Jóvenes, armados con bates de béisbol, se enfrentaron con la policía cerca de París

La violencia vuelve a Francia

Siete agentes resultaron heridos y tres personas fueron detenidas tras los enfrentamientos.

Estos se desencadenaron tras un intento de asalto por parte de los jóvenes a la residencia del alcalde de Montfermeil (al este de París), quien recientemente promulgó un «decreto antibandas» para prevenir brotes de violencia como los surgidos a finales de 2005.

Los incidentes se iniciaron cuando un grupo de jóvenes empezó a forzar la valla de entrada y a apedrear la casa del alcalde Xavier Lemoine, miembro del partido en el poder UMP (derecha), que prohibió las reuniones de más de tres jóvenes de 15 a 18 años en el centro de la localidad.

Los jóvenes, que llevaban palos y bates de béisbol según la policía, se enfrentaron durante cuatro horas con cerca de 250 agentes, que respondieron a las pedradas con más de 70 disparos de pelotas de destello.

La violencia se extendió a continuación a la vecina ciudad de Clichy-sous-Bois donde, en octubre de 2005, se electrocutaron dos jóvenes en un transformador.

Esto hizo saltar la chispa de tres semanas de violencia en desfavorecidos barrios periféricos de las grandes ciudades francesas, cuyos habitantes más jóvenes, a pesar de proceder de familias oriundas del Africa subsahariana pero haber nacido en Francia, se sienten discriminados.

El martes al alba, varias calles del barrio Bosquets, en Montfermeil, estaban tapizadas de piedras, cristales rotos y basura todavía humeante, constató una periodista de la AFP.

El ayuntamiento también fue blanco de la ira juvenil. La entrada acristalada quedó destruida y se lanzaron dos cócteles Molotov contra las ventanas, aunque no llegaron a provocar un incendio. Un edificio de los servicios técnicos fue incendiado parcialmente.

«La violencia de esta noche ha demostrado que la vida de mi familia, mi esposa y mis siete hijos, está amenazada», afirmó el alcalde.

Este último también denunció lo que definió como «actos de intimidación» y el hecho de que «algunos barrios son rehenes de un cierto número de personas».

Ante lo ocurrido, las autoridades anunciaron el despliegue durante esta noche del martes de un dispositivo policial «adecuado».

Según el entorno del responsable municipal, la violencia surgió a raíz de la detención de un joven sospechoso de haber agredido a un conductor de autobús hace 15 días y no tiene relación con el decreto «antibandas» de Lemoine.

En cambio, los concejales de la oposición de izquierdas culpabilizaron al alcalde del actual clima de tensión y explicaron que el detonante del nuevo episodio de violencia fue la violenta detención de una mujer con hijos durante un registro policial en el marco de una investigación de un robo.

A raíz del apedreamiento que sufrió su vivienda el 29 de abril tras la adopción de su decreto -suspendido a principios de mayo por la justicia-, Lemoine tuvo protección policial durante algún tiempo.

El otoño (boreal) pasado, decenas de edificios públicos y empresas y más de 9.000 vehículos fueron incendiados durante tres semanas de violencia que afectó a los barrios pobres de los extrarradios de las principales ciudades de Francia, marcados por una tasa de desempleo que llega hasta el 40%.

Tras los sucesos de noviembre, los responsables políticos señalaron en repetidas ocasiones el peligro de una nueva ola de violencia, sentimiento que comparte el 86% de los franceses, según un sondeo hecho público a finales de enero. Tras los sucesos, el gobierno anunció medidas de ayuda para los barrios periféricos y la concesión de 100 millones de euros en subvenciones para luchar contra la discriminación racial.

«El fuego de noviembre fue mal apagado. A la menor chispa puede reencenderse», resumió el diputado verde Noel Mamere. *

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