El mayor enfrentamiento entre palestinos en toda su historia

La batalla entre el islamismo de Hamas y el nacionalismo de Fatah

La puja interpalestina es compleja. Facciones armadas, violencia, un creciente fundamentalismo, crisis económica y falta de liderazgo caracterizan la sociedad palestina, sin olvidar también las traumáticas relaciones con Israel. Los seguidores del presidente Mahmud Abas reconocen a Israel, los acuerdos de paz firmados y son partidarios de continuar con las negociaciones con los israelíes. Los partidarios del primer ministro Ismail Haniyeh no reconocen a Israel, ni los acuerdos de paz signados por la Autoridad Nacional Palestina y siguen en armas contra el Estado judío.

Fatah y Hamas intentan un diálogo nacional con el que se espera poner fin a la violencia entre facciones y buscar soluciones a la penuria económica. Este proceso es considerado por los responsables políticos como una de las últimas oportunidades para evitar que la violencia continúe y para impulsar la independencia palestina. Todo parece indicar que un Estado palestino aún es un sueño lejano. Más allá de algunos acuerdos que ya se rompieron, como el retiro  no el desarme- de 4.000 hombres en armas del fundamentalista Hamas de las calles, el conflicto continúa. Veinticuatro horas después, los paramilitares islamistas volvieron a recorrer las calles armados tirando por la borda el pacto con Fatah.

Si no logran un acuerdo global y nacional, el presidente Abas convocará a un referéndum nacional. «Si no logran ponerse de acuerdo en el plazo de 10 días, yo presentaré un documento a referéndum en 40 días», anunció Abas, el hombre de Fatah. «En el plazo de 40 días, preguntaré al pueblo».

«Es necesario que el diálogo nacional salga bien. El gobierno está comprometido con encontrar un acuerdo con todas las facciones», aseguró por su parte el primer ministro palestino Haniyeh, el jefe de los fundamentalistas islámicos.

El documento que sería presentado a referéndum si las facciones no se ponen de acuerdo, incluiría, entre otros, los siguientes puntos: el retorno de los refugiados a sus hogares (Israel lo rechaza, alegando que los que quieran volver, deberán hacerlo al Estado palestino, no a lo que es hoy el Estado judío), la incorporación de Hamas y la Yihad Islámica a la OLP, la consolidación de la Autoridad Palestina como base del Estado y la renuncia del uso de la violencia en disputas internas palestinas. También sugiere limitar la «resistencia» a los territorios ocupados -es decir, el fin de los atentados en Israel-, la formación de un gobierno de unidad nacional y la creación de un Estado palestino en los territorios ocupados por Israel en 1967, lo que constituiría un reconocimiento implícito del Estado hebreo, posibilidad rechazada hasta ahora por el radical Hamas.

Este plebiscito constituye una propuesta audaz para salir del actual bloqueo político e intenta sacar a la Autoridad Palestina del aislamiento internacional en el que vive. El problema es que si la iniciativa de Abas provoca la caída del gobierno de Hamas, la alternativa no es otra vez Fatah en el gobierno: sino una anarquía a lo Somalia, sostiene Esther Pan, miembro del Consejo para las Relaciones Exteriores de Estados Unidos.

 

La comunidad internacional espera moderación

Para Barry Rubin, director del Global Research in International Affairs Center y editor de la publicación Middle East Review of International Affairs, una guerra civil en los términos clásicos no se desencadenaría. Al Fatah no debería seguir compitiendo con Hamas en el terreno de la radicalización, apunta Barry Rubin en The Jerusalem Post al analizar la actual crisis. El grupo que respalda al presidente Mahmud Abas debe ofrecer una estrategia moderada susceptible de recibir el apoyo de la comunidad internacional, opinó.

Sin embargo, en opinión del analista israelí Ehud Yaari existe por primera en la escena política palestina una posibilidad real de que estalle un violento conflicto mayor entre Hamas y sus aliados en el gobierno, por un lado, y el movimiento Al Fatah liderado por Abu Mazen y su aparato de seguridad (las Brigadas de mártires de Al Aqsa) por el otro. Nadie puede saber si la tensión avanzará, pero Yaari piensa que el tema de la confrontación está en el orden del día palestino. Y también de Israel.

En Washington, hablando ante el Congreso estadounidense, el premier israelí Ehud Olmert declaró que prefiere negociaciones con los palestinos, pero que si llega a la conclusión de que «no hay con quién hablar», Israel decidirá «solo» -en forma unilateral- sus fronteras. Una opción que es rechazada por los palestinos.

Mohammed Yaghi, experto y analista político palestino y columnista del diario Al- Ayyam, cree que el aislamiento internacional de Hamas ha ocasionado una polarización en la sociedad palestina, ha incrementado la rivalidad entre el grupo radical gobernante y Al Fatah y ha aumentado los riesgos de una guerra civil en Palestina. Ante este escenario, Hamas podría retomar la lucha armada contra Israel y renunciar al gobierno dada sus imposibilidades políticas y económicas.

«Claramente, hay un peligro de enfrentamientos generalizados entre Hamas y el Fatah», estimó Nicolas Pelham, investigador del International Crisis Group (ICG), agregando que existe una intensa lucha de poder para controlar los servicios de seguridad. «Hamas está reforzando su rama armada (las Brigadas Al Qassam). Fatah parece también reunir sus propias fuerzas, en detrimento de la Autoridad Palestina», agregó.

 

«Cuanto peor, mejor»

Yossi Alpher, que fue director de Jaffee Center for Strategic Studies de Tel Aviv y ha sido consejero del ex primer ministro laborista Ehud Barak, sostiene que la situación económica y de seguridad que se vive en Gaza y Cisjordania hace temer un posible colapso total de la Autoridad Palestina y afirma que existen quienes apoyan, en este sentido, el lema leninista «cuanto peor, mejor». Alpher opina que Israel y los principales actores de la comunidad internacional no desean un colapso absoluto de la Autoridad Palestina, sino un colapso parcial que obligue a Hamas a moderar sus posiciones, renunciar a la violencia y reconocer la existencia del Estado de Israel. Por esta razón, debe trabajarse para evitar la desmembración de la Autoridad Palestina, apunta, a la espera de encontrar una solución mejor, dijo el también co-editor de Bitterlemons.org, una web partidaria del diálogo en Medio Oriente.

La violencia actual tiene su origen en un combate más amplio que ha opuesto, durante cerca de cincuenta años, a una corriente nacionalista panárabe, lanzada por el egipcio Jamal Abdel Nasser, y un movimiento islamista, dominado en sus inicios por los Hermanos Musulmanes egipcios.

En los territorios palestinos, la batalla se inicia a principios de los años 80, en las universidades, entre miembros de los Hermanos Musulmanes, que a finales de 1987 crean Hamas, y los nacionalistas de Fatah, fundado por el desaparecido histórico, Arafat.

«Todos los que, al igual que yo, siempre advirtieron acerca de la creación de un Estado palestino, subrayando que sería un desastre, pueden ahora constatar con razón: se lo habíamos dicho», declaró el politólogo Raphael Israeli, de la Universidad Hebrea de Jerusalén al analizar el actual punto de inflexión. «Los palestinos carecen simplemente de la madurez suficiente para tener un Estado, agregó. Les das un Estado, y mire lo que hacen», dijo drásticamente el catedrático israelí. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje