Lavagna surge como la "gran esperanza blanca" contra el Presidente

Kirchner define la candidatura

Hay un diálogo de sordos entre el gobierno y los que se paran en cada islita del archipiélago de la oposición. No importa que el ministro del Interior, Alberto Fernández, en un rum rum anterior, haya salido a afirmar que la fecha comicial presidencial es inamovible; no le creen. Tampoco le creen al Presidente, que ratificó octubre de 2007 como la jornada electoral máxima. Dudan también del llamado de Néstor Kirchner a conformar un gobierno plural. «Nos quiere cooptar gente» se oye a, respecto, en el radicalismo, en el ARI, en el socialismo.

Es que el propio Fernández le dio aire a esas aprensiones cuando marcó la cancha del llamado plural: «Es sólo con los que comparten el rumbo general del gobierno», dijo con escasa fortuna argumental.

Lo real es que el Presidente ha puesto una pica en Flandes. No hay partido, casi, que sobre su crisis de arrastre que estalló en 2001 y promovió aquello «que se vayan todos», no viva o momentos de centrifugación, como en la UCR, o debates sobre si estos partidos están en la oposición o ingresan de alguna forma como un ala del universo kirchnerista.

Le está pasando con fuerza al radicalismo. Cinco gobernadores de esa tradición, están más cerca de conformar el «ala K» de los herederos de Hipólito Yrigoyen que acomodarse a la línea general partidaria, que es de oposición, cada vez menos constructiva, cada día más dura, como reflejo de las operaciones del oficialismo.

No hay sólo mandatarios provinciales dispuestos a avanzar en esa dirección. Hay legisladores nacionales, pocos aún, algo más de alcaldes exitosos y vaya a saberse cuanta militancia se suma a esa succión. ¿Qué los atrae? ¿Sólo la chequera del Presidente, que de todas manera por ahora sólo promete a los gobernadores y alcaldes realizar grandes obras promovidas desde Buenos Aires? ¿O tienen la sensación, los atraídos, que algo importante está ocurriendo y temen quedar «fuera del tren de la historia»?

Al socialismo, un partido con fuerza electoral sensible en la provincia de Santa Fe, el pasado retornó sobre su presente. En 1953, Juan Perón, logró introducir una cuña en el «viejo y glorioso partido Socialista». No le sirvió demasiado, pero exhibió el descontento en esa fuerza por la actitud cerradamente antiperonista. El PS, no por esa situación, fue una de las bases civiles de la conspiración de 1955.

Al dirigente Héctor Polino, un muy buen ex legislador, se le ofreció, primero a él, que se enteró después que este diario publicara el propósito, y más tarde por medio de un emisario oficial a la dirección partidaria, que Kirchner deseaba incorporarlo como secretario del Medio Ambiente, el asunto impulsado por la cuestión de las papeleras en Uruguay y que y colocó el tema como parte del discurso oficial, que antes ni se meneaba.

A Polino su partido le dijo que no, que ellos no comparten este criterio de adhesión al oficialismo, que si bien no son de oposición sistemática, tienen fuertes reparos con Kirchner desde la manera que encara la distribución de la riqueza hasta como respeta a las instituciones y la carta magna. Pero dentro del socialismo hay un dirigente del fuste de Hermes Binner, que puede aspirar a ser gobernador de la provincia de Santa en 2007 y supone que es mejor para ese objetivo, estar más cerca que lejos de Kirchner. Binner deslizó un aliento a Polino a aceptar el cargo, La invitación, provocó una discusión en el socialismo que ratificó como posicionarse frente al gobierno nacional. Finalmente, toda la dirección partidaria, incluso Binner, rechazó el convite y Polino, acató.

En el ARI, pese a la férrea conducción de Elisa Carrió, y de su discurso de oposición dura contra Kirchner al que acusa de «fascista», hay algo de malestar y el imán de la Rosada o, si se quiere, el curso de los acontecimientos, si se mira de otra forma, ya atrajo a un alcalde bonaerense y en el distrito porteño hay disgusto con la conducción de Carrió.

Volvamos a los radicales. A la división latente del ala «K» se le agregan otras posiciones. Una es proclive a sumarse a la candidatura de Carrió, ya lanzada por su reciente Congreso partidario. Otra supone que debe recuperar como uno de sus cuadros, al líder de Recrear, Ricardo López Murphy, que tiene, de todas maneras, una alianza con Compromiso para el Cambio que dirige el empresario Mauricio Macri, probable candidato presidencial del centro-derecha, aunque no se descarta que finalmente pelee por el distrito porteño donde tiene una más que buena base electoral. Los dos dieron nacimiento al PRO.

El ex presidente Raúl Alfonsín quiere otra cosa: ser el soporte, junto al ala de Eduardo Duhalde del peronismo, de la candidatura del ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, de pronto convertido en la «gran esperanza blanca» para aquellos que quieren frenar a Kirchner, pero también de un sector del empresariado que, aunque hace buenos negocios actualmente, nunca le tuvo confianza, ni se la tiene ahora, al Presidente. Alfonsín pretende sumar a esa entente, al socialismo que la acaba de rechazar de plano.

Además, la secretaria del Comité Nacional, Margarita Stolbizer, prefiere que se estructure una coalición con el socialismo, con espacios del progresismo que no gusta de Kirchner y con la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) sacudida, además por como avanzar juntos entre amigos del gobierno y quienes no lo aman.

Roberto Lavagna fue virtualmente apartado del gobierno después de la victoria electoral que el Presidente logró en las legislativas de octubre . Digamos que el exitoso ex ministro preparó el camino para su alejamiento cuando dio definiciones sobre corrupción en el área de las obras públicas, fustigó el «capitalismo de amigos » o, como ahora, pilotea la oposición al ingreso de la Venezuela de Chávez al Mercosur.

No está solo en ese objetivo: el canciller Jorge Taiana oyó en Santiago en la voz de Michelle Bachelet , sobre la necesidad de recrear la idea del ABC (Argentina, Brasil, Chile) como eje de la integración que dejara fuera a Venezuela que está más dentro que fuera del Mercosur. Es un dato a tener en cuenta. Pero Taina ratificó en Caracas su satisfacción por el reciente consenso logrado para el texto del Protocolo de Adhesión de Venezuela al Mercosur y abordó con su par venezolano los temas de la región, entre ellos el de la interconexión gasífera sudamericana, un asunto clave. Hace cerca de dos meses, Alfonsín le pidió a Lavagna que sea pretendiente, pero entonces el ex ministro, no le dio muchas esperanzas. La vaguedad permitió especular que Lavagna no quería dejar el espacio del oficialismo. En la Rosada o aledaños, lo mismo da, se pensaba que conque Lavagna podría intentarse ganar el díscolo distrito porteño donde al año pasado el kirchnerismo solo alcanzó un tercer lugar.

Una semana atrás, el ministro aprovechó (o pidió) un reportaje al opositor dominical «Perfil», que días atrás denunció discriminación gubernamental en el reparto de los avisos oficiales. Fue para lanzar un virtual manifiesto de diferenciación con Kirchner y con la intención de poner un termómetro para medir el eco de su potencial candidatura.

No solamente en el gobierno salieron a pegarle y a recordarle que dejó serios problemas, como la incipiente inflación, cuando debió irse a su casa en noviembre, sino también lo fustigan Carrió y Macri. Los dos coinciden: es «una interna». Del oficialismo.

Se comprende. Lavagna puede sustraerle votos a los dos, que tienen pretensiones presidenciables; es dudoso, ahora, que el ex ministro le muerda electorado voluminoso a Kirchner, ni siquiera con el respaldo activo de Duhalde y Alfonsín. Depende mucho como marchen las cosas, sobre todo en economía. El
Presidente logra poner en caja a la inflación, el PBI sigue creciendo, baja de a poco la desocupación.

Hay quien supone que podrían llegar turbulencias financieras, en el comercio exterior y un parate de las magras inversiones extranjeras, como impacto de la situación en los EEUU. No cree en ello López Murphy; a lo sumo, sostiene, la situación pasaría de lo «excepcional» ahora a buena o muy buena.

La dureza con que se enfrenta Kirchner a Lavagna, aunque lo haga por medio de sus vicarios, ¿no le dio, de hecho aire a esa candidatura, que solo importaba a un núcleo cerrado de personas? ¿Fue adrede o esos raptos sanguíneos del Presidente, potenció lo que hasta hace poco, era solo un amague del ex ministro?

Lo real es que Kirchner que no definía si sería él o su esposa Cristina Fernández, quien pilotee a su universo en los comicios del año que viene, acaba de decir que el próximo presidente será un pingüino o pingüina. Por primera vez, Kirchner se acercó al tema con declaraciones públicas.

Las mediciones por ahora lo ponen a Lavagna muy lejos del Presidente y por debajo de Carrió y Macri, también con módicos porcentajes de adhesión. Es temprano aún para sacar conclusiones de ello.

Una reflexión. En los 80 y más tarde, el socialismo francés, sea con François Mitterrand o L. Jospín, hicieron gobiernos de «izquierda plural» acordando con partidos, el comunista entre ellos, y permitiéndole libertad de acción cuando hubo elecciones. No es el ejemplo que seduzca a Kirchner. Él repite lo que hizo Perón en 1945 y en otros momentos, donde él era el Sol y, el resto, sus satélites.

Queda el argumento que el estado actual de debilidad de los partidos, incluido el justicialista, hace imposible el acuerdo con ellos. Es débil, aunque tenga algo de cierto. Más atractivo sería aceptar que Kirchner está protagonizando un momento de cambios, en una situación sudamericana compleja y que bien vale la pena sumarse a la gesta, sobre todo si se trata de crear un espacio con Brasil, de resistencia al Imperio.

Un argumento adicional a esta discusión viene por el lado de los «peligros» que acecharían a las instituciones democráticas esta resistencia sorda a veces, abierta en otras, que hace impacto sobre las FFAA en materia de derechos humanos, particularmente en tiempos que se vienen los juicios en masa a represores de los tiempos del terror y que por primera vez avanza una profunda reforma para las FFAA.

Perspectivas de golpe no están a la vista. Pero los ultras ya han hecho impacto en discurso de personas que nunca se les hubiera ocurrido clamar por la «reconciliación», como lo hizo Carrió al criticar el discurso del Presidente, el Día del Ejército.

Por eso de la oposición sistemática, el árbol no permite ver al bosque. *

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