El balance de muertos aumenta hora a hora

Ya son 4.611 las víctimas que cobró el sismo en Indonesia

El balance de muertos continúa aumentando con el paso de las horas mientras prosigue la búsqueda desesperada de sobrevivientes entre escombros de viviendas destruidas.

La delicada carrera contrarreloj se desarrolla mientras el grueso de la ayuda humanitaria aún no fue distribuida en la zona poblada de la ciudad de Yogyakarata, enlutada por el sismo de magnitud 6,2 en la escala de Ritcher.

La prioridad de las autoridades indonesias es «evacuar a las víctimas todavía atrapadas bajo los escombros», dijo un funcionario provincial, en tanto se intenta controlar la enorme afluencia a los hospitales de miles de afectados.

Según el portavoz de Unicef John Budd hay al menos unas 20.000 personas heridas.

«Hay tres hospitales en Bantul y cinco en Yogyakarta, y todos están desbordados y sin posibilidades de atender la menor herida», declaró Budd a la AFP.

«Hay más de 4.000 hogares destruidos», estimó, además de informar que «40% de los desplazados son niños, y un 15% de ellos son menores de cinco años».

En tanto, otro funcionario de Unicef, Anton Susanto, dijo que, entre un 30% y un 40% de los heridos son niños, que sufren traumatismos craneales o fracturas de miembros.

Por su parte, la Cruz Roja Internacional evaluó en unos 200.000 los desplazados por la catástrofe.

La situación se complicó aún más anoche debido a una intensa lluvia que transformó en un lodazal las áreas de refugio donde se instalaron miles de carpas.

En las horas posteriores a la tragedia, más de 470 réplicas sísmicas hicieron temblar la región y volvieron a sembrar el terror entre los sobrevivientes, en momentos en que el gobierno indonesio y la comunidad internacional intentan responder a una catástrofe de magnitud aún desconocida.

«El ministerio indonesio de Relaciones Exteriores pidió a sus representantes en el extranjero que movilicen la asistencia humanitaria para ayudar a las víctimas», señaló un comunicado difundido por la cancillería de Indonesia.

Soldados, equipos de rescate y voluntarios escarbaban entre los escombros en Yogyakarta y Bantul, las dos ciudades más afectadas por el terremoto.

Muchos cadáveres comenzaban a ser enterrados por sus familiares, en tumbas sencillas, con ceremonias simples en las que sólo se leen unos cuantos versículos del Corán, el texto sagrado para la mayor parte de las familias de Indonesia, país musulmán más poblado del mundo.

Mientras vastas zonas de la región continuaban sin electricidad, el gobierno intentaba reparar la pista del aeropuerto de Yogyakarta para permitir la llegada de asistencia internacional.

La comunidad internacional se movilizó en favor de los damnificados y ofreció su ayuda. Así lo hicieron, entre otros países, China, Estados Unidos, Pakistán, Canadá, Gran Bretaña y Francia.

Malasia, Singapur, Turquía y Noruega enviaron equipos médicos de emergencia, mientras importantes personalidades como el secretario general de la ONU, Kofi Annan, y el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, declararon públicamente su pesar por lo sucedido.

Asimismo, las autoridades indonesias informaron que el templo de Prambanan, uno de los sitios históricos de la cultura hinduista en Java, sufrió daños por el sismo. Importantes bloques de piedra esculpida, especialmente de las columnas, se desprendieron y cayeron, constató un fotógrafo de la AFP. *

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