Análisis internacional

La "autocrítica" de Bush y Blair

DE LA CONFERENCIA de prensa conjunta efectuada por Bush y Blair en la Casa Blanca el jueves 25, se han destacado ciertas expresiones presuntamente autocríticas sobre la guerra de Irak. Pero se trata de conceptos absolutamente epidérmicos, que no rozan siquiera el fondo de la cuestión. En realidad, las declaraciones obedecían al propósito de contrarrestar la campaña que se intensifica en el mundo, y en particular en EEUU, por el retiro de las tropas de Irak. Y la respuesta de ambos gobernantes es que las tropas se mantendrán por todo el tiempo que se les ocurra, y de ninguna manera será reducido el número de efectivos militares.

 

Mantendrán las tropas de ocupación

Esta política belicista a ultranza motiva la movilización de vastos sectores en EEUU, encabezados por las madres de los soldados muertos (moms en la jerga), y ha originado una caída sin precedentes de los índices de popularidad de ambos gobernantes, que supera por poco el 30% en el caso de Bush y ha caído al 26% en relación a Blair, lo que se evidenció en la catástrofe sufrida por su partido (y por su círculo más estrecho) en las recientes elecciones municipales.

A la vez, ambos se encuentran cada vez más aislados en el plano internacional. El presidente del Consejo de Ministros Romano Prodi y su canciller Massimo D’Alema acaban de decidir el retiro de las tropas de Italia en Irak. Son tres mil hombres, involucrados en casos de torturas y castigos en la zona sureña bajo su control. Antes había hecho lo propio España, apenas accedió al gobierno Rodríguez Zapatero. De América Latina sólo queda El Salvador, por decisión del gobierno fuertemente criticada por el FMLN y amplios núcleos de opinión.

En el dueto que entonó con Bush, Blair alegó que la invasión se efectuó con apoyo de la ONU y cuenta con gran respaldo internacional. Son mentiras de grueso calibre, que se vienen reiterando desde hace tres años, lo mismo que lo referido a las armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. La invasión se impuso en violación flagrante de la ley internacional y contra la resolución expresa de la ONU, en el cónclave tripartito de las Azores junto con el defenestrado Aznar. La coalición que se armó luego para marcar el paso a las órdenes de los mandos militares yankis, se ha desflecado totalmente. Lo que hoy queda, esencialmente, son los 132 mil hombres del ejército norteamericano y los ocho mil de Gran Bretaña.

Y esas tropas seguirán por tiempo indefinido y sin reducción alguna. Todo el tiempo que indiquen los comandantes, dijo Bush. O hasta que el nuevo gobierno iraquí pueda hacerse cargo de la seguridad. Pero esto se encuentra cada vez más lejos

 

Los torturadores

Los muertos en Irak suman decenas cada día. Las acciones de resistencia y los atentados se multiplican. Y el nuevo gobierno iraquí es una entelequia. Varios meses después de elecciones contestadas y fraudulentas, no hay ministro del Interior, ni de Defensa, ni responsable de Seguridad. O sea que no existe el tal gobierno. El poder real son los comandantes militares y la embajada norteamericana emplazada en la Zona Verde, que aún supermilitarizada no deja de ser blanco de los ataques.

Bush reconoció como su mayor error las torturas en Abu Ghraib. Pero el hecho es que esas torturas se practicaron durante años y que el gobierno de EEUU y el alto mando las ocultaron a plena conciencia, para admitirlas solamente años después, cuando las evidencias documentales estallaron por doquier. Y lo más importante: el Pentágono y todos los mandos militares siguieron gozando de absoluta impunidad, a pesar de que las directivas de torturar estaban dictadas por el mando superior y respondían a directivas permanentes. Se limitaron a exhibir las imágenes de una soldado degenerada, y decretaron la impunidad para todos los demás.

El mismo día de la conferencia de prensa, por presión de Bush el Senado confirmó como capo de la CIA al general Michael Hayden, cuyo mérito mayor es haber organizado en su cargo anterior el espionaje de las conversaciones telefónicas y la violación de correspondencia de millones de norteamericanos, intentando justificar en nombre de la «lucha antiterrorista» esa violación flagrante de la Constitución, que ahora queda santificada por el voto de 75 de los 100 senadores. En adelante podrá continuar su tarea sin restricciones, bajo el mando del zar John Negroponte.

 

Lenguaje de bajo fondo

Lo único que queda de la confesión de Bush es el reconocimiento de que usó un lenguaje inadecuado (en verdad, de bajo fondo o de cowboy devaluado) para insultar a los opositores a sus planes. En esto también resultó un émulo de Nixon. El resto sigue incambiado y las tropas continuarán en Irak sin plazo, como acaba de reiterarlo ante los cadetes de West Point. *

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