Uribe reelecto y avance histórico de la izquierda
ALVARO URIBE ganó la reelección con siete millones de votos (el 62% de los casi 12 millones de sufragios emitidos), mientras que la izquierda unida en el Polo Democrático Alternativo con la candidatura de Carlos Gaviria ocupó por primera vez el segundo lugar con dos millones y medio de votos y el 22%, una cuadruplicación de su resultado en 2002 que relega al tercer lugar al candidato liberal Horacio Serpa, con poco más de un millón y del 11% de votos. La cuantiosa abstención superó el 50%, al igual que en la anterior elección. Antanas Mockus, el folclórico ex alcalde de Bogotá, llegó apenas al 1%, y los otros candidatos (Enrique Parejo y Carlos Rincón) se situaron por debajo.
Un nuevo bipartidismo en Colombia
Uribe llegó al gobierno en 2002, encabezando una disidencia del partido liberal. Lo había antecedido en la presidencia Andrés Pastrana, conservador. Ahora, el partido liberal sufrió el mayor revolcón de su historia, y para Serpa es la tercera derrota electoral consecutiva. El mandatario reelecto lo invitó al diálogo.
De hecho se ha gestado en Colombia un nuevo bipartidismo, que reemplaza al tradicional enfrentamiento pendular entre liberales y conservadores. «El país pasó de la tradicional confrontación entre liberales y conservadores a una abierta disputa entre izquierda y derecha», señala una destacada analista.
Ex magistrado y presidente de la Corte Constitucional, así como ex senador, Carlos Gaviria proclamó al Polo Democrático como «la principal fuerza política del país» y anunció que se dedicará de lleno a su consolidación, asumiendo las tareas de oposición y renunciando por anticipado a la candidatura para la alcaldía de Bogotá el año próximo.
Destacó que en sólo cuatro años la izquierda cuadruplicó su votación, y que si logra a repetir esa actuación alcanzaría el triunfo en 2010. Apeló a una cita de Jorge Luis Borges para caracterizar la votación de la izquierda: «Esta derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece».
Para esa fecha, Uribe podría volver a presentarse, siempre que logre una nueva reforma constitucional, del mismo orden de la que arrancó con fuerte presión al Congreso para la instancia que acaba de desarrollarse. Prometió un segundo mandato basado en la continuidad de su política contra la insurgencia armada, que dio lugar a gigantescas operaciones militares en las que participaron centenares de asesores de EEUU, con escasos resultados. No mencionó el canje entre secuestrados por la guerrilla e insurgentes presos, concretamente la propuesta de las FARC de intercambio humanitario, ni forma alguna de diálogo con los rebeldes. Ratificó su decisión de poner en marcha el Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU.
La votación inédita en Colombia por los candidatos de la izquierda, Carlos Gaviria y la periodista Patricia Lara para la vicepresidencia, es un fruto precioso de la unidad que plasmó en la conformación del Polo Democrático Alternativo.
Esta ya se había visto en acción en las elecciones legislativas del pasado 12 de marzo, en que alcanzó más de un millón de votos y el 15% de la votación total, lo que fue considerado como «un punto de partida muy positivo» que no habrían podido alcanzar las distintas fuerzas políticas por separado.
De esta forma se consolidó una fuerza importante en Bogotá que se amplió a escala nacional (Cali, Medellín, Barranquilla, Antioquia, Nariño). Un balance del PCC destacaba que esos resultados auspiciosos eran «el efecto de la unidad, sentimiento profundo en amplios sectores de la izquierda y el movimiento popular, que refleja la tendencia que se manifiesta en América Latina frente al desastre del modelo neoliberal y la exigencia popular de encontrar una alternativa política». Se agregaba que estos logros eran «el resultado de la unión pero también del atractivo de la lucha en una perspectiva que va más allá de lo electoral» (ver mi nota del día 27, «Las elecciones colombianas»).
Respecto al campo gubernamental, Serpa declaró que «Uribe es prisionero de una alambrada de alianzas», en las que incluyó a los paramilitares. Cabe recordar que como gobernador de Antioquia (1995-97) el actual presidente auspició la formación de los grupos que se transformaron en las AUC, y que su actual gobierno los legalizó en la práctica, con la fachada del desarme de algunos grupos.
En el documento arriba mencionado se destacaba también que «se acentúa la crisis del bipartidismo», el cual en los hechos ha asumido una nueva forma, con distintos integrantes enfrentados y un cambio en la correlación de fuerzas políticas. En síntesis, este proceso en ascenso ha gestado en dos meses y medio un cambio cualitativo en el panorama político colombiano. *
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