El candidato republicano a la presidencia de EEUU

Bush Jr. rompería el récord de ignorancia

Reina Hernández – La Habana, PL

En aquella ocasión, Quayle, segundo de George Bush (padre), tuvo a bien enmendar lo que él creía un error en la palabra potato (papa), bien escrita, por cierto, y terminó tímidamente emplazado por el supuesto autor de la burrada, un niño de seis años, a dejar el vocablo tal como lo encontró en el pizarrón.

A más de una década de la anécdota, el primogénito del ex jefe de Quayle insiste en desmentir el tiempo, al restarle cuatro de los ocho años que el presidente William Clinton lleva al frente del ejecutivo.

Atribuido a un supuesto cansancio mental, el aparente lapsus mentis podría arrojar más luz sobre las características de Bush que las decenas de reseñas biográficas que le han dedicado.

Todos sus biógrafos coinciden en que el gobernador de Texas sobresalió en la escuela por su mediocridad y solamente su petrolero apellido le abrió las puertas de la universidad. Las implicaciones de su errata van más allá de las justificaciones de sus asistentes.

Si Clinton hubiese sido electo por primera vez en el 96, tal como sugirió Bush, entonces su padre hubiera estado 16 y no los 12 años que estuvo radicado en Washington, primero como vicepresidente y luego como mandatario.

Pero la confusión no es solamente histórica. Recientemente, uno de sus consejeros debió traducir a la prensa lo que quiso decir el candidato republicano, cuando habló de su proyectado recorte arancelario de mil billones 600 mil millones de dólares, que en opinión de su rival demócrata, el vicepresidente Albert Gore, dejará al país sin dinero para los programas sociales.

«Tengo que buscar la manera de hacerles entender», rogó Bush, «de que con una base inicial de mil billones 900 mil millones de dólares durante los próximos 10 años, los presupuestos aumentarán en tres billones 300 mil millones de dólares y aún nos quedaría un superávit de dos billones 300 mil millones de dólares».

Otra vez los reporteros se volvieron hacia su asistente en espera de la traducción.

Karen Hughes, la relacionista pública del texano, debió ser más clara: «los tres billones 300 mil millones de dólares es la cifra en que se espera aumente el presupuesto federal durante la próxima década, sin incluir los nuevos programas de asistencia, para hacerle frente a la inflación y al crecimiento demográfico». No en balde los sondeos, tan favorables a Bush al inicio de la campaña electoral, palidecieron tras cinco meses de liderazgo en las encuestas.

Sus más cercanos colaboradores y defensores llegaron a aconsejarle al gobernador que se aparte de los detalles que sobrepasan su raciocinio y se suscriba al guión que otros más aventajados le escriben.

Edwin Dorn, decano de la Escuela de Relaciones Públicas Lyndon B. Johnson de la Universidad de Texas, dijo que el reto sera mantenerlo fuera del alcance de los embrollos.

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