experimentar para ver si lo logran. De momento, los resultados son positivos».

Pero críticos dicen que Washington está ayudando al excéntrico coronel a permanecer en el poder. «La naturaleza fundamental del gobierno libio no ha cambiado», dijo Thomas Donnelly, un especialista en seguridad nacional del American Enterprise Institute. «No deberíamos hacer la guerra contra el terrorismo para proteger a regímenes como el de Kadafi».

Más allá de las opiniones, lo cierto es que Libia ha sido rehabilitado por la comunidad internacional, pero no cabe esperar su nueva política internacional y las reformas económicas vayan acompañadas de una significativa liberalización política. *

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