ANALISIS INTERNACIONAL

Haditha y otras masacres en Irak y Afganistán

El pasado 23 de marzo publiqué un artículo titulado «La masacre de Haditha, a orillas del Eufrates», reproducido en varios lugares y que comenzaba diciendo que «el pueblito de Haditha ha quedado incorporado a la lista de las matanzas perpetradas por las tropas de ocupación yankis en Irak, junto a la ciudad de Faluya arrasada con fósforo vivo o la de Samarra, en el norte, víctima de la Operación Enjambre». Agregaba que «quedará como un símbolo al igual que Lídice en Checoslovaquia y Oradour-sur-Glane en Francia, borradas del mapa por los nazis». El tema resurge ahora con intensidad.

 

El relato de una niña

Haditha es comparada con My Lai, el poblado vietnamita borrado del mapa por los yankis, que asesinaron a sangre fría a todos sus pobladores, un hecho revivido con todo su dramatismo en «Pelotón» de Oliver Stone.

La masacre de Haditha se produjo el 19 de noviembre de 2005. Un comunicado del ejército USA del día siguiente decía que las muertes (15 personas, entre ellos 7 mujeres y 3 niños, pero en realidad alcanzaron el número de 24, entre ellas familias enteras) se habían producido en un enfrentamiento con fuego cruzado entre resistentes dotados de fusiles de asalto AK-47 Kalachnikov y una compañía del 3er. Batallón de 1ª División de marines, que esa madrugada había sufrido un atentado con una bomba artesanal colocada al borde de la ruta que mató al cabo Miguel Terrazas (latino, para variar). Pero el 20 de marzo la revista Time hizo trizas la versión oficial, mostrando que se trató de una venganza ejecutada por los marines en tres hogares, donde había gente pacífica y rezando y los masacraron a sangre fría, sin que se hubiera generado la menor acción de resistencia. La versión fue proporcionada por una niña de 9 años, Iman Waleed, que aterrorizada se cubrió con almohadones junto a su hermanito de 8 años Abdul Arman, siendo los únicos sobrevivientes. El corresponsal de Le Monde en New York escribió que allí se expresó «la venganza ciega de una unidad que, tras la muerte de uno de sus hombres, irrumpió en las viviendas iraquíes para matar a sus ocupantes indiscriminadamente».

Esto es lo que ahora se acaba de verificar en todos sus extremos. Primero se trató de ocultar los hechos y de sobornar a los sobrevivientes. «La impresión de que los marines y el Pentágono intentaron evitar el escándalo se alimentó con la falta de investigaciones serias sobre el incidente y una compensación de 2.500 dólares por cada muerto a las familias afectadas», escribe Jim Lobe desde Washington. El representante demócrata John Murtha, ex oficial de marines que vimos en la pantalla, calificó a los sucesos como «un asesinato que los militares intentaron encubrir».

 

También en Kabul

Pero el testimonio más patético sobre Haditha es el del cabo Ryan Briones, que también vimos por TV. Este declaró que tomó fotografías y ayudó a sacar cadáveres, que eran desde bebés hasta mujeres y adultos, y entre ellos el de una niña decapitada, lo que también fue registrado por Los Angeles Times.

Bush no tuvo más remedio que referirse a esas «muertes por error» que lo golpearon de lleno, precisamente cuando se recordaba «el día de los caídos». Prometió  seis meses y medio después  una investigación, con la que pasará lo mismo que con la de las torturas en Abu Ghraib, o sea con la impunidad absoluta de los responsables de esas bestialidades. Que, dicho sea de paso, se repitieron en las ocho cárceles secretas de la CIA en Europa y en la prisión de Guantánamo, donde los presos acaban de levantarse una vez más en huelga de hambre.

Barbaridades del mismo signo acaban de realizar las tropas de ocupación yankis en Afganistán. El lunes pasado, en lo que se catalogó como un accidente de circulación, desde vehículos blindados norteamericanos se mató a cuatro civiles afganos, lo que desencadenó una ola de demostraciones multitudinarias en que se reclamó el retiro de las tropas ocupantes (en número de 20 mil hombres) con gritos de: Muerte a USA. La represión contra los manifestantes provocó por lo menos otros 12 muertos. Los insurgentes se apoderaron de varios edificios en la noche del martes después de expulsar a las fuerzas de seguridad. Aquí también dirán que son errores o daños colaterales, como el recordado asesinato mediante un bombardeo de los asistentes a una boda, o que actuaron «en legítima defensa».

 

Más soldados a Irak

Haditha es un bastión insurgente de la provincia de Al Anbar. Precisamente allí el ejército norteamericano acaba de enviar 1.500 soldados más. Cuando el clamor, en su país y en el mundo, es de cesar la ocupación y traer a los soldados de vuelta a casa, el Pentágono aumenta los 135 mil efectivos destacados en Irak, donde las decenas de muertes diarias ya dejaron de ser noticia. *

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