Fuertes discursos del Presidente y el general Bendini ante cierta agitación militar

"No queremos un Ejército que mató a sus hermanos"

«No queremos el Ejército de los que mataron a sus hermanos», tronó el primer mandatario quien afirmó además que «no tengo miedo, no les tengo miedo» a amenazas que fueron proferidas el 24 pasado en un acto de reivindicación de la «lucha contra la subversión» promovida por oficiales en situación de retiro pero que contó al menos con una decena de oficiales en actividad que concurrieron al mitin de uniforme.

Los que ya fueron identificados, han sido arrestados y posiblemente sean no sólo retirados de la fuerza sino que se le inicien acciones penales por reivindicación del terrorismo de Estado que es lo mismo que hacer apología del delito.

Antes ya había advertido Kirchner que rayaban la apología del delito dos hechos particulares: las denuncias por espionaje en una base de la Armada en Trelew y el acto en la Plaza San Martín de la semana pasada.

La intervención de Kirchner en el acto en el Colegio Militar tuvo la impronta de los derechos humanos. El Presidente dijo que quiere una fuerza que se identifique con «(José de) San Martín, (Manuel) Belgrano, (Enrique) Mosconi y (Manuel) Savio» y no con «(Jorge) Videla, (Leopoldo) Galtieri, (Roberto) Viola y (Reynaldo) Bignone» porque «necesitamos soldados comprometidos con el destino de la Patria».

Los cuatro militares descalificados fueron protagonistas del mando militar en esos años del terror. Viola y Galtieri han muerto y los dos restantes, están detenidos aguardando el proceso oral, que es una de las razones de cierta agitación de la derecha.

Kirchner anticipó una reforma militar de la que no dio detalles, pero que sería la reglamentación de una ley en la materia aprobada durante la gestión de Raúl Alfonsín, donde se privilegia las funciones del Estado Mayor Conjunto, por sobre los jefes de cada arma.

Previo a Kirchner el jefe del Ejército, Roberto Bendini, había anticipado en sus líneas más duras el discurso del Presidente. Sostuvo que no va a aceptar «actos o acciones que afecten a la disciplina». Y también aseguró que el que no comulgue con los principios de «respeto a las instituciones y a la dignidad de las personas» deberá «irse de la fuerza».

«Estamos en el Ejército por nuestra voluntad, quien no está dispuesto a respetar las normas establecidas deberá abandonar la fuerza», planteó Bendini al hablar ante las formaciones en el predio militar.

 

Doctrina militar diferenciada del Pentágono

Tanto el Presidente como el militar pusieron el acento en la participación de las FFAA en el proceso de reconstrucción de la economía con acento en la producción para la defensa de origen nacional, estatal o privado. Más explícito en esta materia fue el general Bendini al colocar en la mejor tradición de la fuerza las figuras claves del nacionalismo militar así como defender conceptos doctrinales que se oponen a los que promueve el Pentágono.

Por caso, Bendini llamó a defender los recursos naturales estratégicos así como el uso de un uniforme, verde olivo, que mantenga la identidad del argentino frente a la globalización.

Que nuevamente en el acto máximo de Ejército el tema de la defensa de los derechos humanos, la crítica sin tapujos al terrorismo de Estado o que deban reiterarse que la doctrina militar actual nada tiene que ver, aunque no se la haya designado taxativamente, con la doctrina de la Seguridad Nacional, revela que no se trata de una tarea acabada la de colocar plenamente a las FFAA subordinadas a la Constitución Nacional.

La reivindicación a lo actuado «en la lucha contra la subversión» no es sólo una consigna de uniformados jubilados sino que tiene alguna penetración, que es difícil mensurar, en los cuadros activos, sobre todos en sectores jóvenes que ni habían nacido cuando las FFAA tomaron el poder en 1976.

En ese acto de marras se reivindicó a los militares presos por la represión ilegal; hubo críticas al gobierno por su interpretación de la violencia de los 70, y agresiones a algunos periodistas e insultos de un sector del público contra el jefe de la fuerza, el teniente general Bendini, al que se llamó «traidor» y «lacayo».

Ayer mismo en Campo de Mayo, la esposa de un mayor sancionado por hechos como los narrados, intentó interrumpir al Presidente cuando condenaba el terror de los 70. La mujer, Celia Pando, habló en el acto reivindicador de la dictadura.

Irritó sobre manera a sectores conservadores estas semanas un nuevo prólogo al «Nunca Más», el trabajo que realizó una comisión integrada por personalidades encabezadas por el escritor Ernesto Sábato sobre la represión de los 70. El nuevo texto, que no reemplaza al original, refuta la teoría de los «dos demonios», implícita en el primer prólogo.

El otro episodio que fue recordado por el mandatario fue el descubrimiento, en marzo de este año, que en la base Almirante Zar de Chubut personal de Inteligencia de la Armada realizó tareas de espionaje sobre dirigentes sociales y de derechos humanos, funcionarios nacionales y provinciales y periodistas.

Hubo un desfile con 5.000 soldados, el sobrevuelo de aviones y helicópteros del Ejército, entre ellos el recientemente modernizado Huey II, y una exhibición de la aeronave de reconocimiento de comando remoto Lipan, así como de un vehículo fabricado en sociedad con el Ejército del Brasil, datos que apuntaron a subrayar el espacio sudamericano, con el Mercosur como base, de la doctrina militar de estos días. *

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