El millonario Hariri triunfó en el Líbano

Beirut, ANSA

El triunfo del millonario y ex premier Rafic Hariri en las elecciones parlamentarias que concluyeron el domingo en Líbano refleja el malestar popular por la grave situación económica del país durante la administración de Salim Hoss.

Pero también fue una reacción contra la campaña difamatoria y sin precedentes para descalificar la imagen de Harari desplegada en la televisión estatal.

El magnate de la construcción, sunnita, recurrió a nuevas alianzas con influyentes personalidades políticas como el ex señor druso de la guerra Walid Jumblat, para asegurarse la victoria.

Hariri, que estuvo en el poder desde 1992 a 1998, prometió estimular nuevamente «el crecimiento y la prosperidad» del Líbano durante la campaña electoral, en la cual gastó sumas siderales.

Tales promesas sonaron como música celestial en los oídos de los libaneses, quienes se lamentan por las crecientes dificultades sociales y económicas.

Pero pocos de ellos parecen recordar la política de Hariri en los seis años en que fue jefe del gobierno, antes de ser destituido hace dos años por el presidente Emile Lahoud.

El ex premier fue efectivamente el «cerebro» del proyecto de reconstrucción del país, destruido durante 15 años de guerra civil (1975-1990) pero, entre inversiones para la reconstrucción del país y otros gastos, la deuda pública del Líbano superó los 20.000 millones de dólares. Salim Hoss, que asumió el poder a fines de 1998 con la intención de recortar los gastos, no logró este objetivo y, por el contrario, arrastró al país a la recesión.

El año pasado el crecimiento económico del Líbano fue negativo y este año está previsto llegar a cero punto.

De acuerdo a la Constitución, Lahoud debe consultar con el nuevo Parlamento antes de nombrar al premier.

A pesar de que Hariri obtuvo la mayoría de los diputados, necesita, de todos modos, la aprobación de Lahoud y de Siria, el «gran hermano» del Líbano, antes de volver al cargo de premier.

Pero el empresario devenido político es muy bien visto en Damasco donde, después de la muerte de Hafez el-Assad, acaba de dar una mano al hijo Bashar creando un grupo de sociedades sauditas (evaluadas en 100 millones de dólares) destinadas a realizar importantes inversiones en Siria.

Por otra parte Siria, que mantiene apostados 35.000 soldados en Líbano, indujo al movimiento fundamentalista islámico filo-iraní Hezbolá (cuya guerrilla puso fin el pasado 24 de mayo a 22 años de ocupación israelí del sur libanés) a aliarse con el grupo filo-sirio Amal, liderado por el presidente del Parlamento Nabih Berri. De este modo y haciendo un esfuerzo, el líder de Hezbolá, jeque Hassan Nasrallah, prefirió perder algún diputado antes que correr el peligro de un enfrentamiento armado con Amal.

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