Más de 3.000 muertos en Indonesia
Esta catástrofe es la peor que vive el archipiélago indonesio desde el tsunami del 26 de diciembre de 2004, que dejó 168.000 muertos en Sumatra.
El sismo fue registrado en el sur de la gran ciudad universitaria de Yogyakarta, una región densamente habitada, a poca distancia del volcán Merapi, que actualmente está en actividad.
El corazón de Java es también una zona turística conocida por su palacio del sultán, sus templos hinduistas de Prambanan y el templo budista de Borobudur, el más grande del mundo.
Una investigadora francesa que se encontraba en Yogyakarta contó a la AFP que había oído «un gran rugido» seguido por escenas de pánico provocadas por el temor a un nuevo tsunami y a la erupción del Merapi.
«La casa tembló, daba la sensación de que los muros se movían como si fuesen de cartón. Duró unos 10 segundos. Cuando salimos vimos encima del volcán una erupción más importante que las anteriores», declaró Pauline Texier, de 24 años.
«La gente gritaba ‘¡tsunami tsunami!’ y corrían descalzos, (huían) en bicicleta, moto, en ‘becak’ (bicitaxi). El pánico duró entre media hora y tres cuartos de hora», agregó.
El terremoto se produjo a las 05H53 (22H53 GMT) y su epicentro fue localizado a 37,6 km al sur de Yogyakarta, indicó la Agencia de Sismología.
El balance de 3.000 muertos amenaza con agravarse en la noche del sábado al domingo pues los heridos esperaban varias horas antes de ser atendidos en los desbordados centros hospitalarios.
Centenares de personas con fracturas y contusiones yacían incluso sobre el piso de los hospitales.
Los cadáveres eran envueltos en un simple trozo de tela y alineados en morgues improvisadas.
La Cruz Roja internacional evalúa en 200.000 el número de damnificados desplazados como consecuencia de esta catástrofe.
La necesidad más acuciante era la obtención de plasma para transfusiones.
Más de 4.000 viviendas han quedado total o parcialmente destruidas, sobre todo en el distrito de Bantul (sur de Yogyarkarta).
La sala de espera del aeropuerto de Yogyakarta ha quedado destruida, provocando al cierre del aeródromo.
Las comunicaciones telefónicas han quedado cortadas o están perturbadas, así como el suministro eléctrico, según el jefe de la policía de Yogyakarta, Ari Purnomo.
En el océano Indico, a una treintena de kilómetros al sur de Yogyakarta, centenares de familias huyeron al propagarse los rumores de un nuevo tsunami.
El presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, visitó la zona afectada. «La primera prioridad es salvar vidas, cuidar a los heridos», dijo.
Reacciones de solidaridad con Indonesia han llegado de todo el mundo. Más de una decena de países han propuesto ayuda, entre ellos Gran Bretaña, Francia, Rusia, Grecia o la República Checa.
Equipos especializados de Naciones Unidas están preparados para colaborar en las labores humanitarias, anunció el secretario general de la ONU, Kofi Annan.
El papa Benedicto XVI ha transmitido su pésame a los afectados, al igual que el presidente chino, Hu Jintao.
Japón y Noruega han anunciado el envío de equipos médicos, mientras que Italia ha prometido un avión con ayuda de emergencia. *
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